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¿Dónde estoy? | CRóNICAS

Un carrusel de extraños rituales en el interior de Pare de Sufrir

Un periodista de Diario1, que fingió tener problemas familiares y de salud, y que asistió durante dos semanas al templo, vivió una serie de rituales que los pastores realizaron para liberarlo de sus males.

FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
FOTO: D1/MIGUEL LEMUS
Francisco Colocho Golcher

El culto ha terminado y todos se van a sus casas, excepto yo. Me he quedado porque quiero que Fabian, uno de los pastores de Pare de Sufrir, ore por el camisón rojo de la novia con la que supuestamente tengo diferencias. Según me han explicado los líderes de esta iglesia, cuando ella use dicha prenda de vestir, sus pensamientos cambiarán: creerá en Dios y querrá casarse conmigo.

Hoy es martes. Días atrás asistí por primera vez a esta iglesia para indagar sobre sus actividades. He fingido tener problemas. Les he dicho que mi novia no quiere casarse conmigo y que me aqueja un terrible dolor abdominal. Nada de eso es verdad. Lo he dicho para que me tomen confianza.

Los pastores de Pare de Sufrir me han explicado que Dios puede hacer milagros a través de muchos elementos naturales y objetos como el agua, fotografías, chocolates y prendas de vestir. Es por eso que este martes 24 de julio he traído un camisón y una botella con agua para que mis seres queridos sean cambiados.

Antes que Fabián vea la ropa, le enseño mi botella para que suelte una enérgica oración, una de esas en las que parece que batalla con alguien mientras grita palabras como “demonio”, “Satanás”, “enemigo” y otros sinónimos. Con las dos manos sostiene mi botella y comienza a orar: “Espíritu Santo, en el nombre del Señor Jesús, yo presento ante ti esta agua. Conviértela en una santa y poderosa medicina. Amén y gracias a Dios”.

—También he traído una prenda de mi novia —le digo.

— Oh, ¿La trae?

— Sí.

Con una enorme sonrisa que parece ser la de un niño cuando abre un regalo, Fabián me muestra su satisfacción por haberle traído una prenda de vestir de mi novia. En seguida inicia una plegaria: “Espíritu Santo, así como yo pongo mis manos sobre esta prenda, coloca tu mano para curar, sanar, liberar y restaurar en el nombre del padre, hijo y Espíritu Santo. Amén y gracias a Dios”.

— Le estoy pidiendo a Dios que mi novia crea en Él y que yo pueda casarme con ella —le digo cuando el pastor termina la pequeña oración.

— ¿Ella no cree?

— Cree de una manera errónea.

— ¿Es posible que para viernes traiga una foto de ella para que la presente al Señor?

— Mire, ¿y si ella se pone esta prenda, Dios va a obrar?

— Sí, Dios a través de tu fe va a obrar para cambiar esta mentalidad. Tal vez ella cree en Dios, pero de la manera incorrecta. Así que vamos a orar por ella.

— Yo me quiero casar con ella.

— Vamos a orar para que Dios cambie esa mentalidad.

— Mire, ¿puedo traer chocolates para consagrarlos y luego dárselos para que se los coma y el Espíritu Santo vaya obrando?

—Sí.

Me retiro de la iglesia comprometiéndome a seguir asistiendo a los cultos y llevar fotografías, botellas con agua y chocolates. Previo a salir del lugar, que tiene un extraño olor del cual me estoy acostumbrando, hago una oración poniendo mi mano derecha en la cruz de madera y metal que está en el lobby. Los pastores me observan y se alegran de verme practicar ese ritual. Me dicen que esperan que regrese.

Los pastores me sugieren que al llegar a la casa coloque el agua de la botella en una jarra y que después la introduzca al refrigerador. Según ellos, a partir de entonces esa agua estará preparada para curar de enfermedades. Con el camisón solo debo dejarlo en el armario de mi novia para que ella se lo ponga y “Dios la transforme”.

La idea de llevar el agua y una prenda de vestir de mi novia me fue dada el viernes anterior por un pastor venezolano, uno que le encanta hablarle duro y pésimo a la gente cuando se trata del diezmo y ofrenda. Por ejemplo, días atrás llamó sinvergüenza a un hombre que dijo que iba a ofrendar, pero realmente no tenía dinero.

***

Escucho una música de misterio, como una melodía de película de terror producida por instrumentos de cuerdas. Un poco de temor se mete en mi cuerpo, pues el sonido que percibo y el ambiente pesado por las personas orando a voz alta, hacen que sienta que estoy en un ritual de una pieza cinematográfica sobre brujería o caníbales. Al fondo escucho las palabras de un predicador: “Que tu poder sea derramado para ayudar y liberar a cada uno de estas personas. Coloca la mano sobre tu corazón y cierre los ojos. Vamos a entrar en la presencia del Señor”. Es viernes, 20 de julio.

Es mi segunda vez en el templo y el primer servicio religioso al que asisto. Este día, todos los pastores visten absolutamente de blanco, parecen enfermeros.

Ricardo me recibe en la entrada, me saluda y acompaña hasta mi asiento en el templo. Ahí me encuentro a uno de los pastores llamado Darwin, un venezolano de aproximadamente 1.80 metros de estatura y unos 30 años de edad.

— Mucho gusto ¿Cómo estás?

— Bien.

— Bienvenido.

— Gracias.

— ¿Vienes a la reunión de las 10 de la mañana?

— Sí.

— Después me reúno contigo. Pasa adelante.

Segundos después, me saluda otro pastor, uno que también es originario de Venezuela y que será el predicador de esta mañana. Me interroga, quiere saber si es primera vez que vengo y yo le contesto que sí. Tomo asiento y en los parlantes suenan himnos religiosos cantados en español por una persona de habla portuguesa. El servicio está por empezar. Ricardo se sienta a la par mía. Dialogamos un rato.

— ¿Se ungió hoy con el aceite que le regalé ayer? —me pregunta.

— Sí.

— Haga eso todos los días, y cada vez que lo haga usted va a encontrar su transformación. El domingo venga también.

— ¿Y esa transformación va a incluir los milagros que yo necesito?

— Sí, así es. Los milagros van a acontecer, no tenga prisa. Poco a poco sucederán. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y lo demás vendrá por añadidura.

El primer día que llegué a Pare de Sufrir, Ricardo me dijo que los martes había una cruz grande en el templo.

— ¿La cruz grande dónde está? —le cuestiono.

— La cruz del martes está allá adentro. Hasta el martes se saca; está consagrada. Yo quiero que usted venga el domingo, ese día vamos a hacer la oración de la familia y usted puede traer una foto de su familia.

— ¿Una fotografía de mi familia?

— Sí, o una prenda de ropa.

— ¿Una prenda de ropa?

— Sí. Nosotros las consagramos aquí para que sus familiares puedan ser transformados.

—Ok.

— Dios va a bendecir cada vez más si usted usa la fe. Dios va a empezar a transformar su casa. Traiga la fotografía de su novia a una reunión

— ¿Fotografía de mi novia?

— La vamos a ungir y es para la reunión. Usted va a pedir: “Dios Mío consagra esa fotografía”. Traiga también una botellita con agua para nosotros consagrarla y usted tenga sanidad, porque yo creo que ese dolor ya salió en el nombre de Jesús”.

Ricardo se va y me deja solo. Medito en las palabras y observo que en el altar hay un recipiente transparente con agua y un ramo de una planta que no alcanzo a diferenciar.

El culto comienza con gran entusiasmo. El predicador venezolano se para y pide que los que hemos asistidos nos paremos para orar. “Que tu poder sea derramado para ayudar y liberar a cada uno de estas personas. Coloque la mano sobre tu corazón y cierre los ojos. Vamos a entrar en la presencia del señor”, dice el predicador. La música misteriosa se oye.

Continúa orando: “Mi Dios y mi padre, nosotros entramos ahora delante de tu presencia para que tu poder sea derramado esta mañana. Aquí hay personas, que necesitan de tu ayuda. Aquí hay personas enfermas, que se encuentran pasando por dificultades. Personas que no conciben dormir por las noches porque están angustiadas, desesperadas. Entonces, mi Dios, ven a extender tu mano poderosa para liberar a cada persona que acá se encuentra. Hable con Dios ahora y dígale: yo necesito de su ayuda. Yo necesito que en esta mañana tu poder se derrame y me libere, me cure, me sane, me libre de todo mal. Hable con Dios ahora y Dios va a quitar ese mal, esa angustia”.

Mientras la oración avanza, la melodía de terror cambia y pasa a ser una de connotación victoriosa, similar a la música que sale en películas de guerra en las escenas cuando el protagonista triunfa.

Nos pide repetir cada frase que va diciendo: “Señor Jesús yo te pido en esta mañana derrama de  tu poder y libera todos los males. Señor Jesús yo quiero salir de esta reunión libre en el nombre del Padre, en el nombre del Hijo, en el nombre del Espíritu Santo. Amén”.

La siguiente orden que el venezolano proporciona es que las 20 personas que estamos acá nos demos la mano. Nadie dice “Dios le bendiga” o se da la Paz del Señor como en las iglesias evangélicas o católicas, respectivamente; aquí solo se da la mano y los buenos días. Las alabanzas suenan y los aplausos se oyen en el templo durante casi cinco minutos.

El obispo, máxima autoridad dentro de la iglesia, no está presente porque tenía una reunión, de acuerdo con las palabras del predicador, quien ahora ordena que repitamos después de él estas palabras: “Yo creo que Dios en mí quitará todos los males. Así será”. Nos manda a sentarnos y comienza un discurso para hablar de agua y ruda.

FOTO: D1/MIGUEL LEMUS

FOTO: D1/MIGUEL LEMUS

El baño con ruda

“Hay muchas personas que están mal espiritualmente, que necesitan una limpieza, necesitan un lavado. Por eso Dios dijo ‘voy a esparcir agua limpia para limpiarte de toda inmundicia’. Toda inmundicia son las enfermedades, la depresión, la angustia, la pesadez, la envidia, la brujería. Todo eso son suciedades espirituales”, dice el pastor venezolano para explicarnos que nos echará agua con ruda.

Las personas oyen atentos el mensaje. Un hombre de camisa negra afirma con la cabeza cada vez que escucha algo que le parece. Una señora parece no estar de acuerdo. El predicador se le queda mirando mientras habla.

“Hay personas que son víctimas de una brujería, ellas no entienden y dicen ‘carajo, por qué todo me sale mal si yo procuro hacer las cosas honestamente, pero todo me sale mal’. Estas personas no entienden. Hoy vamos a esparcir agua limpia, ese mal espiritual Dios lo va a quitar”.

Después de esas palabras le pregunta a una mujer si le duele algo y ella le responde que sí, que tiene cuatro años padeciendo de un dolor de espalda.

“Cuando usted se baña, usted siente su cuerpo limpio y queda relajado. Entonces, hoy esa suciedad espiritual Dios la va a quitar para que usted tenga una paz en el nombre de Jesús. ¿Entendieron? Nosotros tenemos acá la ruda. ¿Usted, iglesia, conoce la ruda? Ustedes podrían decirme que la ruda es de la brujería ¿Quien dijo? dígame, ¿Quién dijo eso? La Biblia dice que Dios creó toda la naturaleza, entonces todo árbol y toda planta fue creada por Dios, pero el diablo usa lo que Dios creó para destruir.  Entonces quítese la idea que ese monte es del diablo o que la usan los brujos”, grita el predicador que se mira muy emocionado por lo que está a punto de ocurrir. Nos hace levantarnos de nuestros asientos. La oración empieza y la música de misterio vuelve a sonar.

“Señor Jesús, tu palabra dice que el Señor esparcirá agua limpia sobre nosotros. Entonces que esta agua sea como fuego que nos limpie y arranque  toda suciedad, toda inmundicia, enfermedad,  todo mal sea arrancado. Cuando esta agua caiga sobre estas personas esa enfermedad y problema se irá. Ahora diga conmigo: Señor Jesús coloca ahora poder en esta agua y por la fe cuando esta agua sea esparcida yo seré libre en el nombre de Jesús”, para de orar y hace que pasemos frente al altar.

Simultáneamente, el pastor Darwin agarra un ramo de ruda, que reposa en un recipiente con agua, y lo sacude para que el agua nos caiga en la cara. Siento el olor de la ruda muy cerca de mí, tengo los ojos cerrados. Después de varios segundos las hojas pasan por mis mejillas. Mi camisa se queda mojada debido a que la ruda se posa sobre mi camisa. Una mano me toca la espalda baja. Es una señora que está detrás de mí y que busca apartarme porque quiere estar adelante con el propósito de recibir más agua.

El predicador continúa orando. Pide que guardemos silencio, que solo él va a orar porque “ahora a Dios le toca obrar”. Reza y pone sus manos en la cabeza de la mujer que afirma padecer el dolor espalda.  Menos de dos minutos después termina de orar y le dice a ella que se agache o que haga algo que no podía hacer. Ella acata la indicación y afirma no sentir nada; el venezolano dice que Dios ha hecho el milagro.

El hombre sigue pidiendo por sanidades físicas. De repente, lo tengo frente a mí. Me pone las manos en la cabeza y empieza a gritar mientras pronuncia: “Sal de esta persona, sal de esta persona, la brujería, la envidia, la hechicería, el daño que hicieron contra él sea quemado, sea destruido y sea arrancado ahoraaaaaaa. El poder de Dios toca en cada cuerpo, en cada vida”

Luego, nos ordena que hagamos una oración: “Señor Jesús, quema ahora todos los males, enfermedades, envidias, brujería, pesadez que salga ahora en el nombre de Jesús”. Nos ponemos las manos en la parte del cuerpo que nos duele. Seguimos orando. Finalmente, respiramos profundo y decimos “soy libre”.

El predicador termina la oración y pregunta si hemos sido sanos de nuestra enfermedad. Una señora con un aspecto de campesina dice que en el año 2016 empezó a padecer de un dolor en su rodilla, pero que ahora ya no lo siente. La gente aplaude por indicación del pastor que grita muy fuerte.

El hombre de la camisa negra, que en el momento de la predicación afirmaba con la cabeza todo lo que el venezolano estaba diciendo, alega que ha sido diagnosticado con cáncer.

— ¿Te habían diagnosticado con cáncer?

— Sí.

— Ven para acá. Se curado del cáncer en el nombre de Jesús. Recibe vida, recibe salud por medio de la fe. Respira hondo. ¿Tenías dolor y molestia cuando llegaste?

— Sí.

— Y ahora ¿Cómo te sientes?

— Ya no.

— ¿Ta viendo? Dios limpió. Iglesia, ¿Quién hizo la limpieza?

— Dios.

— Dé un aplauso por favor. Ya ven que vale la pena venir un viernes. Claro que vale la pena. Usted no puede faltar viernes por más que usted se sienta mal, usted no puede faltar y sabe por qué, porque todos los días la maldad allá afuera existe. Existe gente envidiosa que te quiere ver postrado ¿o no, mi gente?

— Sí, pastor — dice una anciana.

—Hay familiares, vecinos que supuestamente dicen ser tus amigos. Pero el único amigo es Cristo. Por eso nadie puede faltar.

Una señora de aproximadamente 50 años de edad que viste una camisa rosada interrumpe al predicador. Empieza a platicar con él en voz alta frente a todos.

— Usted me conoce ya, ¿verdad?

— Sí, claro que la conozco

— Yo tengo años de perseverar, fíjese que mi hijo.

— ¿Por su hijo viene?

— Yo por él vengo y ha dejado de tomar

— ¿Era bolo y dejó de tomar?

— Sí

— Entonces es necesario que los viernes usted no se quede.

La gente aplaude. Todo parece ser celebración. El pastor nos manda a sentarnos y un himno de sanidad hace que los parlantes retumben en el templo. “El que canta sus males espanta”, recita el orador antes de pedir la ofrenda.

“Tengo que decirte algo importante. Solo tu fidelidad, solamente tu fidelidad con Dios puede hacer que el devorador no se meta contigo. La biblia habla de un demonio llamado devorador y él lo que hace es devorar tu comida, tus artefactos eléctricos, él devora tu salud y familia. Por eso es que vemos a personas que están gastando y gastando. A veces sus pertenencias estaban bien, pero se echaron a perder de un momento a otro y dicen ‘Caramba si esto estaba bien y por qué se echó a perder de un momento a otro. Caramba, ¿Qué está pasando si esto acá lo mandé a arreglar la semana pasada y otra vez se echó a perder?’ Lo que pasa iglesia es que ahí hay un espíritu devorador y ese devorador no se vence con oración ni con ayuno. Ese devorador se vence cuando nosotros tenemos nuestra fidelidad con Dios, por eso es importante ser diezmista y ser fiel. No robe a Dios”, pronuncia el venezolano.

El predicador dice que el 10% de lo que uno gana corresponde a Dios y que no importa si es poco. “No importa si tu diezmo es un dólar.  ‘Pastor yo recibí 100 dólares’ ¿Cuánto es el diezmo de 100? Diez dólares. Si a usted le pagaron 100 dólares usted debe dar 10 dólares. No es mucho, pero es fidelidad. Para Dios, aunque sea poco o mucho, para Dios es fidelidad. Poco o mucho, diezmo es diezmo y es de Dios, le pertenece a él. Si a usted le pagaron, regalaron, o le dieron, prestaron. Si usted vendió una propiedad y usted no apartó el diezmo, usted le está robando a Dios, porque todo lo que llega a mis manos, tengo que apartar el diezmo. Yo voy a hacer una oración por todos los diezmistas y si usted no es diezmista, también voy a orar por ti para que Dios toque su corazón y usted sea fiel, así el devorador se irá”.

El venezolano se para a un costado del pulpito para cerrar y abrir la puerta que está ahí. Dice que así funciona cuando uno diezma. Si se da el diezmo, las puertas se cierran para el devorador y no puede entrar a la vida de uno; si uno no da nada, entonces las puertas están abiertas al devorador.

“Si usted está desempleado, las cosas van a comenzar a darse, te van a comenzar a llamar y  decir cosas como ‘Mire tengo un trabajo para ti’. ¿Me entiende lo que les digo, iglesia? Dios es el encargado de abrir todas las puertas y él cuando abre todas las puertas nadie las puede cerrar. Ahora la puerta que estamos cerrando es la puerta para que el devorador no entre. Entonces usted va a agarrar ahorita su diezmo y lo va a presentar a Dios y si no ha traído su diezmo, entonces va a presentar su mejor ofrenda. ‘Yo quiero dar para Dios dos, cinco o diez dólares’ o puede ser que diga ‘Pastor yo quiero dar a Dios, cinco o 10 dólares o una cora’ está bien. Todo lo que salga del hombre tenemos que darlo con amor”.

Insiste en que oremos para que Dios abra las puertas del cielo. Pasamos a ofrendar y suena una música pegajosa cuya letra está basada en el salmo 23 “El señor es mi pastor, nada me faltará. Nada temeré, nada temeré, nada temeré”. Se acaba la música. El pastor pregunta si alguien quiere sobre de diezmo para que alguien llegue a entregárselo.

Vuelve a predicar y esta vez habla sobre los resentimientos de la infancia. Dice que debemos perdonar para ser libres y olvidar los malos recuerdos. Lee versículos bíblicos relacionados al tema y pide que los oyentes los busquen en casa para que comprueben que él no está inventando nada. Nadie ha traído Biblia.

Poco a poco el discurso empieza a tomar otra dirección y el tema central pasa a ser la prosperidad. “Yo voy a colocar la unción aquí en la frente en todos ustedes”, declara el pastor.

Nos dice que quiere que nos paremos y pasemos al frente para que con el dedo nos ponga un poquito de aceite en nuestra cabeza. Antes pide de favor que el otro viernes llevemos una ofrenda en un sobre que nos dará y que atrás de dicho objeto pongamos los recuerdos que nos entristecen y no nos hacen avanzar en nuestra vida.

“Vamos a estar clamando para que Dios quite esos recuerdos del pasado y miremos hacia delante porque cosas nuevas vendrán. Amén. Acá dentro del sobre usted va a preparar una ofrenda. Nadie está obligado a traer la ofrenda porque la ofrenda es símbolo de agradecimiento por lo que Dios hará, seguirá haciendo y nos ha dado. Si me preguntan cuánto es lo que usted va a colocar, yo le digo que usted puede colocar tres, cuatro, cinco o cien dólares, conforme a su condición y conforme a su amor lo que usted quiera presentar. Dios no está obligado a dar nada porque tiene que nacer de la propia persona”. La gente que afirma que ha sido sana asienta con la cabeza indicando que está de acuerdo con la petición del pastor.

Ora para que las personas dejen sus recuerdos en el pasado. Desfilamos a ofrendar una vez más y al mismo tiempo somos ungidos.

El chocolate bendito

El pastor venezolano no se cansa de pedir cosas. Esta vez solicita que la próxima reunión traigamos una botella con agua para que los pastores oren por ella. Según los pastores, el propósito es que yo la ponga en la refrigeradora y mis familiares deben luego tomar del agua que está dentro para que así sean sanos de sus enfermedades.

Además, debo llevar una prenda de ropa para que sea ungida y “Dios obre en la persona que la use”.

Cuando creo que todo ha acabado, el venezolano alza la voz para explicar un evento que será el domingo 29 de julio. Nadie se levanta aún. Ricardo comienza repartir las invitaciones para lo que será la distribución del “aceite santo consagrado” en el templo de Salomón, la sede mundial de esta iglesia, una especie de Vaticano o basílica de San Pedro, que se encuentra en San Pablo, Brasil.

El venezolano reproduce en un televisor un vídeo en el que se mira a un anciano vestido elegantemente sosteniendo un bote de aceite en la fechada del mencionado templo. El hombre del vídeo es Osvaldo Ceola, el obispo y dirigente de Pare de Sufrir en El Salvador, quien dice que el aceite que se repartirá el 29 de julio ha sido consagrado por 11 mil pastores y que es milagroso.

“Un poquito de ese aceite (el que apareció en el vídeo) será mezclado con aceite de El Salvador y vamos a distribuirlo con todos ustedes. Traiga un amigo, Por favor no venga solo”, expresa el predicador agregando que ya ha terminado la reunión y que vamos a orar para despedirnos; yo sonrío porque ha terminado el servicio, no obstante, hay que dar una ofrenda más. Depositamos la ofrenda “semilla” y con eso se termina el servicio de hoy.

Yo no me voy. Debo esperar que el pastor Darwin venga a hablar conmigo. La música se escucha de nuevo, me siento que estuviera en una iglesia católica, por el tipo de ritmo y voz que se escucha.

Darwin se sienta a platicar conmigo y le expongo mis problemas. Él me dice que si mi novia no me quiere porque ama a otro, yo no debo estar con ella. Me aconseja y hace conciencia de las implicaciones del matrimonio.

“Dios puede transformarla a ella, solo es de creer”, me expresa Darwin para darme aliento. Luego me cuestiona:

— ¿Qué es lo que más le gusta a ella comer?

—  Chocolate

—Entonces, puedes traer un chocolate el domingo para que cuando el obispo diga que vamos a consagrar, tú puedas levantar el chocolate. Porque no es ella. Parece que es un mal espiritual dentro de ella, haciéndola actuar de esa manera. Tu consagras el chocolate para que el mal que está dentro de ella salga y no hable con personas que no debería de hablar. Luego tú te reúnes con tu novia y le das el chocolate y no le digas que es consagrado porque pueda ser que te diga ‘huy no, yo no quiero eso’, porque las personas del mundo no entienden.

Un río de palabras se desborda de Darwin. Él me dice que no me case todavía y que le pida a Dios por una esposa y que resista a las tentaciones de mujeres que puedan venir de parte del diablo.

— ¿Dios va a obrar por medio del chocolate?

— Claro. Así como bendice el agua, él bendecirá el chocolate. Cuando yo conocí a mi esposa ella era rockera y venía a la iglesia vestida de negro y yo decía en mi interior “esa es la mujer que quiero para mi vida”. Yo comencé a orar a pedirle a Dios que me la diera y sí fue.

Darwin ora por mi supuesta hernia y echa aceite consagrado en mi abdomen. Me da la mano grasosa por el líquido y me despide, esperando que no deje de congregarme con ellos porque “aún faltan que muchas cosas sucedan en mi vida”.

PRIMERA ENTREGA: Pare de Sufrir, los mercaderes de la fe que dicen expulsar demonios

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