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El general Martínez y dos Lovos

Luis Lovo Castelar es miembro de la Academia Salvadoreña de la Historia y es miembro del Consejo Académico de la Escuela Militar. Ha estudiado mucho la administración del general Maximiliano Hernández Martínez. Su padre también lo hizo y escribió una de las primeras biografías del general.

Luis Canizalez
El general Maximiliano Hernández Martínez estuvo por última vez en 1955. Foto: archivo LPG.
El general Maximiliano Hernández Martínez estuvo por última vez en 1955. Foto: archivo LPG.

— ¡Aló!

— Hola, ¿hablo con el señor Lovo Castelar?

— Sí, señor.

— Le llamo porque queremos trabajar algo sobre el general Hernández Martínez y sabemos que usted es uno de los que más ha estudiado…

—  Mire, yo sé algo de eso, tengo mucha bibliografía de eso. Pero el que escribió la biografía del general fue mi papá. Yo he leído y con gusto lo atiendo, pero el especialista era mi papá. Fue él quien lo conoció personalmente. Mi padre…

Al otro lado del teléfono una voz, grave y pausada, continúa relatando la historia de un niño que nació en Ahuachapán en 1911; de un joven que ingresó a la Escuela Militar en 1927; de un destacado alumno que perteneció a una promoción que tuvo como profesor al general Maximiliano Hernández Martínez;  de un oficial que,  pocos años después de graduarse, fue a trabajar a Casa Presidencial cuando ya el presidente era el mismo Hernández Martínez.  Ahí conoció las aficiones del general: lo que leía, lo que escribía, la gente que lo visitaba.

«Fue mi papá quien lo conoció personalmente», repite al otro lado del teléfono.

***

Son las tres de la tarde. El abogado José Luis Lovo Castelar nos recibe en una amplia sala. Hay cuadros, floreros, lámparas. Es una casa, de una residencial del municipio de Antiguo Cuscatlán. En sus manos tiene dos libros sobre el general Hernández Martínez. Son sus últimas adquisiciones. Uno se titula «Política de la cultura del Martinato», de Rafael Lara Martínez;  y, el otro, «Las masas, la matanza y el Martinato en El Salvador», de Erik Ching y otros autores. Su padre, el coronel Luis Lovo Castelar, escribió una de las primeras biografías del general Hernández Martínez.  Quizá por eso sabe mucho del tema. Ha leído casi toda la bibliografía del tema. Ha dado conferencias del tema.

—Entiendo que su padre escribió la primera biografía del general Martínez.

— Antes de la biografía de mi papá está la de David Luna de Sola.

— Pero la de su padre es más enfocada en la vida del general Martínez. De hecho, la tituló así:  «Biografía del general Maximiliano Hernández Martínez».

— Es que mi papá lo conoció cuando, recién graduado, fue a trabajar a Casa Presidencial. Mi papá, incluso, lo describe físicamente y narra su pensamiento.

— ¿Su padre fue un hombre cercano a Martínez?

— Yo creo que Martínez apreciaba a mi papá porque mi papá era un hombre muy estudioso y creo que él reconocía eso;  porque, cuando acusaron a mi papá de estar en un movimiento para derrocarlo…

— ¿En qué año?

— Habrá sido ahí por 1941 o 1942. El punto es que Martínez le dio a mi papá la oportunidad de vivir. Le mandó a decir que tenía uno o dos meses para irse de El Salvador porque “olía a ijillo”. ¡Jaja! O sea, le previno, y eso le dio la oportunidad a mi papá de ir a dejar a mi madre con sus hijos a Chalatenango y él se va a Estados Unidos como bracero, porque con Martínez no había segundas vueltas. El tipo era terrible.

Durante más de una hora, Luis Lovo Castelar, el hijo del coronel Luis Lovo Castelar, habla sobre la presidencia de Hernández Martínez. No todo fue malo, dice. Durante esos trece años (1931-944), hubo cosas interesantes. Una de ellas fue el gabinete de Hernández Martínez, el cual fue muy eficiente para resolver los problemas económicos que golpearon a El Salvador tras la crisis financiera internacional de 1929. Pero también tuvo desaciertos, dice. La forma de enfrentar los sucesos de 1932  —que acabó en una brutal matanza—,   de tratar los problemas de inseguridad, de reformar la constitución para perpetuarse en el poder,  lo colocaron en la cima más alta de los tiranos salvadoreños.  Lovo Castelar también habla de la herencia del general Martínez a los militares que lo sucedieron en la presidencia: todos fueron autoritarios y reprimieron toda disidencia.

***

Hay una fotografía de 1955. El general Martínez está en el aeropuerto de Ilopango,  rodeado de hombres y mujeres que lo protegen con unas sombrillas. Quizá llueve. Quizá hace sol. Eso no se logra percibir. Lo cierto es que está ahí, rodeados de muchas personas. Tiene el cabello totalmente blanco y sonríe con mesura. Esa fotografía fue publicada en La Prensa Gráfica. Lo revelador es el pie de foto que dice lo siguiente: «Después de permanecer varios días en El Salvador, el general Maximiliano Hernández Martínez parte hacia Honduras nuevamente. Lo despiden en Ilopango el presidente Óscar Osorio y los oficiales Luis Felipe Escobar, Alberto Escamilla, Luis Lovo Castelar y el profesor José Andrés Orantes».

Ese año, en el mes de julio, el general Martínez visitó por última vez El Salvador. Iba rumbo a Nueva Orleans, Estados Unidos, a realizarse una operación quirúrgica. Una cosa extraña, pues era conocido que el general siempre desconfió de la medicina tradicional y que, por el contrario, sentía predilección por la cromoterapia (las famosas aguas de colores) para tratarse las enfermedades que adolecía. Pero los periódicos informaron que su viaje al país del norte era para someterse a una cirugía. El presidente Óscar Osorio, quien sentía cierta simpatía por él, lo invitó a quedarse unos días y visitaron juntos los distintos cuarteles del país. Pero su estancia fue poco más que hostil. Los estudiantes universitarios realizaron manifestaciones y lo ridiculizaron. Algunos abogados, en representación de familias ofendidas, pidieron enjuiciarlo por una serie de crímenes de antaño. Cuando regresó de Estados Unidos, e hizo escala en El Salvador para retornar a Honduras, país donde se exiló después de ser derrocado, Luis Lovo Castelar fue uno de los militares que fue a despedirlo al aeropuerto de Ilopango.

Luis Lovo Castelar, el hijo del coronel Luis Lovo Castelar, no recuerda si su padre volvió a tener contacto con el general Martínez después que lo exilara a Estados Unidos.

— Lo que sí sé es que mi papá en tiempo de Martínez había logrado, en un examen por concurso, ir a Italia, porque tuvo las mejores notas. Pero le hicieron una trampa y se la quitaron.

***

Son las cuatro de la tarde. Luis Lovo Castelar, el hijo del coronel Luis Lovo Castelar, hace una pausa y nos conduce a su biblioteca para mostrarnos algunos de sus libros sobre el general Martínez. Hay dos tomos del escritor y periodista Joaquín Castro Canizalez, conocido como Quino Caso, sobre el golpe de 1931. Un libro raro, que quizá nunca fue publicado.  Durante varios minutos habla de otros textos. Luego pega un salto y habla sobre derecho constitucional. Ahora está jubilado. Pero, a mediados de este mes, fue electo magistrado suplente de la Corte Suprema de Justicia. «Ni me llaman, hombre», dice. Continúa hablando de derecho constitucional, a parte de la historia, es su otra rama de estudio. Pero, en cierto momento, guarda silencio y nosotros comprendemos que la plática ha finalizado.

FOTO: D1/MIGUEL LEMUS

FOTO: D1/MIGUEL LEMUS

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