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Los rituales secretos del Hermano Simón, el santo apócrifo

Cuyultitán, en La Paz, es uno de los municipios en los que es más venerado este santo popular.

David Ernesto Pérez/ Zaída Romero
Foto D1/David Ernesto Pérez
Foto D1/David Ernesto Pérez

Fue a mediados de 2020, en plena cuarentena. El hermano Will Torres estaba en el templo en sus faenas rutinarias. En la entrada vio estacionarse un pick-up blanco en cuya cama había una silla de plástico y sentada en ella una mujer joven amarrada de pies y manos. Con gestos de las manos los hombres que la custodiaban le pidieron acercarse. Llegó y les pidió que la soltaran. Se negaron porque les había costado amarrarla. ¡Fue casi imposible para ocho hombres! Insistió pero solo aceptaron soltarla de las manos. Se acercó despacio. Se vieron mutuamente a los ojos.

— ¿Querés ser sanada? —contó Will Torres que le preguntó a la mujer.

— Sí.

— ¿De verdad?

— Sí.

Dio un paso para subirse a la cama del vehículo pero ella, atada de los pies a la silla, saltó por los aires encima de todos.

“Lo negativo se disgustó al sentir mi fuerza”, recordó Torres.

Entre todos volvieron a sujetarla y la llevaron a la fuerza al templo. Él oró. Ella se retorcía, se revolcaba en el piso. La sostuvo y siguió hasta que el ser negativo que la había poseído terminó debilitado. Con las hierbas de las que disponía en ese momento le hizo una limpia. Después llevó las hojas al patio y las quemó. Brotaba mucho humo, mucho humo, según su narración.

“El fuego es liberación”, dijo.

La víctima había recibido un daño de amor. Pero se recuperó por completo.

El hermano Will Torres regenta el templo Fe en la Paz dedicado a San Simón o hermano Simón, ubicado en el centro de Cuyultitán, en La Paz.

Torres es hijo adoptivo del fallecido hermano René Escalante.

El historiador Antonio García Espada, en el artículo Los cumpleaños de San Simón. Etnografías salvadoreñas, contó que René Escalante fundó el templo a finales de los años 80 y, además, fue uno de los fundadores de la Unión de Espiritistas Salvadoreños.

Escalante inició el camino devocionario de San Simón y lo heredó a su hijo adoptivo.

En el artículo, García Espada explicó que la devoción inició con un sueño: un día el hermano René despertó diciendo que debía viajar a la frontera con Guatemala (La Hachadura) para recibir algo de un desconocido. Fue y recibió una voluminosa caja que contenía la figura desmembrada de San Simón.

“Fue para contener y respetar el misterioso envío que el hermano René erigió el templo”, puede leerse en el texto.

El 27 de octubre de 1998 Escalante murió y fue enterrado en el templo. Transcurridos 22 años su hijo contó otra versión de aquel momento: antes de morir, en la celebración de un encuentro, San Simón habló a través del hermano René diciendo que tal día iba a llegar a la frontera con Guatemala un pick up blanco con la imagen para el templo y al hombre que la llevaba debían entregarle una ofrenda de 50 colones. Fueron y, mientras comían, frente a ellos se estacionó el vehículo del que bajó un hombre alto con sombrero.

— ¿Vienen con la ofrenda? —recordó Torres que les preguntó el hombre de sombrero.

— Sí.

— Dénmela y apeen la caja

En los recuerdos del hermano Torres, la caja medía casi dos metros de altos y la imagen de San Simón estaba de pie. Antes de instalarla fue necesario que pasara por el taller de un carpintero.

La tradición oral es así: serpea, toma atajos o las rutas más largas, pero siempre llega donde debe llegar.

*

“Más que devota me considero hija de San Simón”. Isabela, cuyo nombre real ha de omitirse por su propia decisión, escuchó hace 25 años hablar por primera vez del hermano Simón. Lito, su primo, lo mencionó porque lo había conocido en un centro de rehabilitación para adictos a las drogas. Había estado interno y uno de sus compañeros de desgracia se lo presentó. También le enseñó a leer las cartas a través de la energía.

Isabela puso a prueba la nueva habilidad de su primo. Ella sabía pero su conocimiento y práctica eran limitados.

“Me dijo cosas que solo yo y mi alma sabíamos”, contó.

Sorprendida —según su narración— le pidió a Lito que le enseñara cómo era eso de la energía. Él se ofreció a transmitirle de su energía: dibujó un círculo grande en el piso, encendió unas velas, se sentaron dentro, se agarraron de las manos y rezaron a San Simón.

Isabela y Lito siguieron adentrándose en el mundo de San Simón. Visitaban centros para que les leyeran las cartas. Pero nunca quedaban satisfechos y terminaban en su casa leyéndose mutuamente las cartas. Hasta que un día conocieron a un hombre que podía entrar en trance con San Simón. Su centro estaba en San Marcos y era conocido como Fran.

En el centro de Fran las sesiones o encuentros eran celebradas los jueves a las once de la noche.  En ellas leían puros, hacían sanaciones, bebían licor.

Fran se sentaba en una silla ubicada al frente del altar, a los lados una corona de hermanos o santos populares (Trinidad Huezo, Isabela la Grande, Rosita Beltrán, Macario Canizalez, Cucufate, entre otros), y el vaso, polo o ayudante que oraba con un vaso de vidrio en la mano lleno de agua y que lo colocaba sobre la cabeza de Fran.

El espíritu de Fran salía a través del vaso con agua y a través del vaso con agua entraba el santo popular o hermano espiritual.

El primero que llegó esa noche fue Cucufate, según contó Isabela.

La misión de los santos populares es ayudar a quienes le invocan. Ellos pueden sanar, ayudar en el amor, profetizar y aconsejar.

“Yo estaba muy escéptica y pensaba: ‘este chavo finge’”, contó Isabela.

En ese momento bajó al cuerpo del trance Isabela la Grande y le dijo a Isabela cosas personales que solo ella conocía.

Después bajó San Simón. Cuando es momento de su trance, según Isabela, pide alcohol y puros y quiere que todos los que están con él fumen y beban y brinden por él.

Ella le dijo que quería aprender a leer los puros y hacer trance. Le aconsejó ir más despacio.

Cerca de las seis de la mañana bajó el hermano Tereforo. Casi todos los que participaban en la reunión estaban o borrachos o cansados.

Ella no había tomado ni un trago. Estaba despierta. Tereforo, en el cuerpo de Fran, se acercó a decirle cosas suyas íntimas, “cosas que solo mi alma conocía”.

Isabela lloró —según su narración— desconsoladamente.

Desde entonces cree en los hermanos espirituales o santos populares. La relación más estrecha es con San Simón.

*

En El Salvador el 28 de octubre se celebra el día de San Simón. En esa fecha la Iglesia Católica celebra también el día de San Judas.

En el país, San Simón tiene distintas representaciones, pero en la más extendida aparece sentado, con bigote, saco y corbata, con sombrero y fumando tabaco.

Le gusta el tabaco, el alcohol, la música, la fiesta, se le atribuyen desaforados deseos sexuales, “celos y posesividad”, según puede leerse en el artículo de García Espada.

Por eso, en el mundo de la marginalidad, es considerado un santo protector.

El autor señaló que debido a la coincidencia en las celebraciones, San Simón se ha separado de San Judas y tiene vida propia, autonomía propia. En la actualidad suele fungir como una deidad independiente y exterior al catolicismo.

Los creyentes de San Simón también creen que son hermanos espirituales Julio Cañas, Trema Adonay, Margarita La Gitana, Ernesto Interiano, Emeterio Ruano, Raúl Lonchin y René Escalante. Ellos pueden ser parte de una corona espiritual.

Todos ellos y otros nombres más pueden considerarse parte del santoral popular salvadoreño.

El culto a esos santos populares o hermanos espirituales es masivo en El Salvador. Han sido construidos templos, verbigracia, el de la hermana Marina, en Aguilares; hermana Romy, en San Francisco Gotera; templo de la hermana Carolina, de San Vicente; templo de la hermana Adelina, en San Ramón (Cuscatlán); templo del hermano Félix, en la Hacienda Jayuca, La Libertad; los templos del hermano David Alfaro, en colonia Cinco de Noviembre, San Salvador; templo de la hermana Julia Abarcas, San Pedro Masahuat, La Paz.

Foto D1/Zaída Ramos

Foto D1/Zaída Romero

García Espada concluyó en su artículo: el culto a San Simón es de una “extraordinaria plasticidad”, una manifestación de “sincretismo espontáneo” contrario al “sincretismo guiado” de las instituciones oficiales (iglesia o Estado) que, sin embargo, no implica una ruptura radical con los principios discursivos oficiales y, al contrario, en los casos los protagonistas buscan legitimidad y adscripción de la autoridad vigente.

En estas iglesias la tradición está sostenida en la oralidad. Eso explica, según el autor, su transmisión y su “extraordinaria capacidad para la resignificación”.

En el libro Restos del pasado y la imaginación salvadoreña, García Espada describió a San Simón como un santo pecador, atractivo por sus vicios y no por una virtud intachable, “y eso le ayuda a ser más comprensivo con los vicios e imperfecciones de los demás”. Su camino de santidad está en las antípodas al de la virtud oficial que suele describirse como ascética.

Es esa empatía e indulgencia lo que le hace ganar adeptos.

El investigador lo considera un espíritu, un ángel protector o un hermano invisible, quien desde el mundo de los muertos se comunica con médiums.

*

El hermano Will Torres nunca aprendió a recibir en su cuerpo a los hermanos espirituales. Sentía miedo. René Escalante, su padre, le explicaba: pone la mente en blanco. Pero nunca pudo.

Pero sí aprendió, según su narración, a hacer oraciones a los hermanos espirituales, a hacer limpias, a leer el puro, a ser vaso o polo o ayudante en un trance, a hacer liberaciones.

Con el hermano René, por ejemplo, lo ayudaba: le ponía el vaso sobre la cabeza y cuando era un espíritu negativo el que entraba en el cuerpo de su padre él lo sabía detectar y expulsar.

Cada procedimiento tiene sus pasos, sus secretos. La lectura de puros, por ejemplo, depende de la petición: si el tabaco se quema parejo todas las peticiones se cumplirán; si se hacen hoyos, habrá obstáculos.

Las limpias las realiza con hierba altamisa, hierba del susto y verbena. Pueden servir como mecanismo de protección y suerte. Pero también para limpiar daños. Después de la limpia el hermano Torres quema la hierba usada y lee el fuego.

Antes de tomar un caso, cuyo costo puede iniciar con 25 dólares en el caso de una limpia, Will Torres escucha al peticionario y después decidirá si le puede ayudar.

“Lo estudio y les digo y les hablo claro: ‘ díganme realmente cuál es el problema para ayudar rápido. Pero si descubro que usted es el culpable es por gusto’”, afirmó.

Al templo Fe en la Paz llegan muchos creyentes y de todo tipo. Desde profesionales, empleados, trabajadoras sexuales, policías, pandilleros, reconocidos feligreses de las iglesias evangélicas y de la Iglesia Católica.

“Me siento bien cuando me dicen hermano. Siento que me levantan bien alto. Yo soy como cualquiera, igual que ustedes, no estoy más arriba porque siento lo mismo que ustedes”, expresó.

*

En el libro Aproximación a San Simón y Maximón, dos íconos representativos de la religiosidad popular guatemalteca, el académico Julio Roberto Taracena Enríquez explicó que Maximón es considerada la misma figura que San Simón.

Rilaj Mam o Maximón es conocido en todo el país vecino. Originalmente su nombre está escrito en Zutuhil o quiché. Rilaj es arrugado y de cabello blanco, es decir, anciano. Mam haca referencia a los antepasados. Las palabras unidas designan a los ancestros, hombres y mujeres, sabios. Es una especie de viejo ancestro sabio.

En el área kekchí (alta Verapaz y el Sur de Petén) es un dios que vive en los cerros, responsable de los retumbos y los temblores.

En Santiago Atitlán (departamento de Sololá y también en el municipio Chicacao de Suchitepéquez)  también es interpretado como como un antiguo nahual u hombre nahual.

Además, se le conoce con un mínimo de 20 nombres más, entre esos los apelativos de santos cristianos: Judas, Judas Tadeo o Simón Pedro, Pedro de Alvarado o Capitán de los Ángeles.

“Este fenómeno se ubica en el centro de un problema religioso entre dos tradiciones religiosas diversas, que son el cristianismo y la concepción religión-espiritual mesoamericana”, puede leerse en el texto.

En Guatemala su rostro es elaborado con madera de tz´atel o árbol de pito. La semilla de estos árboles es utilizada en la medicina tradicional, adivinación, prácticas rituales y amuletos ya que se considera que tiene “poderes sobrenaturales y místicos”.

El culto a Maximón se realiza en las cofradías y allá el que ejerce un cargo en la jerarquía tiene prestigio social.

En Santiago Atitlán la tradición oral ubica el inicio del culto a Maximón a finales del Siglo 19. Hay varios mitos:

1: Los ancestros crearon el muñeco para mantener el orden sexual debido a la proliferación del adulterio (control social y sexual) pero los poderes del muñeco crecieron desmesuradamente y, más que evitar los engaños entre parejas, los propició al punto de convertirse en mujer u hombre para acostar indistintamente con cualquier persona “convirtiéndose así en el principal factor del rompimiento del orden”.

2: Tres comerciantes de Atitlán fueron a Chicoyo a comerciar. Mientras esperaban clientes fumaban pipa. En ese momento llegó un gigante vestido con capa, chaleco de hierro y un puro en la boca. Ellos le quitaron el puro y se quemaron las plantas de los pies. Era una manera de retarlo, de demostrarle que eran hombres fuertes. Él aceptó pelear con ellos.

El primer comerciante le propinó 30 golpes al gigante pero no lo pudo vencer; el segundo le propinó 50 pero tampoco lo derribó; el tercero siguió quemándose las plantas de los pies mientras rezaba llamando al ave bicéfala o klavicoj que llegó, agarró al espanto y lo levantó por los aires y después lo soltó sobre una piedra en la que murió espachurrado.

Cansados los comerciantes se fueron a una cantina. La gente los reconoció como hombres de valor pero se acercaron tres mujeres que en realidad eran tres caballos disfrazados y los entregaron a la policía.

Los policías eran ladinos que despreciaban a los indígenas. El gigante tenía dueño y había puesto una denuncia contra ellos.

Pero el gigante era malo. Había matado mucha gente.

Sin embargo, decidieron quemarlos vivos como venganza. La gente del lugar preparó una hoguera pero ellos comenzaron a orar y sus rezos fueron escuchados: comenzó a temblar y una torrencial lluvia apagó el fuego. “En ese cerro y con esa lluvia nació la fruta del Rilaj Mam”.

Los comerciantes regresaron a Santiago Atitlán. Dos eran solteros y el tercero casado. Al llegar éste descubrió a su esposa con otro hombre.

Ellos son nahuales que con rezos pueden comunicarse con los palos de los cerros. Entonces fueron a pedirles ayuda. Pero ninguno les hizo caso. Al día siguiente repitieron las oraciones en un cerro y solo un árbol, moviendo sus hojas, les respondió diciéndoles: yo puedo convertirlos en perro, en caballo, puedo hacer niños, mujeres y podemos trabajar juntos.

Entonces con ese árbol hicieron la imagen del Rilaj Mam. Que desde entonces se convirtió en el guardián del pueblo.

El autor señaló: es una narración similar a la del Popol Vuh en la que las deidades pueden transitar entre universos, tomar distintas formas físicas e intervenir entre las personas.

San Simón está relacionado con Maximón, excepto por los espacios en los que se desarrolla: Maximón pertenece al mundo zutuhil mientras San Simón se desarrolla entre el mundo indígena y el mestizo-ladino “identificándose como un fenómeno sincrético, pluri, inter e intra étnico y cultural”.

En Guatemala hay templos específicamente de San Simón en San Andrés Xecul, Totonicapán; Patzún, Sacatepéquez; Chinautla, Retalhuleu; Santa Lucía Utatlán, Sololá y San Lucas Tolimán, Sololá; Coatepeque y Zunil, Quetzaltenango; Mazatenango, Suchitepéquez; Usumatlán, Zacapa, en ciudad de Guatemala.

Como San Simón “es un ícono, el cual viene a hacer funcionar en forma profunda el sincretismo religioso cristiano con la espiritualidad indígena-maya”.

*

El culto a San Simón es considerado por José Heriberto Erquicia, director de Posgrados y Extensión de la Universidad Pedagógica de El Salvador, una práctica sincrética que resume religión popular y religión oficial.

Erquicia, arqueólogo y doctor en historia, señaló que estas prácticas son legítimas y validas porque las realizan las personas en sus comunidades, aunque no siempre estén a la vista de todos porque pueden ser rechazadas.

Coincidió, además, en que es San Simón es considerada un santo popular, un ser de luz al que se puede llegar por medio de una o varias personas que sirven como intermediarios.

Los rituales que se realizan en nombre de él son considerados como prácticas subalternas, es decir, prácticas que se realizan “a escondidas”, debido a que están satanizadas por la religiosidad oficial.

Todos los santos populares poseen características personales de acuerdo a su paso por la vida terrenal. Tomando en cuenta estas particularidades las personas los eligen y depositan sus necesidades y peticiones.

“La gente tiene una necesidad de creer, una necesidad de creencia de algo que los va a llevar al bien, a un estadio o un estrato mejor. Todo ser humano necesita tener una creencia para explicar las cosas”, dijo el también exdirector del Museo Nacional de Antropología (MUNA).

Luis Ángel Díaz, presidente de la Alianza Evangélica de El Salvador, afirmó que su fe le impide profesar este tipo de ritos en las que son utilizadas imágenes.

“Nosotros como cristianos, oramos en nombre de Cristo, porque así es como aparece en las escrituras, en ese caso no utilizamos el nombre de otra persona, ni de santos para dirigirnos a Cristo, al padre celestial”, expresó Díaz.

La existencia de estas religiones, de acuerdo con su juicio, es consecuencia del “desconocimiento bíblico”.

Admitió que son las reflexiones de cada persona las que les llevan a estos cultos pero, advirtió, es incoherente con lo que la Biblia dice y, por tanto, no tiene el respaldo de las iglesias evangélicas.

*

“Todos podemos conectar con la energía pero no lo logramos porque estamos demasiado ensimismados”, dijo Isabela.

¿La capacidad de conectar con San Simón es innata o se adquiere? Según Isabela todos pueden hacerlo porque se trata de elevar la propia espiritualidad lo que tiene muy poco que ver con la iglesia.

“Soy universo y si soy universo puedo tocar tu universo. Cuando digo que soy universo soy diosa”, comentó.

Foto D1/David Ernesto Pérez

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