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La risueña Yamileth, la niña asesinada junto a su hermana en Apopa

La principal hipótesis que tiene la Policía Nacional Civil (PNC) es que a Diana las asesinaron por “problemas pasionales”. Yamileth fue una víctima colateral. De los victimarios se dice que son miembros de la Pandilla 18.

César Méndez Madrid
Cuadernos que Yamileth dejó en la pupusería. Foto D1, Salvador Sagastizado.
Cuadernos que Yamileth dejó en la pupusería. Foto D1, Salvador Sagastizado.

Yamileth era una niña de seis años nacida en Estados Unidos. Ella era risueña y traviesa. Así la recuerda su abuela. Por motivos desconocidos, a los cuatro años fue enviada al país de origen de su madre, El Salvador. Acá la esperaba su abuela, su madre y sus hermanos: Diana Lisbeth Lemus García, de 21 años, y Noé de cinco. Durante dos años fue feliz en uno de los lugares más temidos de San Salvador: El mercado Tinetti.

Tres disparos en la cabeza apagaron las travesuras y sonrisas de la niña, de piel trigueña y ojos pardos. A su hermana, la mayor, también la asesinaron de seis balazos en la cabeza. Los cuerpos fueron encontrados sobre una calle de tierra en el cantón Guadalupe del municipio de Nejapa.

La principal hipótesis que tiene la Policía Nacional Civil (PNC) es que a Diana las asesinaron por “problemas pasionales”. Yamileth fue una víctima colateral. De los victimarios se dice que son miembros de la Pandilla 18.

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El Mercado Tinetti se encuentra ubicado en una calle emblemática para cualquier pandillero, la 18 Avenida Norte. Y precisamente esta es la pandilla, en sus dos facciones, que opera en la zona. El mercado es la frontera invisible que divide a los pandilleros del ala Sureña con los Revolucionarios. Esto no asusta a nadie. Ni a comerciantes ni a usuarios. Aparentemente todo está controlado en la zona.

La foto que cuelga de la oficina de la Administración del mercado dista de la realidad. El mercado fundado en 1971, quedó congelado en esa época, aunque tuvo una remodelación en 1993.

Un carro Volkswagen color rojo abandonado en el sótano, que quedó estacionado desde la década de los 90´s, es el fiel testigo que el Mercado Tinetti es lo más parecido a un penal que a un centro de compras. Sus tres niveles no atraen ni a clientes ni a inversores. Es casi un lugar olvidado.

Foto D1, Salvador Sagastizado.

Foto D1, Salvador Sagastizado.

El ambiente del mercado, cargado de un olor a aceite quemado de las tostadas de plátano y yuca que hierven en barriles en las escaleras que conectan sus tres niveles, se podría cortar con una navaja. Aunque suena a cliché, la tensa calma de este lugar no es nueva. Es casi un modo habitual de convivir. Querer vender con miedo y reservas.

El lugar más famoso del Tinetti es el área de cocinas, ubicado en el segundo piso. Quizá nadie pulcro podría comer en este lugar. Sus pasillos lodosos conducen, entre puestos vacíos, a las chimeneas. Algunas vendedoras gritan “sopa de pata”, otras solo fijan sus ojos nerviosos sobre la clientela nueva.

Al costado oriente del mercado hay un rótulo que cuelga sobre la barra de hierro que soporta el techo. Dice “Pupusería Enrique y Ana”. En este puesto, contrario al resto del mercado, no suena reggeton. Acá se escucha la música de un dueto español infantil que sonó entre 1977 y 1984. “Me gustaba esa música, y a mis nietos también les gustaba”, dice la propietaria Juana antes de ponerse a reír.

En los seis metros cuadrados de la pupusería gritaban y jugaban dos niños: Noé de cinco años y Yamileth de siete. Su abuela les hacía sonar las canciones de la Gallinita Co-co-uá y Disco Chino, entre otros. Su vida era rutinaria hasta el pasado miércoles.

A Diana Lisbeth Lemus García, a su hija de dos meses, y a su hermana Yamileth, sus compañeros del mercado Tinetti aseguran haberlos visto por última vez el miércoles a las cuatro de la tarde, cuando se subieron a un vehículo sobre la Avenida Independencia, en San Salvador.

“Una mujer les ofreció regalarles ropa para la bebé y a ella esperaban (sobre la Avenida Independencia)” dice un compañero vendedor que prefirió el anonimato. “Ella era necesitada y agradecida de lo poco que les daban para sus hermanos y a su hija que acababa de nacer”.

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El miércoles pasado, a las 5:30 de la tarde, una llamada de emergencia alertó que sobre la calle de tierra que conduce de Apopa a Nejapa, en el cantón Guadalupe, se localizaron los cuerpos de “una mujer vestida con una blusa azul con manchas verdes, jeans y zapatos deportivos, y una niña con uniforme escolar de entre seis y siete años”.

Al verificar la información, el carro patrulla confirmó que las víctimas fueron atacadas con arma de fuego. En un primer momento se sospechó que eran madre e hija.

En el cantón Guadalupe nadie lloró por la niña y a la joven. Ni en Nejapa ni en Apopa. Los forenses recogieron ambos cuerpos. Nadie los reclamó. Nadie identificó a las víctimas.

Los dos cuerpos fueron llevados a la morgue del Instituto de Medicina Legal, en San Salvador. Pasaron casi 24 horas para que la mujer con nueve disparos en la cabeza y la niña con tres disparos, tuvieran identidad. Eran Diana Lisbeth Lemus García y Yamileth. No eran madre e hija. Eran hermanas.

Lea también: Pandillero de la 18 habría ordenado asesinato de mujer y niña de siete años

Tras 36 horas del doble asesinato, el director general de la PNC Howard Cotto, confirmó que un pandillero de la 18 recluido en un centro penal habría ordenado el asesinado de una mujer y su hermana de siete años de edad.

La principal hipótesis son problemas pasionales, señaló Cotto. El jefe policial aseguró que Diana Lisbeth en 2016 sostuvo una relación amorosa con un pandillero de la 18, del ala revolucionaria, y a quien solamente identificó como “Enzo”.

“Tenemos algún nivel de certeza, también, eso habrá que documentarlo, que la niña (de dos meses de edad) podría ser hija de ese pandillero y que ese pandillero con anterioridad habría amenazado de muerte a la hoy fallecida”, especificó el director de la PNC.

La muerte de Diana fue motivada, según la PNC, porque ella había iniciado una nueva relación amorosa. Yamileth es una víctima colateral.

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Noé juega en una mesa de la pupusería “Enrique y Ana”. Su abuela Juana le lleva una torta de huevo con tomate. El niño no quiere comer, porque juega con un carro de plástico color azul en la mesa de madera.

El niño pasa solo en las mañanas en la pupusería. Espera a que llegue su hermana.

Yamileth estudiaba primer grado en la Centro Escolar República de Guatemala. A tres cuadras del mercado donde su hermana se ganaba la vida y a seis cuadras de su vivienda, ubicada en el pasaje Montoya.

Foto D1, Salvador Sagastizado.

Foto D1, Salvador Sagastizado.

Este viernes Noé, el hermano de Yamileth y Diana, las esperaba. Noé no sabía que la expareja de su hermana, un pandillero mandó a matar a sus hermanas.

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