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¿Dónde estoy? | GRANDES SERIES

“¿Cómo diablos hacés para vivir en este país donde no podés ir a ningún lado?”

Este es el relato de una joven de 25 años que vive "presa" en una comunidad de San Martín fuertemente controlada por la Mara Salvatrucha.

Redacción
Foto: Diario1 / Archivo
Foto: Diario1 / Archivo

El 21 de septiembre los pandilleros llegaron mi casa. Cuando comenzaron a hablar parecía una conversación normal, pero al ratito se fueron notando las amenazas. Nos pedían mil quinientos dólares parar esa misma semana. Para el viernes los querían. Cuando hablaban, le hablaban a mi tío, pero la amenaza era para toda la familia.

Toda la semana fue difícil. Los pandilleros se sentaron afuera, frente a la casa y nos “postearon” todas las noches. No dormíamos.
El día martes pasaron otra vez. Los pandilleros llegaron y nos recordaron que teníamos hasta el viernes para darles el dinero. Todos estábamos nerviosos. Esa sensación es inexplicable. Tu cuerpo, tus ojos… todo habla por vos. Los nervios, el miedo… salís a la calle y sentís que te andan siguiendo.

Entonces, el viernes, cuando llegó mi hermana yo me fui para donde mi abuela. Todos vivimos en la misma comunidad: mi papá, mi tío, mi abuela, otra tía y los hijos de mi tía. Son cinco casas de la familia en la misma comunidad. Ese viernes los pandilleros estaban esperando a que llegara mi tío a su casa.

Cuando mi tío llegó, jaló la puerta para que no nos vieran. Adentro estábamos la esposa de él, mi abuela que es cuadripléjica, una niña y yo. De hecho, de eso es de lo que se agarraron los pandilleros para pedirnos pisto; de que mi abuela es cuadripléjica. El problema de ella le trae un gasto médico de $1,200 mensuales a la familia. Todos se imaginan que no es barato mantener a una señora así.

Mi tío no quería que la niña percibiera lo que estaba pasando. Por eso cerró la puerta. Los pandilleros comenzaron a insultar a mi tío. Él se metió a la casa y nos encerramos. “Vapues, hijueputa, salí, abrí esa puerta”, le decían los pandilleros. Nosotros les dijimos que lo más que les podíamos dar eran $800. Ellos dijeron que no.

En ese dime que te diré pasó más o menos una hora, hasta que los pandilleros nos dijeron que teníamos hasta las 11:00 de la mañana del siguiente día para completarles los mil quinientos dólares. Esa fue la peor noche de mi vida. La peor. De todas las noches de mi vida, puedo decir que esa fue la peor.

Esa noche no dormimos. Sentíamos una gran ansiedad. Ellos, los pandilleros, no nos hicieron nada esa noche, pero se quedaron vigilándonos toda la noche. Se plantaron frente a la casa con unos carros con música a todo volumen.

Al siguiente día, a las 8:00 de la mañana, se les entregó el dinero a los pandilleros. Mil quinientos dólares. Los reunimos a como pudimos porque nos habían prometido que ya no nos iban a molestar. Pero no fue así. Esa misma semana no dejaron de vigilarnos todas las noches, hasta el miércoles. Pero eso ya era cosa contra mi tío.

El miércoles él salió temprano como que iba a trabajar y ya no regresó. Lo mataron. Esa misma tarde, la esposa de él salió solo con la ropa que andaba puesta. Se fue. Huyó. Desde entonces ya no ha regresado. Solo nosotros, la familia, sabemos dónde está. Se fueron sin sacar nada. Dejaron todas las cosas, pero en la casa ya no hay gente.

Como a la media semana de eso, mis tíos, unos tíos que están en los Estados Unidos, decidieron que iban a sacar a mi abuela de ahí. Ella vivía en una casa aparte, ella sola. Nosotros solo llegábamos a cuidarla y a veces la llevábamos a la casa. Pero la sacaron. Con la de mi abuela ya son dos casas abandonadas las que ha dejado mi familia en ese pasaje.

¿Denunciar? No. No hemos denunciado. Los pandilleros nos han amenazado que si lo hacemos nos van a matar a todos. Y no lo hacemos porque adentro de la Policía hay gente que les informa. Entonces nosotros, realmente, no podemos. No acudimos a ninguna instancia por miedo.

Sí intentamos hacer algo, pero salió mal. No fue una denuncia en realidad, sino que buscamos a alguien que tiene contactos con la policía. Entonces él fue a la comunidad, pero nos cobró $700 más. O sea que al final pagamos 2,200 dólares.

Ese chero llegó con tres policías infiltrados en la pandilla. Están infiltrados porque la están investigando. A cosa es que al final nos terminaron extorsionando ellos también. Nos recomendó la gente esta que nos recomendó la policía y nos extorsionó la clica Diabólicos Salvatruchos.

Entonces ¿cómo ponés una denuncia? Si te das cuenta que por un lado te extorsiona la policía y por otro la pandilla. Estás en un callejón súper encerrado.

A esa gente la buscamos para quitarnos de encima a los otros. Para que nos cobraran menos de los mil quinientos que nos habían pedido, pero no fue así. Los pandilleros llegaron y le gritaron a mi tío. “Yo no voy a tu casa a hacerte limpieza, ni vos venís a la mía a hacerme limpieza. Vos mandás en tu casa y yo en la mía”, le dijeron. Con eso le dieron a entender que por más que otros intentaran calmarlo, la decisión ya estaba tomada. Era una orden del penal.

Hace como un año, los pandilleros desplazaron a una familia y les botaron la casa. En ese lote han hecho una gran casa con dinero de puras extorsiones. El terreno no es de ellos, pero ahí construyeron.

Los de la familia que nos hemos quedado allá nos dimos cuenta que la orden de que nos extorsionaran venía del penal. Cuando ellos llegaron a amenazarnos la primera vez yo vi quienes llegaron. Ahí, entre ellos, iba el palabrero. Eso te da certeza de que la orden venía del penal. Allí son letras (MS). En San Marcos predominan las letras.

Ahora mi familia vive arrimada. Viven en la casa de otra gente que no es familia. Todos hemos tratado de conseguir donde vivir, pero si te fijás, las casas que están en zonas seguras, en residenciales, valen más de 200 mil dólares y el alquiler también es carísimo. Nosotros, después de conseguir los $1,500 para los pandilleros nos quedamos endeudados. Tuvimos que prestarle a varia gente.

Desde entonces ha pasado un mes y seguimos amenazados. Mañana hace exactamente un mes y hasta ahorita me estoy empezando a sentir más tranquila. Porque cuando hay “salveque” son cheros que están en “chequeo”, es decir que están por entrar a la pandilla, pero que no han sido brincados todavía.

Al palabrero lo vi hace unos días. No nos ha hecho mala cara o algo. Es como que se han calmado un poco. Pero no solo por eso ya salimos con tranquilidad. Nosotros no salimos.

Mi hermana tiene 17 años y ella pasa solo encerrada. No le abre la puerta a nadie. Desde lo de mi tío ella pasó toda una semana sin ir a la escuela porque ella viaja en microbús. Después de eso pasamos como 15 días que salíamos todos juntos de la casa y cuando íbamos en carro salíamos con los vidrios cerrados para que nadie nos viera. Al regresar entrábamos todos juntos.

Por la misma situación, por el ambiente que se vivía nadie comentaba lo que estaba pasando. Yo le comentaba a un compañero de trabajo que esto podía ser porque hay gente que está saliendo de los penales, gente que no se tatúa, que no está manchada, porque así es la nueva modalidad, de no mancharse. Entonces yo le digo a mi compañero que quizá esta gente quiere casas para vivir.

Esa es otra modalidad de las pandillas, que se agarran las casas y se las rotan. Son casas de bajo perfil, donde la policía usualmente no entra. Es como un mecanismo de protección para ellos. Por ejemplo, ahí donde vive el palabrero hasta un portón hay. Han hecho privado el pasaje y pusieron un cartel como que era la alcaldía la que había mandado a poner el portón. Le han puesto un letrero que dice que hasta las 10:00 de la noche se puede entrar, más noche no.

Hace dos años todo esto no era así. Jamás en mi vida había escuchado que ellos jodieran a su propia gente, a la gente que vive ahí mismo, en las mismas comunidades. Ahora es diferente. Cuando nos amenazaron a nosotros fueron claros y nos dijeron que nosotros no éramos los únicos, que cada familia tiene una tarifa. Esa vez nos dijeron también que sería la única vez, pero no se puede confiar en ellos.

Ahorita en la comunidad hay bastante gente que tiene el mismo problema. Nosotros nos hemos querido salir de ahí. El problema es que donde vivimos son “letras”, y si te vas a un lugar contrario te matan porque sos contrario, aunque vos no seás nada, pero vivís en un lugar contrario. Entonces ¿cómo diablos hacés para vivir? Quiere decir que no podés ir a ningún lado porque es rara la zona donde se puede decir que está medianamente tranquila.

Entonces te das cuenta que sos una persona común y corriente. Te das cuenta que no podés tener ningún problema con ellos porque les debés la vida. Porque te pueden matar.

**Algunos datos de estos relatos fueron modificados con el fin de eliminar indicios que pudieran poner en riesgo la vida de las víctimas y la de su familia. 

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