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¿Dónde estoy? | GALERíAS DE FOTOS

Lluvia envenenada para los niños

Eran pasadas las dos de la tarde del 2 de enero de 1991 cuando una unidad de seis guerrilleros del FMLN derribó el helicóptero UH-1H del ejército de Estados Unidos. La nave erró en el aire unos 500 metros y cayó aquí, en la Loma El Recodo, del cantón San Francisco, en Lolotique, San Miguel. Daniel Scott, el piloto, murió en el momento; David H. Pickett y Ernst G. Dawson, los dos tripulantes, sobrevivieron. Unas horas después, sin embargo, murieron. Sobre esto hay dos versiones: en la primera se habla de una muerte piadosa; en la segunda, de una ejecución. FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
Durante la Guerra Civil, el FMLN descentralizó su control en zonas de influencia político-militar que controlaban sus organizaciones. La zona Oriental, por ejemplo, quedó en manos del ERP, PRTC y RN. El ERP llamó a su mando central el Comité Regional del Sur Oriente y tuvo uno de sus controles principales en el cerro El Tigre, Usulután. Su poder militar se extendió a también a Lolotique, San Miguel. Los combatientes de esa zona tenían una orden expresa: “derribar toda aeronave enemiga”. Esta es una calle del cantón San Francisco, en Lolotique. FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
El 1 de octubre de 1992 el militar Mark Randall Hamilton, entonces funcionario de la embajada de Estados Unidos en el país, declaró al Juzgado de Primera Instancia de Chinameca que había aconsejado a los tripulantes del helicóptero UH-1H que viajaban rumbo a la base aérea Soto Cano, en Honduras, que evitaran pasar sobre Chalatenango y Usulután porque había amenazas de misiles. También les sugirió hacerlo a baja altura “porque es más seguro en áreas donde pueda haber misiles”. Las aeronaves norteamericanas solían utilizaban este río como ruta de navegación y una forma de evadir un ataque. FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
María Cledia fue testigo del derribo del helicóptero y de los últimos momentos de vida de Pickett y Dawson. Ellos no hablaban español. Pedían agua. Uno, según sus recuerdos, era chele; el otro, moreno. En ese momento llegaron los insurgentes del FMLN. Mandaron a traer agua. Cuando los vecinos regresaron los que hasta hace un momento eran sobrevivientes, estaban muertos. FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
“Pero había uno que podía traducir el inglés y les entendió que querían agua. Después que los mataron amontonaron leña para prender fuego a la nave. Nosotros cuando vimos eso jalamos a uno de ellos que estaba bien cerca porque iba agarrar fuego. Eran hombres que medían más de dos metros. Aunque no eran de la sangre de nosotros pero se sintió bien raro.”. Recuerda María de aquel momento. FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
Vista del punto exacto donde cayó la aeronave que derribó la unidad del ERP en una leve hondonada de la Loma El Recodo, en el cantón San Francisco. Sobre lo que sucedió inmediatamente a la caída está la versión de los insurgentes: aseguran que rodearon la aeronave y vieron a un hombre intentando recoger algo del suelo y le dispararon; los vecinos dicen que los tripulantes solo estaban golpeados tirados en el suelo. FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
El ERP realizaba trabajo militar y político en el cantón San Francisco. El 2 de enero de 1991, cerca de las dos de la tarde, la unidad que controlaba la zona se separó; unos se adelantaron y otros se quedaron en un descampado. Unos minutos después los rezagados recibieron un mensaje por radiotransmisor: “¡Viene un helicóptero!” Todos le dispararon a la aeronave que volaba a menos de 50 metros de altura. Una vez derribado los tripulantes, ya sea que fueron ejecutados o asesinados “por piedad”, murieron en esta zona. Su sangre quedó aquí. FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
Esta puerta, colgada en un árbol que creció dentro de una propiedad privada, corresponde a la ubicación en la que viajaba el piloto Daniel Scott quien, según la autopsia que realizaron los forenses de la Fuerza Armada, murió de shock hipovolémico, es decir, perdió tanta sangre que su corazón ya no tuvo nada que bombear. FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
Detalle de cartuchos de 60mm., cargador de M16, una pistola y pertrechos de guerra que se presume que fueron extraídos de la aeronave. Aparentemente los vecinos unieron estas piezas con propósito ornamental. FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
Al igual que las piezas anteriores, remontan a los sucesos ocurridos hace 29 años y se convierten en una especie de monumento popular que rememora la historia de los militares estadounidenses. FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
El ingenio de la precariedad. Durante el llamado periodo especial en Cuba, cuando hasta los alimentos básicos dejaron de llegar al mercado, los cubanos transformaron en aparatos útiles todo lo inservible. Por ejemplo: los motores de las refrigeradoras fueron transformados en motores de motocicletas. Estas creaciones popularmente fueron conocidas como riquimbilis. La familia Morán extrajo del lugar una hélice de la aeronave, luego la dividió y la utilizó como una especie de poste para el tendido eléctrico. FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
Los objetos nos hablan de quien los porta. Reflejan sus costumbres, sus gustos, su identidad. Al quedar tiradas, las piezas del helicóptero UH-1H las recogieron los vecinos del cantón San Francisco y las convirtieron en reliquias de museo. Al poseerlas se revisten a sí mismos de los hechos ocurridos el 2 de enero de 1991 fundiendo su memoria en la memoria del suceso. Aparentemente tener las piezas y el poder hablar de ellas les otorga prestigio y estatus en la comunidad. María Cledia muestra un compuerta de carga de pasajeros, una de las últimas cosas que conserva del helicóptero. FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
La señora también conserva partes del tren de aterrizaje del helicóptero, comenta que hace poco entregó las sillas de los pilotos para que fueran exhibidas en un museo. FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
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Argentina es una de las potencias agrícolas del mundo. Después de Estados Unidos y Brasil es la tercera gran productora de soja. Este año producirá 55 millones de toneladas. Para ello se calcula que anualmente se rocían más de 300 millones de litros de agroquímicos sobre sus campos.

Estas fumigaciones afectan al menos a 12 de los 40 millones de argentinos que reciben este veneno sobre sus casas, escuelas, parques, fuentes, lugares de trabajo. Los más afectados por los químicos son los niños que nacen con malformaciones y otros crecen expuestos a enfermedades terminales en estas zonas de producción agrícola.

FOTOGRAFÍAS: EL CLARÍN

Fabián, el hijo de Cándida Rodríguez nació con hidrocefalia. Al igual que su marido, Cándida trabaja el tabaco, en cuyo cultivo se utilizan agroquímicos como el herbicida 2.4D, un componente del venenoso agente naranja usado por EE.UU. en Vietnam. FOTO: EL CLARÍN
A sus 14 años, Sebastián tiene el tipo más común de espina bífida y también hidrocefalia. Vive en una casa rodeada de cultivos fumigados desde el aire con glifosato y metamidofos calibre 25, químico prohibido por la Convención de Estocolmo. FOTO: EL CLARÍN
Alejandro Aguirre nació hace 11 años con una malformación en las piernas. Su padre y su hermana cuidan de él. Todos los miembros de su familia llevan años viviendo rodeados de agroquímicos. FOTO: EL CLARÍN
Alejandro Aguirre ve la televisión en el salón de su casa. En el exterior los aviones rocían cada día los cultivos, apenas a 500 metros de la vivienda. FOTO: EL CLARÍN
Juan Kosinski nunca ha podido caminar. El médico de la cooperativa tabaquera nunca le ha dado un diagnóstico. Su hermana Silvia también nació con problemas motrices y lleva el mismo camino que su hermano. FOTO: EL CLARÍN
Juan Carlos tiene 23 años y sufre hidrocefalia, mielomeningocele y parálisis cerebral. Carmen Cardoso, su madre, nunca lo deja solo. FOTO: EL CLARÍN
Milagros Alcaraz nunca ha tenido acceso a una atención médica digna. Tiene seis años y padece mielomeningocele y una malformación en los pies. Las avionetas descargan tóxicos a diario en los alrededores de su casa. FOTO: EL CLARÍN
Sebastián, de 14 años y con espina bífida, es fotografiado con su tía en el exterior de su casa. FOTO: EL CLARÍN
Paulo y su nieto contemplan un campo vecino en plena fumigación. Paulo no usa agrotóxicos, pero su propiedad ha sido rodeada por los cultivos intensivos. Resiste sin apoyos. El Gobierno central apoya el modelo de producción a gran escala. FOTO: EL CLARÍN
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