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¿Dónde estoy? | CRóNICAS

Los salvadoreños que enseñan las bondades del idioma español en la India

Con cerca de 13 años de radicar en territorio indio, el matrimonio Ochoa está más que habituado al choque cultural y el futuro lo ven como una oportunidad para seguir capacitándose en lo que mejor saben hacer.

Gerardo Arbaiza
Ana de Ochoa (Primera de izquierda a derecha) y Marvin Ochoa (Primero de izquierda a derecha).
Ana de Ochoa (Primera de izquierda a derecha) y Marvin Ochoa (Primero de izquierda a derecha).

Es otoño en el Valle del Doon, un cónclave en el noroeste de la India donde el calor es hasta cierto punto soportable en verano, y las noches suelen ponerse muy frías en otoño e invierno. Una de sus ciudades más emblemáticas es Dehradun, la capital del estado de Uttarakhand, que de a poco va convirtiéndose en una aglomerada metrópolis, como las que abundan en India.

En esa ciudad, en la que se lidia con el tráfico plagado de motocicletas y vehículos compactos de Dehradun, bajo una seca mañana de octubre, Shashank Mall trata de abrirse paso para llegar a tiempo a su clase de español.

Shashank parquea su motocicleta dentro de un pequeño pasillo de una casa de dos plantas, a cinco minutos del centro de Dehradun, y entra a la recepción del HeritageInstitute of Languages, una escuela de idiomas  cada día más influyente en la ciudad.

Shashank espera que su profesor comprenda su demora: Se aproxima el Diwali, la fiesta en honor al dios Vishnu, parte de la trinidad de deidades más importantes del hinduismo, y la gente aglomera las calles en busca del regalo que compartirán con sus seres queridos, por lo que el tráfico es más difícil que de costumbre, en una ciudad que es atravesada por dos calles principales: Canal y Rajpur.

La respuesta que recibe es amable y en castellano, invitándolo a pasar a un salón donde practicará desde el punto en que dejó la lección anterior, y durante una hora escuchará español, para desafiar su mente e incluir otro idioma a su conocimiento y dominio, el cual ya incluye tres: inglés, punjabi e hindi.

Aun cuando no estudió en la universidad para ser profesor de idiomas, enseñar es una tarea que desafía cada día más a Marvin Ochoa, quien a finales de año tiene la asignación de ser profesor de español de jóvenes de distintas nacionalidades.

Su esposa Ana también se dedica a la enseñanza, tanto de español como de inglés, y por estos días comparte el tiempo entre la escuela Heritage y dos universidades de Dehradun, que han pedido sus servicios para que pueda enseñar español a estudiantes de educación superior.

Ambos tienen más de 18 años de casados y van para su tercer año en Dehradun, y en general su decimotercero en India. Ambos coinciden de moverse al noroeste de India les ha abierto una serie de mejores oportunidades y formar parte de una escuela que cada día tiene más demanda y se hace cada vez más pequeña para todos los interesados en aprender idiomas.

Por su parte, Shashank contará en esta clase de día viernes con un asistente para ayudarle con sus ejercicios de conversación: la persona que escribe estas líneas. Los ejercicios de esta ocasión son de verbos en presente progresivo. Shashank pregunta en inglés las cosas que no entiende y siempre obtendrá una respuesta en español por parte de Marvin.

Marvin Ochoa comenta que hay muchas razones por las que cada vez más indios buscan aprender el español. Principalmente, el aprendizaje del idioma motiva a aquellos que buscan establecerse y hacer negocios en otros países.

Mercado -bazar- de Dehradun. Foto: Gerardo Arbaiza.

Mercado -bazar- de Dehradun. Foto: Gerardo Arbaiza.

Además de esto, cantantes y músicos de origen hispano como Enrique Iglesias y Shakira, son de hecho muy populares en India, por lo que algunos buscan aprender español para entender y cantar lo que dice en las canciones que los hacen bailar de cuando en vez.

A Shashank lo motiva algo muy concreto: Es el hijo de un alto oficial del ejército indio, uno de los más numerosos y potentes en el mundo. Su familia cuenta con una importante solvencia económica y su sueño es formar parte del servicio diplomático de la India, por lo que además de español, busca aprender el japonés.

La hora de clases con Shashank terminó para Marvin y es hora de ir a su casa, que queda a pco más de diez minutos a pie de la escuela de idiomas para ir a almorzar. En la tarde lo esperan más alumnos: Dos niñas coreanas que son muy tímidas para dejar que un extraño comparta su sesión de clases con ellas.

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La aventura en India para Marvin y su esposa Ana, comenzó hace 13 años. Una prima de Ana le comentó las posibilidades de poder abrir escuelas de idiomas, ya que empezaban a tener mucha demanda.

A Ana esto se le facilitaría, dado que ella tiene una licenciatura en traducción e interpretación del idioma inglés. Su adolescencia la vivió en Estados Unidos, donde aprendió el inglés a la perfección.

Por su parte, Marvin se encargaba de un negocio familiar de compra-venta de vehículos, antes de emigrar a India; algo bastante alejado de su carrera universitaria, la cual es Química y Farmacia. Dado que todos sus hermanos viven en Estados Unidos, en las varias ocasiones en que los fue a visitar, se familiarizó con el idioma inglés.

Esto les serviría hasta cierto punto en India, una antigua colonia inglesa, donde toda la población busca hablar inglés, pero no todos logran conseguirlo, y donde además hay una enorme gama de idiomas, los cuales varían a medida que se ingresa a un estado o región.

A su llegada en el año 2004, los Ochoa se instalan en Calcuta, una mega metrópolis sobrepoblada, donde el calor y las intensas lluvias son las constantes, durante la mayor parte del año.

Además del inglés, los Ochoa decidieron que se debían abrir paso entre la población y aprender el idioma más hablado en la ciudad capital de Bengala Occidental: el bengalí.

Llegaron a poder aprender el bengalí, hasta un punto en el que podían salir a la calle y darse a entender con la gente. Esto fue de la mano con la capacitación para convertirse en instructores de idiomas.

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Escena cotidiana en Dehradun. Foto: Gerardo Arbaiza.

Tras habituarse al clima de Calcuta y a una dieta en la que se excluye escrupulosamente la carne de res, pero se come ocasionalmente pollo y cordero, además de que se aderezan las comidas con especias muy fuertes al paladar promedio, los Ochoa abrieron una escuela en dicha ciudad, junto con otra familia de salvadoreños.

Pero antes que ellos se establecieran en Calcuta, ambos tuvieron un viaje en el que conocieron a Hugo Cesar Alves y su esposa Lessandra, una pareja de brasileños que se habían establecido en Dehradun y buscaban abrir una escuela de idiomas.

El contacto entre los Ochoa y los Alves se mantuvo hasta que en 2013, los Ochoa deciden emprender un viaje en tren de casi dos días de duración, para moverse de Bengala Occidental a Uttarakhand, empacando todo lo que tenían y dejando la escuela en manos de la otra familia salvadoreña.

El cambio fue beneficioso para ambas familias, porque la escuela Heritage, la cual dirigen Hugo y Lessandra, pudo contar con profesores nativos de español y la demanda global de clases empezó a crecer; mientras que los Ochoa pudieron llegar a una ciudad en la que todo lo necesario estaba más cerca que en Calcuta.

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El cambio de ciudad implicó para los Ochoa el adaptarse a nuevas cosas. Primero implicó el hecho de casi desaprender el bengalí, el cual nadie habla en Dehradun, y aprender el hindi, el idioma de comunicación general de India. Actualmente, además de enseñar español, ellos reciben clases de hindi en Heritage, y buscan practicarlo con la gente, a la hora de comprar o interactuar.

El transporte colectivo era la forma en cómo Ana y Marvin se trasladaban alrededor de Calcuta, y que este tiene más demanda. En Dehradun, la cantidad de opciones de transporte colectivo son menores: De buses públicos hasta “Vikrams”, una especie de mototaxis que cobran su servicio en base al trayecto recorrido. Estos últimos dejan de pasar después de las 7PM y no atraviesan toda la ciudad, sino que solo transitan una de las dos calles importantes de la ciudad.

Esto, aunado al hecho de que no tienen hijos, llevó a los Ochoa a pensar en una opción de transporte, y adquirieron una motoneta automática o “scooter”, la opción de transporte más popular e India, junto con las motocicletas.

Esto les ha servido mucho, principalmente cuando Ana debe dar clases en universidades fuera del área urbana de Dehradun: Grafic Era y DehradunInstitute of Tecnology (DIT), dos universades rivales que están entre las mejores en India en desarrollo tecnológico.

Dehradun es una ciudad que alberga los mejores centros educativos en India. El clima agradable de la zona es una razón por la que gente importante en India decide mandar a sus hijos a educarse en Dehradun, la cual es hogar de importantes internados internacionales como DoonSchool y KasigaSchool, en donde estudian jóvenes de todas partes de Asia y se imparten clases, casi que exclusivamente en inglés.

Grafic Era y DIT tienen convenio con la escuela Heritage, para poder impartir a todos los estudiantes que lo deseen, clases de español y alemán. Ana es con regularidad la encargada de la clase en español en ambas universidades y Marvin también ha tenido oportunidad de dar clases.

Instituto de idiomas Heritage, donde Ana y Marvin se desempeñan como profesores de idiomas. Foto: Gerardo Arbaiza.

Instituto de idiomas Heritage, donde Ana y Marvin se desempeñan como profesores de idiomas. Foto: Gerardo Arbaiza.

La escuela Heritage abrió al público en 2005, como una escuela que solo impartía español, más tarde se incorporaron las clases de inglés e hindi para extranjeros, y por último el alemán, el cual enseña Linda, una joven alemana de fuerte determinación.

Las clases de hindi para extranjeros, son las que tienen más demanda en la escuela, ya que Dehradun por su cercanía con los Himalayas indios y otras atracciones turísticas, es muy frecuentada por extranjeros.

Después, las clases de inglés y español para indios son las más solicitadas en el instituto, según comentó el director Hugo Álves.

En cuanto a la adquisición de bienes en India para una familia salvadoreña, cabe resaltar que India es hogar de algunas de las ciudades con los estilos de vida más baratos en el mundo, según publicaciones especializadas. Mega ciudades como Delhi, Mumbai o Bangalore, ofrecen precios muy accesibles a los consumidores en general.

Un apartamento en Dehradun cuesta en promedio $200 mensuales el alquiler. En los últimos meses han proliferado soluciones habitacionales, para ir de la mano con la explosión demográfica que ha experimentado la ciudad, la cual ha absorbido población de ciudades como Nueva Dehli.

Las opciones en comida también son accesibles y ya se puede ver cadenas transnacionales de restaurantes como KFC, Pizza Hut, Domino’s y Burger King, entre otras. El ajetreo de las clases le vuelve difícil a los Ochoa el poder comer en casa, pero luego de 14 años en India, ellos no tienen problema con los fuertes condimentos y los plantillos, en algunos casos, eminentemente vegetarianos.

“Eso es algo que a la larga ya no te hace falta”, comenta Marvin Ochoa, sobre su dieta vegetariana en India, sin carne de res en lo absoluto.

Además comenta que han tenido visitas por parte de amigos de otros países, los cuales no se han podido adaptar bien a la comida, principalmente por los fuertes condimentos.

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El trabajo de Ana y Marvin ha influenciado para bien a varias personas. Una de ellas es Tarak, quien desde hace bastante tiempo tuvo el deseo de aprender español. Primero se inscribió a clases en diversos centros culturales en Calcuta, donde conoció a los Ochoa, para luego inscribirse en la escuela que ellos administraban en Calcuta.

En la actualidad su nivel de español es tal, que ahora es profesor de español en una de las escuelas más exclusivas de Dehradun, adonde se mudó, a raíz de una recomendación del director de Heritage para que enseñara español.

Uno de los alumnos más sobresalientes de los Ochoa es RadheyBadhani, un joven de 22 años que estudia ingeniería en una universidad local. Radhey hablaba previamente cuatro idiomas: hindi, inglés, punjabi y garwhali, la lengua de la familia de su madre.

Radhey, mostrando la perseverancia que caracteriza a los indios, quienes no dejan de intentar algo hasta que lo logran dominar a la percepción, fue constante en sus clases, e incluso solía practicar con los Ochoa en un club de español, al que suelen llevar cada domingo a sus estudiantes de español, a un café local.

El joven solía trabajar en un centro de llamadas en las afueras de Dehradun, el cual le imponía un horario esclavizante a cambio de una paga que no compensaba sus esfuerzos. Esa rutina le ocasionó caer enfermo a mediados de año, por lo que tuvo que renunciar.

No obstante, y gracias a la recomendación de Tarak, una escuela privada de señoritas en el centro de Dehradun le ofreció trabajo como profesor de español por cuatro horas a la semana y por un salario sustancialmente mejor al que tenía en el call center.

“El español cambio mi vida porque, además, ahora tengo dos maravillosos profesores que son como mis padres (Ana y Marvin). Ellos me ayudan mucho, también yo me siento diferente en mi familia y en Universidad, porque soy el único chico que habla español”, expresó Radhey.

Ana y Marvin se mantienen en constante comunicación con su familia en El Salvador, además que cada día viven empapados de la realidad de su país.

En el caso de Marvin, él tiene que ver por su padre, quien enfrenta una serie de complicaciones de salud, debido a su avanzada edad.

Aun cuando visitan el país con cierta periodicidad, ambos siguen interesados en mejorar sus aptitudes para la enseñanza de idiomas. Ana se encuentra en un entrenamiento para obtener la certificación CELTA (Certificado para la Enseñanza de Idioma Inglés para adultos por sus siglas en inglés), del cual espera salir avante, porque según ha escuchado comentarios, el mismo es muy intenso.

“Creo que tenemos opciones en El Salvador, en el caso que nos toque regresar, pero nosotros vemos nuestro futuro en India”, manifestó Marvin.

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