Otros temas: MundoArte y CulturaSe dice que...Suscríbete a Nuestro Newsletter

Zona1

¿Dónde estoy? | REPORTAJES

Las confesiones de los guerrilleros que mataron a los soldados gringos

El ERP derribó el helicóptero con los tripulantes estadounidenses. De lo que pasó con los heridos hay dos versiones: la primera habla de una ejecución; la segunda, de una muerte piadosa.

Foto Arte Manuel Jacinto D1.
Foto Arte Manuel Jacinto D1.
David Ernesto Pérez

Casete 2 Lado B. En la grabación Porfirio cuenta que el comandante Aparicio le ordenó: “Andá ve a los heridos”. El helicóptero estaba en llamas. Sus compañeros sustraían el botín de guerra. El calor. El humo. La confusión plomiza que ulula en el aire después de un tiroteo. Dice que no sabe si escuchó mal o si la voz de su superior le advirtió medir las consecuencias políticas de sus actos.

Después Porfirio confiesa.

“El chele, o sea el coronel, ya se estaba acabando de morir y yo por no verle así le pegué un balazo al haz de los sentidos. El otro solo una mano movía pues, yo lo tenté, porque tenía un balazo en el pecho… yo le quité el chaleco que andaba y la pistola y tenía dos balazos en el pecho y a ese también le pegué en la cabeza, así es que por lástima porque estaban ahí padeciendo estos señores”.

*

María Cledia dijo recordar que vio al helicóptero caer trazando una curva descendente que terminó con el estrépito de un relámpago de verano sobre la tierra reventada. Los vecinos corrieron a buscar sobrevivientes y encontraron a dos de sus tripulantes, uno moreno y otro chele, quejándose de los golpes que soportaron en el impacto. Como no hablaban español con señas suplicaban que no los movieran tanto. Los arrastraron a la sombra de un árbol. Uno de ellos pidió agua. Ella pensó: “Se equivocaron los guerrilleros”.

Los militares gringos solían irrumpir el cielo del cantón San Francisco, en Lolotique, volando a pocos metros de altura en sus aeronaves. Los niños, al verlos pasar, los saludaban con admiración ingenua. En esos días una misión había terminado de construir una escuela en el cantón vecino.

María Cledia – Ellos no andaban en problemas de guerra.

Entonces llegaron los seis guerrilleros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) a reclamar el botín del helicóptero que acababan de derribar con sus balas de punta bien afilada. En los recuerdos de María Cledia, que narró casi 29 años después, los curiosos fueron apartados y después escucharon las detonaciones de fusil AK-47. Obstinados, volvieron a la escena solo para encontrarse muertos a los hombres que hasta hace unos minutos eran sobrevivientes. Una pira de leña comenzaba a consumirlo todo.

El 2 de enero de 1991 una columna del ERP, una de las cinco organizaciones de la entonces guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), derribó un helicóptero que volaba a menos de 50 metros de altura en el que viajaban tres miembros de una unidad encargada de brindar transporte aéreo para soldados y oficiales del ejército de Estados Unidos destacados en bases militares acantonadas en Centroamérica. Los tripulantes eran el teniente coronel David H. Pickett, comandante del batallón de helicópteros acantonado en Honduras; cabo Ernst G. Dawson, mecánico del ejército; y el piloto Daniel Sutherland Scott.

La unidad del ERP la integraban Severiano Fuentes, Aparicio; Fermán Hernández Arévalo, Porfirio; Daniel Antonio Abarca Arévalo, Macaco; Raúl Antonio Bonilla Rivas, Ulises; Digna Chicas Chicas, Doris; María Lita Hernández Arias, Carmen; Santos Guevara Portillo, Domínguez. El comandante a cargo era Aparicio.

Dos días más tarde el Instituto de Patología de la Fuerza Armada (IPFA) realizó tres autopsias. Sobre el piloto Scott la conclusión es directa: murió como consecuencia de los golpes que sufrió en la caída; del teniente coronel Pickett señala que recibió diez heridas de bala en total impactando siete en su cara y cabeza que fueron fatales más las heridas restantes en el codo izquierdo que indican posición defensiva; de Dawson dice que los golpes de la caída fueron serios aunque su muerte la causó una herida de bala de calibre seis que entró en la parte trasera de su cabeza y salió en su mejilla izquierda.

Fueron usadas tres diferentes armas de fuego: dos rifles de alta velocidad y una pistola.

En el expediente judicial reabierto en el Juzgado de Primera Instancia de Chinameca, San Miguel, dos testigos aseguraron haber escuchado o visto las presuntas ejecuciones. Los tres coinciden en que los sobrevivientes pidieron agua. Los tres coinciden en que después que regresaron con el agua los encontraron muertos.

El 5 de enero de 1991 Silvio Heliberto Méndez Coreas declaró en el Juzgado: había salido a traer una vaca cerca de su casa y observó un helicóptero precipitarse a tierra. Corrió a curiosear en la zona en la que calculó que había caído y en el camino se encontró con un guerrillero que le ordenó ayudar a trasladar el botín. Escuchó una voz que sugirió “respetarle la vida a los heridos”, otra voz pidió sacar a los golpeados porque era el momento de incendiar la aeronave, otra voz le dijo que fuera a traer agua y fue por una botella. Regresó y se encontró con dos cadáveres ensangrentados a punto de quemarse. Los combatientes ya no estaban.

Diez días después, Isaías Fuentes Ramos declaró en el Juzgado: el 2 de enero de 1991, entre dos a tres de la tarde, estaba en su casa elaborando un examen escrito cuando escuchó el estruendo de lo que creyó era una aeronave cayendo. Salió a la calle a encontrarse con los vecinos que yacían en las puertas de sus casas. Todos escucharon unos disparos y se entraron menos él que más bien se acercó al centro de las detonaciones. Escuchó gritos. Se escondió detrás de unos matorrales y aseguró haber visto todo: a sus vecinos Miguel Carranza y Silvio Méndez llegar, a los guerrilleros Domínguez y a Porfirio y los demás, a los militares estadounidenses golpeados pero vivos pronunciando frases en inglés, a Miguel y Silvio regresar a traer agua, el helicóptero quemándose del que emanaba una intensa columna de humo espeso, a los sobrevivientes tirados en el suelo haciendo señas a Porfirio que regresó a ellos enojado y apuntando a uno de los militares: “vos solo así quedás bueno” y dispararle en la cara, a Porfirio caminar hacia el otro estadounidense.

En la declaración Fuentes Ramos dijo que prefirió no ver más. No pudo, sin embargo, ignorar los otros disparos que afirmó haber escuchado sonar huecos.

Después que los insurgentes se largaron Miguel y Silvio regresaron con una pichinga llena de agua y un recipiente como vaso. Él salió de entre los matorrales. Preguntó a uno de sus vecinos, un niño entonces menor de diez años de edad, si había visto quién mató a los militares estadounidenses. Según la declaración el niño respondió: Porfirio.

Ese mismo día él y otros vecinos fueron a la Cuarta Brigada de San Miguel a contar lo que había ocurrido. Permanecieron dos días consecutivos ahí. El 5 de enero regresó a su casa. Aproximadamente a las siete de la noche alguien metió un papel por una grieta y escuchó una voz que anunció “aquí te manda Domínguez”. En el Juzgado aseguró que en el papel podía leerse: “Isaías, no te extrañes al recibir esta nota ya que tú ves con tus ojos y oís con tus oídos todas nuestras victorias y triunfos, pero por todo esto debemos callar, esta nota es solo para que te presentes el día 9 del corriente en casa de Juan Ramos. ¡¡No faltes, es urgente!!

En la declaración puede leerse que Fuentes Ramos dice: “En ningún momento escuché ‘muerte a los gringos’, tampoco vi que Porfirio anduviera radio”.

El 16 de enero de 1991 David Ramos aseguró que el comandante Domínguez le mandó, el día del derribo, llevar una yunta de bueyes en la que cargaron parte del botín sustraído del helicóptero. Estas son algunas de las cosas que se llevaron:

Pistola Beretta 9MM negra serie 1054893

Pistola Beretta 9MM negra serie 1054501

Pistola Beretta 9MM negra serie 1141606

Cargador para pistola 9MM con 15 cartuchos

Cargador para pistola 9MM con 11 cartuchos

Cargador para pistola 9MM con 15 cartuchos

Cargador para pistola 9MM con 15 cartuchos

Cargador para pistola 9MM con 9 cartuchos

Cargador para pistola 9MM con 15 cartuchos

Ametralladora M 60 serie 7269239 averiada de la empuñadura, un punto de mira, fabricación norteamericana, con alza de mira para uso en vuelo aéreo, color oscuro.

Depósito de red para vainillas de ametralladoras.

Un portacargador de cuero.

Un codificador color verde.

Una batería de 14 voltios.

Hojas de ruta.

Rollo de papel aluminio especial.
Una hoja de vuelo en la que puede leerse:

*Tipo UH-1H.

*Propiedad US Army.

*Procede MSSS

*Destino: MHSC.

*Misión militar
*Aeropuerto Ilopango 2 de enero de 1991.

Una bolsa de tela negra.

Una computadora.

Tarjetas del piloto Scott de:

*Fuerza Armada EEUU a su nombre.

*Meal Card J 1269709.

*Blockbuster Video.

*Instalation Club Management.

*Tarjeta de crédito 2056684 6354-2249390 RMG.

Llevó las cosas a un recodo y esperó ahí. Escuchó los disparos. Porfirio llegó cansado y sudado pero alegre. En la declaración aseguró que Domínguez lo mandó a verificar si se “encontraban con vida”. El helicóptero se quemaba y las llamas avanzaban hacia uno de los cuerpos pero él alcanzó a moverlo. El segundo militar temblaba e intentó acomodar su cabeza pero “en ese instante se murió siendo como las cuatro de la tarde”. Al tercer militar “le brincaba el cuerpo y en ese momento se murió también recordando que este tenía un gran hoyo en la cara”. En su declaración puede leerse: “Dos de ellos portaban radiotransmisor portátil y se comunicaban: Domínguez se comunicaba con otra compañera de él y escuchó que decían que buscaran gente porque habían decomisado un montón de cosas… también les vio radiotransmisor a Ulises y Aparicio, pero no le vio radio a Porfirio ni al resto”.

En su declaración también asegura: “El moreno y el chele bajaron vivos. El otro chele bajó muerto”.

De acuerdo con las inspecciones, el cuerpo de Pickett fue encontrado a 25 metros nor-oriente del helicóptero junto a un troncón de carbón quemado; el de Scott fue encontrado a 18 metros en dirección nor-poniente.

El 4 de enero de 1991 Diario El Mundo publicó una nota titulada persiguen a 2 comandantes del FMLN por muerte asesores norteamericanos que en resumen dice que la inteligencia de la Fuerza Armada perseguía a los guerrilleros de pseudónimos Domínguez y Joel por la muerte de los militares gringos; que los lugareños vieron a los dos sorprenderse y angustiarse porque al supuestamente cometer los crímenes no se habían dado cuenta que sus víctimas eran extranjeras.

En el texto, además, Domínguez es descrito como originario de Santa Elena, Usulután, de 35 años, de 1.55 metros de estatura, con cicatrices en el abdomen, la mano derecha, la oreja izquierda partida, comandando siempre un grupo de 40 combatientes de los que 15 eran para su seguridad personal. Esas características, sin embargo, no corresponden con las suyas. Únicamente tiene una cicatriz en el brazo izquierdo. Lo curioso es que era uno de los insurgentes más conocidos en la zona por su trabajo político. Permanecía ahí más tiempo que el resto de miembros del grupo que derribó el helicóptero.

El 18 de enero de 1991 la Comandancia General del FMLN publicó un comunicado en el que presenta como responsable de la unidad que mató a los norteamericanos al comandante Domínguez y como asesino a Porfirio. Señala, además, que los acusados de crímenes de guerra violaron los principios y códigos de conducta internos. Pero ese mismo día la Radio rectificó excluyendo a Domínguez.

En el expediente judicial abierto en el Juzgado de Chinameca se presenta uno de esos principios: “No es política nuestra el ajusticiamiento de prisioneros de guerra y quien transgreda este principio será juzgado de acuerdo a nuestra justicia revolucionaria”. Incluso fue anexado un mensaje que en julio de 1982 circuló criptografiado entre las unidades del ERP y cuyo autor fue Joaquín Villalobos: “Permitirles a todos los prisioneros cartas a sus familiares con revisión previa nuestra, éstas tienen que ser estrictamente de carácter familiar”.

*

Después del derribo del helicóptero la unidad del ERP huyó de la zona. Entre el 4 y 5 de enero llegó a Morazán. La Comandancia General ordenó capturar a Severiano y Porfirio mientras el resto de combatientes quedaron en libertad aunque debían permanecer en la zona. En esos días María Julia Hernández, directora de Tutela Legal del Arzobispado, llegó a Perquín. La acompañaba el sacerdote jesuita Miguel Francisco Estrada, entonces rector de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). Los capturados les contaron que los tripulantes del helicóptero les dispararon desde el aire y ellos respondieron; que una vez en tierra se acercaron a la aeronave derribada gritando “ríndanse” y Porfirio vio a uno de los heridos tratando de recoger algo del suelo por lo que disparó; que intentaron trasladar a los heridos a una clínica pero no encontraron un vehículo para hacerlo.

El FMLN interrogó a los seis guerrilleros y el 13 de mayo de 1992 mandó seis casetes TDK A/90 con los audios al Juzgado de Primera Instancia de Chinameca. En todos los interrogatorios la versión se repite: la unidad patrullaba cuando se encontró de frente con el helicóptero. Le dispararon hasta derribarlo porque la orden de sus superiores era disparar contra cualquier nave aérea. Una vez en tierra se acercaron gritando ¡ríndanse! pero unos hombres se movían en el suelo. Dispararon contra ellos. Al terminar el fuego se acercaron y encontraron a los militares estadounidenses malheridos. Domínguez fue a buscar un vehículo para trasladarlos pero el único vecino que tenía uno no estaba. Se llevaron el botín de guerra y al final Severiano Fuentes o Aparicio ordenó a Porfirio ejecutarlos porque no se podía hacer nada por ellos.

En el interrogatorio Doris aclaró que se dio cuenta que eran norteamericanos porque los documentos que transportaban en el helicóptero estaban escritos en inglés. Ulises concordó en que lo confirmaron porque las noticias del derribo fueron divulgadas rápidamente. Noemí contó que el comandante de la unidad se comunicaba por radio con otro guerrillero de seudónimo Milton.

“Fue una situación de casualidad”, dijo Aparicio a los interrogadores según las transcripciones de los audios contenidas en el expediente judicial. Luego confesó: “Dijimos al compañero Porfirio que se regresara y fuera a ver el helicóptero y los heridos… que revisara al mismo tiempo si estaban penando y que si estaban penando los terminara”.

“Por una situación de lástima de no verlos penar mucho… pues sí, en una actitud de lástima fue que decidimos esa cuestión”, justificó.

En el casete 2 Lado B está la confesión de Porfirio. Los mató porque Aparicio se lo ordenó. “Por la lástima hemos cometido el error”.

Los mató con un fusil AK-47 serie 62383 de fabricación soviética.

*

El FMLN entregó a sus combatientes Aparicio y Porfirio el 17 de marzo de 1992. Al mediodía del sábado 20 de marzo de 1993 la Asamblea Legislativa aprobó la Ley de Amnistía General para la Consolidación de la Paz. 24 días después los abogados defensores Omar Pastor y Luis Domínguez Parada pidieron liberar a los detenidos.

El Juzgado de Primera Instancia de Chinameca dictó sobreseimiento para ellos. Los liberó.

De la locura a la esperanza. La guerra de 12 años en El Salvador también señala como responsable de las muertes de los estadounidenses a Severiano Fuentes, Aparicio; y a Fermán Hernández Arévalo, Porfirio.

El 13 de julio de 2016 la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) declaró inconstitucional la Ley de Amnistía ordenando reabrir los crímenes de guerra perpetrados en el país entre los años 80 y 90 del siglo pasado.

El 16 de junio de 2017 Alejandro Delgado, conocido en la guerra como Andresón, llevó a una casa de seguridad en Morazán a Santos Guevara Portillo en la que lo mantuvo durante tres meses.

En esos días Domínguez también se reunió con Roger Blandino Nerio, Jeremías, que le explicó que iban a sacarlo de El Salvador para que se escondiera un tiempo en Nicaragua. Para sobrevivir allá le ofrecieron dinero, casa, trabajo y los documentos para su legalización.

Como se explicó en la primera entrega de este reportaje, Andresón supuestamente llevó a Domínguez hasta Managua y le entregó 100 dólares.

Aparentemente Andresón y Jeremías actuaron en nombre del FMLN.

Un mes después la Fiscalía General de la República (FGR) giró orden de captura contra Aparicio, Porfirio y Domínguez.

Desde entonces Domínguez ha vivido en penurias y al borde del colapso físico. Diario 1 logró contactarlo y durante los últimos 30 días se le ha entrevistado.

“Por error y desinterés del FMLN estoy pagando los platos rotos que otros reventaron. Soy inocente en el delito que se me imputa sobre los militares norteamericanos”, dijo a Diario1.com

“Confié ciegamente en Andresón y Jeremías, pero las buenas intenciones no bastan, me engañaron con el dulce de una ayuda de compañeros solidarios, quienes cobardemente me dieron la espalda después”, agregó.

Como se explicó en la primera entrega, en medio de sus dificultades económicas en Nicaragua intentó comunicarse con los dirigentes del FMLN que supo que lo enviaron allá. Pero siempre lo ignoraron. También intentó contactar a Medardo González, entonces coordinador efemelenista.

“El único delito que tengo es haber participado en un conflicto innecesario, el cual sirvió para que la dirigencia (del FMLN) llenara sus  bolsillos; el pueblo puso los muertos y yo perdí mi tiempo, mi juventud y familia”, comentó.

Uno de sus parientes se acercó a Schafick Hándal, actualmente diputado. Tampoco obtuvieron respuesta. Ahora teme por su seguridad y la de su familia.

“Cualquier atentado en mi contra o contra integrantes de mi familia será exclusiva responsabilidad de Blandino Nerio, Schafick Hándal, Medardo González y Alejandro Delgado”, expresó. Agregó, además que “sé de lo que son capaces, recuerdo que durante el conflicto muchos compañeros murieron, los acusaban de infiltrados, pero era solo que no estaban de acuerdo con ciertas órdenes”.

Lea también FMLN escondió a imputado por presunta ejecución de militares EEUU

Noticiero 1

TELE1 CANAL 30 EN VIVO

Últimas noticias

Zona multimedia

Lo más...