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¿Dónde estoy? | CRóNICAS

Los refugiados de Caluco no vivirán en paz mientras palabrero “El chimbolo” siga libre

“Las familias están estresadas (…) Los pandilleros crearon una barrera entre ellos y nosotros”, reconoce un jefe policial.

Gerardo Arbaiza
Albergue improvisado habilitado por la Alcaldía de Caluco para las familias que abandonaron sus casas en el cantón El Castaño. Foto D1, Rodrigo Sura.
Albergue improvisado habilitado por la Alcaldía de Caluco para las familias que abandonaron sus casas en el cantón El Castaño. Foto D1, Rodrigo Sura.

Un agente policial cambió su uniforme azul-negro, su placa y sus armas por maquillaje de payaso, una nariz roja, shorts y una estrambótica camisa celeste ¿La misión? Hacer reir a un puñado de niños congregados en una cancha de basketball techada a pocos metros de la alcaldía de Caluco, en el departamento de Sonsonate.

El policía, quien parecía que no era la primera vez que hacía este tipo de menesteres, no estaba solo, ya que un grupo de sus compañeros lo acompañaban en la tarea de hacer olvidar a aquellos niños (sus padres incluidos) de que hace tan solo unos días se vieron forzados a abandonar sus casas en el cantón El Castaño, ante las amenazas de una numerosa clica de la facción sureña del Barrio 18.

Los niños atienden las gracias del payaso y se entretienen con el juego de la silla, olvidando por un momento que frente a ellos tienen un panorama deprimente: Sus nuevas casas son ahora unas improvisadas piezas formadas de cartón y cubiertas con plástico negro; algunos más afortunados han llegado a contar con tiendas de campaña.

Dentro de esas piezas, en las que al menos unas 15 familias se encuentran refugiadas desde el domingo pasado, hay frazadas, colchonetas y unos pocos enseres que pudieron rescatar de su “éxodo” del cantón El Castaño, a cinco kilómetros del casco urbano de Caluco, en un camino en el que se atraviesa las faldas de un cerro, calles empedradas y balnearios bañados con el agua de los ríos de la zona.

Entre otras cosas, la gente vive preocupada porque no podrán alimentar a sus mascotas y a sus animales de granja; otros dejaron electrodomésticos a su paso. En el improvisado campamento de refugiados, una familia logró rescatar una pequeña cocina y entre otros, con ayuda de la Alcaldía y vecinos, lograron traer sillas y mesas en las que pasan sus días de incertidumbre, lejos de sus casas.

El desplazamiento de 50 familias del cantón El Castaño comenzó desde la semana pasada, pero arreció el 15 de septiembre, cuando en las calles de las principales de todo el país se llenaban de ciudadanos que acudían a su cita anual con el sentido del patriotismo por la conmemoración del día de la independencia.

Don Joaquín y su familia son algunos de esos afectados. Él prefirió quedarse sentado mientras niños y adultos recogían los dulces desparramados de lo que era una piñata, traída por los policías.

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Desde hace ocho días, Don Joaquín abandonó su casa y encontró refugio momentáneo en casas de parientes, hasta que supo del albergue habilitado por la Alcaldía, aunque luce tímido en unirse a la recolecta de dulces, aprecia el gesto y dice que es la primera vez que alguien ha hecho algo semejante con ellos, desde que fue habilitado el albergue.

La Policía no solo les trajo esparcimiento y piñatas, sino que las palabras de un capellán que logró mantener la atención de los adultos, pero no evitó que los niños travesearan en el albergue.

Todo esto ante la mirada del inspector jefe Castro Ramos, jefe de la subdelegación de Izalco de la PNC, quien aprovechó para escuchar las quejas de los ciudadanos albergados y a explicar que con estas acciones, buscan ganarse la confianza de la población.

Casa abandonada en Cantón Los Castaños, Caluco.

Casa abandonada en Cantón Los Castaños, Caluco.

“Estas amenazas no son de ahora, sino de meses atrás, pero la gente tenía miedo de denunciar porque no tenían confianza en nosotros. Con estas acciones, buscamos ganarnos la confianza de la población”, explica el jefe policial.

Tras su explicación, surgió la siguiente duda: ¿Por qué esperar a ganar la confianza de la población, ahora que la gente sufre sin poder regresar a sus casas? Castro Ramos sostiene que la Policía puede actuar de oficio en estos casos, pero además justifica: “Nosotros no podemos saber que pasa en la comunidad, sin que la gente lo denuncie”.

Hay otra arista con la que el jefe policial explica la desconfianza de la población: “La gente está estresada, los pandilleros han creado una barrera entre ellos y nosotros”.

Desde que las familias abandonaron sus hogares en el Cantón El Castaño, la Policía instaló un puesto permanente con ocho policías, encomendados a cuidar las casas y las pertenencias dejadas abandonadas. El sábado ocurrió un tiroteo entre policías y pandilleros, en el que dos miembros de la pandilla 18 resultaron muertos, tras ese evento la Policía desplegó un operativo que dio con la captura de 36 presuntos postes y colaboradores de las pandillas, que sembraban zozobra en la zona.

Todo esto podría hacer creer que el problema está resuelto, pero el jefe Castro Ramo reconoce que la situación es más compleja y que el origen del miedo entre los moradores del Cantón El Castaño tiene nombre: “El chimbolo”, palabrero detrás de las amenazas contra la población.

“El chimbolo” sigue prófugo y la Policía cree que se oculta en los cerros aledaños a Caluco, junto a otros cinco sicarios que le sirven de seguridad, presuntamente con armas de grueso calibre.

Entre los hombres que le sirven de seguridad a “El chimbolo”, destacan alias como “el triste”, “el enano” y “el blindado”, comentó el jefe policial, quien admite que la principal misión del contingente de seguridad desplegado en la zona, es capturar a este núcleo de pandilleros.

“La gente nos lo exige, ellos no van a regresar a sus casas hasta que él caiga, algunos nos han comentado que hasta quieren que lo eliminemos”, expresó.

Esto lo reconoció el inspector asignado a la fuerza móvil de vigilancia en los alrededores del Cantón El Castaño, quien dijo que su principal misión es darle caza a este palabrero.

“Con su captura, podremos decir que el problema en la zona, casi que tiene solución”, indicó, mientras conducía a un contingente de policías en una patrulla que vigilaba en las polvosas calles que dan al Cantón El Castaño.

“La gente se fue por gusto” dice el Ministerio de Educación

Con una pistola en mano, el inspector Castro Ramos advierte que habíamos llegado al “cantón fantasma”, en el que cualquier casa que se veía cerca estaba abandonada. En efecto, todas las casas en el sendero que dan al centro escolar estaban cerradas, en algunas se veían antenas de televisión satelital y de otras emergían policías que las cuidaban.

Pocas personas cruzan por las veredas, y quienes lo hacen llevan un paso apresurado. Un entorno de casas abandonadas al centro escolar del Cantón El Castaño, a donde sin ser advertido había llegado el viceministro de Educación, Francisco Castaneda.

Aula sin alumnos en el centro escolar Los Castaños, Caluco.

Aula sin alumnos en el centro escolar Los Castaños, Caluco.

El funcionario estaba reunido con padres de familia y docentes del centro escolar, mientras no más de doce niños estaban jugando en los corredores con sus uniformes, asistidos por una de sus maestras.

Miembros de la comitiva que acompañaban a Castaneda, dijeron a Diario1 que el centro escolar, contrario a lo que otros medios habían vertido, no había cerrado pese al “éxodo” de familias, y que algunos de los desplazados habían empezado a regresar a sus casas, porque supuestamente se habían dado cuenta que las amenazas no eran más que rumores.

“La gente empezó a darse cuenta de que se fue por gusto”, dijo uno de los funcionarios que acompañó al viceministro.

Castaneda estaba reunido con ocho padres y madres de familia, a quien les reiteró el mensaje de que envíen a sus hijos a la escuela, a la vez que prometió ayuda al centro escolar, como incluirlos en el plan presidencial “Un niño, una computadora”.

Al salir, se hizo acompañar de tres niños y reiteró ante las cámaras de una televisora local el mensaje de confianza, asegurando que la situación “empezaba a normalizarse” y que “la mayoría de los pandilleros que amenazaban a las familias estaban tras las rejas”.

Aracely fue una de las madres que se reunió con el viceministro. Ella reconoció que sentía miedo por las amenazas, pero que ella no abandonó su hogar, porque vive al otro lado de las casas que quedaron abandonadas.

Ella había enviado a su hijo hasta el martes pasado y que la reunión con Castaneda le infundió más confianza para seguir enviando a su hijo al centro escolar, que lucía con la mayoría de sus aulas y su chalet cerrado.

Luego que los vehículos que acompañaban al viceministro Castaneda abandonaran el centro escolar El Castaño en camino hacia otra reunión, el ordenanza se apresuró a cerrar el portón, mientras los niños hacían lo mismo, de regreso a sus casas. “A cerrar el portón para siempre”, dijo entre risas el ordenanza.

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