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¿Dónde estoy? | CRóNICAS

Así me atendieron en el enfermo hospital Zacamil, el reino de la escasez

Un periodista de Diario 1 trató de pasar consulta en este hospital público del área metropolitana de San Salvador, con el fin de documentar lo que cientos de salvadoreños viven en el sistema nacional de salud.

Gerardo Arbaiza
Foto: D1/GERARDO ARBAIZA
Foto: D1/GERARDO ARBAIZA

El sistema nacional de salud está plagado de constantes denuncias de mala atención y desabastecimiento de mediciamentos y equipos. Estos reclamos se topan con un Ministerio de Salud que en los últimos meses ha inaugurado unidades de atención especializada en varios hospitales y que insiste en que se hace el máximo esfuerzo para mantener los hospitales abastecidos.

Para corroborar en carne propia la realidad de la salud pública salvadoreña, fui la mañana de este martes al Hospital Zacamil, fundado en los últimos años de la administración de Alfredo Cristiani. Expresé que tenía una dolencia en las vías urinarias y quería descartar la idea de cálculos en los riñones. La encargada de registro en la unidad de emergencia me pidió una tarjeta, pero como no tenía expediente abierto en dicho nosocomio, tocó abrirlo.

Con expediente abierto, me remitieron con uno de los médicos residentes de la unidad de emergencias. Al explicarle mis síntomas me envió al laboratorio a solicitar unos exámenes. Emergencias no parecía muy concurrido, pero el médico explicó que en promedio se atiende 32 personas que vienen por emergencias, las cuales son atendidas por cuatro residentes, cinco internos y cinco enfermeras, quienes además tienen que lidiar en ocasiones con cuestiones del área de hospitalización.

Era temprano y no había muchos pacientes en emergencias, pero la situación cambiaría paulatinamente. En el camino entre el área de emergencias y laboratorio está la llamada unidad de máxima urgencia, un área inaugurada por el presidente Salvador Sánchez Cerén en 2014. Lo que buscaba contribuir a la mejor atención de los pacientes de emergencia, ha caído en un dramático descuido, con pacientes incluso cepillándose los dientes y sin mayor separación entre ellos que unas cortinas, expuestos a contagiarse mutuamente con sus propias infecciones.

Al entrar al pasillo que conduce al laboratorio hay camillas apiñadas en un rincón. Algunas de estas tienen los colchones rotos y sus respaldos oxidados. Más adelante, la unidad de laboratorio clínico es la que tiene más demanda este día y algunos de los pacientes esperan sentados en el suelo su turno para ser atendidos.

Con las boletas de la solicitud de exámenes, hice la cola para las muestras que debía entregar, pero de entrada me indicaron que había uno de los exámenes que no me los podían hacer, aun si era remitido de emergencias y que para eso debía de hablar con el médico. Seguidamente regresé con el galeno, quien me dijo que los encargados de laboratorio no debían cuestionar el por qué remiten ciertos exámenes y luego añadió una indicación en la receta del examen.

A todo esto, ya tenía el frasco para la muestra de orina y tuve que salir a la cafetería a buscar un baño. El baño de hombres tenía roto uno de los inodoros y el único en uso estaba insalubre y con unas curiosas pintas alusivas a pandillas.

Placa conmemorativa junto a la entrada de la unidad de máxima urgencia del Hospital Zacamil. Foto: D1/GERARDO ARBAIZA

Placa conmemorativa junto a la entrada de la unidad de máxima urgencia del Hospital Zacamil. Foto: D1/GERARDO ARBAIZA

Con la muestra en mano, regresé a hacer la fila en laboratorio. Los dependientes de la ventanilla me insistieron que uno de los exámenes no lo podrían hacer, sin dar mayor explicación al respecto.

Acto seguido vino la invitación a esperar con un número de expediente a ser llamado para el hemograma. En esa espera conocí a don Julio, quien llegó acompañado de su hija al área de laboratorio.

Julio tiene parálisis en una de sus piernas y padece de azúcar elevada en la sangre, por lo que tiene que hacerse periódicamente exámenes de sangre. Al conversar con él, expresó que en Semana Santa estuvo ingresado, pero que aun con padecimientos le dieron el alta, junto con otros pacientes internados por diversos padecimientos.

“Solo el más enfermo se quedó”, aseguró don Julio. Al consultar con el médico que lo envió al laboratorio, me respondió que esas fueron disposiciones de las autoridades del hospital, quienes querían disponer de más espacio para las emergencias que pudieran surgir en el período vacacional.

Además señaló que una de las razones por las cuales emergencia no tenía tanta demanda ese día, era la suspensión de cirugías electivas en el hospital, algunas de las cuales se programan hasta dentro de un año.

La razón por la que estas cirugías están suspendidas es la falta de insumos para esterilizar los implementos necesarios en una intervención de esta magnitud. Otro aspecto que dificulta la atención en este establecimiento público clasificado como hospital departamental, son las condiciones en las que trabajan los médicos residentes e internos.

Algunos de ellos comentaron que tienen que trabajar turnos de más de 24 horas y solo existen dos camas para médicos de turno sin acceso a baños. Casi todo el espacio destinado para que los médicos de turno pernoctaran se ocupó en la unidad de examen de tomografía computarizada, inaugurada por el presidente Sánchez Cerén en 2016.

Servicio sanitario en el Hospital Zacamil. Foto: D1/GERARDO ARBAIZA

Servicio sanitario en el Hospital Zacamil. Foto: D1/GERARDO ARBAIZA

Dicha unidad está aledaña al sector de laboratorios y la entrada cerrada con llave contrasta con la placa de inauguración. En otras palabras y de acuerdo con algunos médicos, a los pocos meses de abierto, entró en desuso y se cerró.

Los baños destinados para los médicos de turno, ubicados en la parte baja del hospital, están inservibles y en la única ala en la que los servicios sanitarios funcionan, estos tienen alta demanda y a la vez están insalubres.

En uno de los consultorios de emergencia, los médicos tienen un lavamanos que lleva roto hace tiempo. Los doctores afirman que reportaron la avería hace tiempo, pero que las autoridades no han respondido.

Por mi parte ya estaba desesperado por el largo rato que llevaba esperando a que me hicieran el hemograma. Pude ver el caso de un hombre que tenía un catéter puesto y esperaba junto a su esposa que lo atendieran. Con frustración y cansancio, le dijo a su esposa que salieran a la cafetería y que regresaran otro rato, al consultarle si esperaba por exámenes, este respondió:

“Sí, llevo dos horas esperando”.

Esto me hizo claudicar a la idea de que sería atendido pronto e intenté probar suerte con la ultrasonografía, otro de los exámenes diagnosticados por el médico residente. En la unidad de radiología solo hay un especialista para leer todos los exámenes.

Al intentar conseguir una cita para la ultrasonografía, la encargada de ventanilla dijo que los cupos para los exámenes se han acabado para 2018 y que deberé regresar hasta noviembre para ver si quedo en los cupos del próximo año; de lo contrario, estaba la opción de hacerlo en una clínica particular.

Había invertido toda la mañana en intentar pasar consulta en el hospital. Alrededor de las 7:00AM, hora en la que llegué al hospital, la ministra de Salud Violeta Menjivar se encontraba en una televisora gubernamental, hablando del esfuerzo que hace el gobierno por equipar los hospitales y la necesidad de que se apruebe un préstamo de $170 millones para la construcción del nuevo edificio del Hospital Rosales, el más importante de la red pública de salud.

No obstante, las quejas respecto al abastecimiento y al mantenimiento que el gobierno le da a los hospitales periféricos son constantes entre pacientes, médicos y ahora este reportero, quien desistió de seguir esperando (después de más de tres horas) a que le realizaran los exámenes restantes y sin ninguna garantía que saldría del sanatorio con los mismos, algo que según el doctor que me atendió, es crucial para brindar un diagnóstico efectivo.

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