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¿Dónde estoy? | CRóNICAS

[Fotos] La historia de la comunidad que se armó contra las pandillas en La Paz

Diario1 acompañó a un equipo de Discovery al cantón San José de la Montaña, en Zacatecoluca. Ese canal realizó un documental sobre las pandillas en El Salvador.

César Méndez Madrid/Salvador Sagastizado
Foto D1. Salvador Sagastizado. Entrada al cantón San José de la Montaña
Foto D1. Salvador Sagastizado. Entrada al cantón San José de la Montaña

El cantón San José de la Montaña, en Zacatecoluca, es un lugar de gente pobre. Muy pobre. Sus casas son hechas de juncos y mecate; sus muebles también, las cunas de los niños también. Muchos podrían pensar que es la forma de combatir la sal que carcome el hierro de las construcciones en un cantón ubicado entre los manglares paradisíacos de la zona costera. Pero no. La pobreza obliga a los habitantes de este lugar a que los hombres y mujeres pescadores y agricultores echen mano de todo tipo de material para hacer sus pertenencias, porque pocos las pueden comprar.

Aunque en un mapa es difícil ubicar con exactitud el lugar donde se ubica el cantón San José de La Montaña, se encuentra en Zacatecoluca, en el departamento de La Paz. Es un lugar de geografía quebrada entre manglares, playa y zonas boscosas. Y en las únicas planicies nace el asentamiento de sus habitantes. Son unas 200 familias con un aproximado de 750 personas que ahí habitan.

San José de la Montaña es un lugar de difícil acceso. No cualquiera llega hasta ahí. Incluso agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) se ven en dificultades para mandar una patrulla a la zona. Así lo hicieron hace tres años. Entre 2014 y 2015 hubo poca presencia policial en la zona. A pesar que los homicidios en las zonas costeras de la región paracentral y oriental se incrementaron.

Foto D1. Salvador Sagastizado

Foto D1. Salvador Sagastizado

Cifras de la PNC dan cuenta que solo en el departamento de La Paz se cometieron 473 homicidios durante el año 2015, y en particular en Zacatecoluca fueron contabilizados 102 asesinatos. Muchos de estos se originaron en enfrentamientos armados entre pandillas rivales, contra agentes de la PNC, soldados o particulares.

El común denominador fue que ese año los homicidios se incrementaron por la migración de miembros de la pandilla Barrio 18, facción Revolucionaria, a la zona costera. Específicamente a la zona de los manglares, al cantón San José de la Montaña.

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Don Luis Ramírez* es un hombre pobre. Su esposa Carmen*, hace casi un año dio a luz a un niño, al que no han asentado en la alcaldía de Zacatecoluca, pero todos saben que el niño se llama David*. Luis trabaja como pescador, un oficio que no deja mucho para la familia Ramírez. Sus ingresos diarios andan entre los cuatro a ocho dólares. Aunque de estos queda poco para mantener a su familia conformada por su esposa Carmen y sus tres hijos, después de pagar la gasolina de su lancha a la que invierte un aproximado de un galón diario para adentrarse a los manglares.

Luis religiosamente se despierta a las cinco de la mañana. A esa hora inicia el ritual de preparar redes, agua, limpia el motor de su lancha, un viejo Yamaha de 246 centímetros cúbicos que compró usado a su cuñado y que todavía paga.

La rutina de Luis y los habitantes del cantón San José de la Montaña se rompió un día del año 2014. No recuerdan exactamente cuándo. Pero sí recuerdan cómo.

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La calle que conduce desde el kilómetro 73 y medio de la carretera El Litoral, en el cantón Santa Cruz Porrillo, deja paso a una calle angosta de dos carriles que entre balastro y pavimento conduce a San José de la Montaña, una calle pequeña que termina en un redondel improvisado donde se encuentra un pequeño puerto donde atracan pequeñas embarcaciones. En este lugar son dos bloques de casas, unas frente a otras. Son las casas de bejucos y mecate.

Una vivienda de estas fue deshabitada en 2014. Nadie conocía las causas, aunque pensaron que esa familia, que se reserva la identidad, migraba como superación. Pero no. Ellos ocultaron amenazas. Días después de la mudanza, un joven del sector conocido como San Sebastián La Zorra habitó la casa. Días más tarde trajo consigo tres familias más que encontraron ubicación rápidamente a punta de amenazas.

El joven era conocido como El Necio, un pandillero del Barrio 18, que estudió a los habitantes de San José de la Montaña. Los amedrentó y en poco tiempo, junto a las otras familias que migraron con él, instaló un pequeño centro de operaciones de la pandilla en el lugar. Este rápidamente se convirtió en la guarida de pandilleros de los municipios de Soyapango, Ilopango, Zacatecoluca, San Vicente y Jiquilisco.

Fue así como el pequeño cantón de pescadores albergó a pandilleros prófugos que buscaron refugio cuando agentes policiales realizaban operaciones de búsqueda en los bastiones de esas estructuras. La facilidad que daba el terreno quebrado y los manglares fue ideal para que los pandilleros se escondieran e incluso se burlaran de las operaciones de búsqueda que la policía hacía en el lugar.

Foto D1. Salvador Sagastizado. Campamento pandillero desmantelado

Foto D1. Salvador Sagastizado. Campamento pandillero desmantelado

En menos de dos meses, un aproximado de ocho kilómetros lineales de costa y manglares fueron tomados por un grupo de unos 70 pandilleros, que diseminaron su red entre San José de La Montaña, La Zorra hasta Santa Cruz Porrillo.

Las viviendas en el casco urbano del cantón fueron usurpadas de forma inmediata. Posteriormente los manglares y pequeñas islas dispersas sirvieron de campamentos pandilleros y para guardar armamento, así como prófugos del Barrio 18.

San José de La Montaña vivía sometido por 70 pandilleros. Desde las cinco de la mañana hasta las seis de la tarde se convirtió la hora para que los civiles pudieran desempeñar sus actividades cotidianas: pesca, comercio y agricultura. Desde las seis de la tarde, cuando el motor de las lanchas anunciaba que las embarcaciones de los pandilleros −tal cual piratas parados en proa con fusil al hombro y pistolas en la cintura− se acercaban al cantón los habitantes sabían que su hora había acabado.

“Los muchachos se dividían en grupos”, para tomarse el terreno. El primer grupo se ubicaba en el centro urbano del cantón, el segundo se instalaba en una pluma improvisada a un kilómetro de distancia; el tercero que era menor, era una antena (vigilante) en el desvío de la carretera El Litoral. Estos últimos anunciaban cada incursión policial con tiempo suficiente para que los pandilleros encendieran motores y huyeran a los manglares, según un lugareño.

Las tiendas de la localidad abastecían de víveres a los pandilleros, a cambio de que no atentaran contra la vida de sus propietarios. “Exigían cartones de huevos, aceite, frijoles; de todo. Nunca pagaron nada. Así se acabaron todas las tiendas. Ni los repartidores podían ingresar después”, agrega.

Los habitantes intentaron denunciar. Pero no podían. Sin embargo, las paredes de las pobres casas de bejucos no callaban. Sus voces eran escuchadas por vecinos y peor aún, los pandilleros que no dudaban en callar esas voces a punta de pistola. La comunidad vivió callando desapariciones forzadas.

“Vimos cómo bajaban a muchachos de carros. Los llevaban amarrados. Los metían en las lanchas y los llevaron para adentro (manglares). A saber a cuántos mataron así”, recuerda.

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Luis señala que el año 2014 y 2015 fueron los peores. A pesar de ser un hombre sencillo y con nada que envidiar por nadie, él pensó que aquellos pandilleros que se apoderaron de su cantón nunca iban a exigirle nada. Hasta un día que le pidieron cinco mil dólares a cambio de no asesinar a su familia. Ese fue el día que la historia cambió en San José de La Montaña.

Desesperado, Luis comentó con dos amigos la amenaza de la pandilla: “tenía que pagarles cinco mil dólares para que no mataran a mi familia. Se los tenía que entregar en el centro de Zacatecoluca”, dice.

Ese día, junto con sus dos amigos, fue hasta Zacatecoluca, a tres cuadras del punto de encuentro. Luis llevaba con él los diez dólares que había ganado ese día. Nada más. Él pensaba que podía negociar con los pandilleros. Sus amigos le insistieron en no hablar con ellos, a cambio le ofrecieron algo más atrevido: “hacerle huevos”.

La insistencia seguía con cada paso. Ellos sabían que la situación podía terminar en balas. Pero prefirieron ir ese día de diciembre de 2015 a la PNC de Zacatecoluca a contar qué pasaba, qué habían callado por más de un año. Los agentes escucharon a Luis y sus amigos. Y todos planearon un mecanismo que sustituyera las denuncias vías telefónicas y acordaron el intercambio de información “campo traviesa”. Todos conocían el terreno y acordaron un punto entre la zona boscosa que quedaba a un kilómetro del casco urbano. Ahí los habitantes brindaban información de puntos en donde se escondían los pandilleros, donde ocultaban armas y sus campamentos.

El mecanismo dio los primeros resultados. Los primero seis meses propiciaron golpes contundentes a la estructura que había establecido El Necio. El Barrio 18 perdía terreno cada día más.

Tras una persecución en mayo de 2016, los pandilleros se enfrascaron en un nutrido intercambio de disparos que dejó como resultado a El Necio muerto en el casco urbano del cantón antes de abordar la lancha para huir a los manglares.

Días más tarde, la Policía ubicó el verdadero centro de operaciones de la pandilla. En ese lugar estaba el palabrero, que hasta esa fecha había permanecido escondido en una casa destroyer ubicada a unos 400 metros del puerto de atraco de San José de La Montaña; era El Dreamer.

Foto D1. Salvador Sagastizado. Casa destroyer

Foto D1. Salvador Sagastizado. Casa destroyer

La operación no tardó en planificarse. El golpe tenía que ser rápido y sigiloso, con la ayuda de la población, la información y la facilidad de movimiento. Los pandilleros no se percataron del operativo policial en la zona. El Dreamer no tuvo escapatoria y decidió enfrentarse a la Policía antes de entregarse. En esa isla quedó su cuerpo.

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Ya van 18 meses, que recuerda la gente de la zona, en la que ellos se declaran “libres”. Los pobladores de San José de La Montaña aseguran no bajarán una vez más la mirada.

Desde diciembre de 2015, cuando Luis y sus tres amigos decidieron acudir a la Policía de la localidad y coordinaron a la comunidad para el intercambio de información, supieron que la clave era la organización, dicen los lugareños. A pesar que con rudimentarias armas iniciaron la defensa de sus familias y propiedades, la comunidad ahora cuenta con 60 hombres armados, con garrotes, piedras, hondas ,machetes y algunas pistolas.

Luis y sus compañeros de “autodefensas” aseguran que no son un grupo de exterminio social. Ellos buscan la legalización de su organización, puesto que su objetivo es defender su comunidad. Saben que no es tarea sencilla, ya que dicen que existe información que miembros de pandillas puedan estar reagrupándose en la zona de Tecoluca, en San Vicente, y que han comenzado a observar sus movimientos. Ellos no quieren asesinar. Ellos quieren la legalidad de su autodefensa.

Foto D1. Salvador Sagastizado

El diputado Guillermo Gallegos y el alcalde de San José Guayabal, Mauricio Vilanova, visitaron el cantón San José de la Montaña. Foto D1. Salvador Sagastizado

* Los nombres y los tiempos fueron cambiados por protección de los entrevistados.

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