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Secuestro y asesinato de un empresario por droga y narcobarriles

El secuestro y asesinato de un empresario de mariscos en San Luis La Herradura llevó a un exalcalde y a varios policías a prisión. Una de las hipótesis fue que lo mataron porque este conocía el lugar donde estaban enterrados otros narcobarriles.

Fotoarte D1. Manuel Jacinto.
Fotoarte D1. Manuel Jacinto.
Luis Canizalez

Los secuestradores bajaron del automóvil. Se reunieron y hablaron casi en susurros. Estaban furiosos. Uno de ellos subió al vehículo, agarró a la víctima del cuello y le gritó: “Vos crees que nosotros estamos jugando. Nosotros no somos igual a los mareros, no jodás. Nosotros estamos arriba de los mareros  y los narcotraficantes. Somos una red mundial y matamos narcotraficantes. Yo soy sicario profesional y no hay otra red mejor que nosotros. ¿O vas a creer que otra red tiene policías comprados? Colaboranos, ya que vos respiras porque yo te lo permito”.

El secuestrado – un empresario de mariscos de San Luis La Herradura – les reiteró que no tenía esa cantidad de dinero y que tampoco sabía nada de la droga. Estaba muerto de miedo. Temblaba. Les suplicó que no lo mataran. Pero ya era demasiado tarde. La paciencia de los secuestradores se había agotado. No había vuelta atrás.

***

A inicios de 2013, en San Luis la Herradura comenzó a correr el rumor que  Óscar Mauricio Rodríguez, conocido como El Tripa y como un fuerte empresario de mariscos del departamento de La Paz, estaba conectado con un grupo de guatemaltecos que mantenían mucho dinero en barriles que estaban enterrados en unas fincas de El Salvador.

La noche del 28 de mayo de ese mismo año, cuando Rodríguez se dirigía en su automóvil hacia Zacatecoluca fue interceptado por una camioneta color gris de la cual bajaron tres hombres que vestían como agentes de la Policía Nacional Civil (PNC). Le hicieron señal de alto. Luego le solicitaron sus documentos de tránsito. Le pidieron que se bajara del vehículo y lo registraron.

Después de unos minutos le dijeron que iba a quedar detenido por el delito de tráfico de personas. Lo introdujeron a la camioneta y le colocaron un gorro navarone. Lo llevaron a un cañal y le quitaron sus prendas: una cadena y un anillo de oro, dos teléfonos celulares, un reloj y cuatro mil quinientos dólares en efectivo. Instantes después, los secuestradores lo dejaron sobre la carretera.

Rodríguez puso la denuncia en una delegación policial y contrató a un guardaespaldas. Pero esa no fue la última vez que lo privaron de libertad. El 30 de diciembre, cuando iba con uno de sus empleados hacia San Luis La Herradura a traer mariscos, le tendieron otra emboscada.

Esta vez ocurrió cuando regresaba a su casa. Eran pasadas las ocho de la noche. Al salir del municipio, una patrulla policial que estaba estacionada a un costado de la vía, los comenzó perseguir. La patrulla encendió las sirenas y por megáfono les ordenó que se detuvieran. El empresario redujo la velocidad y se estacionó a un lado de la carretera.

La patrulla se estacionó unos metros adelante y bajaron cuatro supuestos policías. Se dirigieron a Rodríguez y lo esposaron. Le dijeron que le iban hacer una prueba de alcotest. También bajaron a su empleado y lo llevaron a la parte trasera del vehículo. Le preguntan si llevaba droga. Este les respondió que no.

Uno de los supuestos agentes revisó el automóvil del empresario y encontró una mariconera color negra con $3 mil 800 en efectivo. También una pistola nueve milímetros. Después llegó otro pick up, más viejo, y se bajaron dos hombres que estaban vestidos como policías.

Introdujeron a las víctimas al asiento trasero del automóvil y se los llevaron. El vehículo de la víctima lo trasladaron hasta el kilómetro 40 y medio de la carretera Litoral, a la altura de la Hacienda San Diego, departamento de La Libertad. Ahí lo dejaron abandonado.

En el trayecto, uno de los secuestradores comenzó a amenazar al empresario. “Mirá, en Nicaragua nos dan por tu cabeza medio millón (de dólares). Redóblanos esa cantidad y te dejamos libre, porque si no te vamos a matar”. Otro de ellos le dijo: “Una de tus orejas les voy a mandar”.

El empresario les dijo que no tenía esa cantidad de dinero, que en el banco solo tenía cinco mil dólares. Les explicó que ni vendiendo todas sus propiedades les iba a poder pagar lo que le pedían. De pronto, se internaron a una calle oscura e inestable. Otro de los secuestradores le dijo: “Mirá, voy hablar con mis superiores para decirles que vos no querés colaborar”.

Los secuestradores bajaron del vehículo y comenzaron a hablar entre ellos. Minutos después regresaron al automóvil, uno de ellos le comenzó a golpear la cabeza y le gritó: “Bueno hijo de puta, ¿qué has pensado?, ¿cómo crees que voy a venir de México por esa mierda que me ofrecés?, que no ves que mi jefe me espera con un buen banquete por tu cabeza”.

Fotoarte D1. Manuel Jacinto.

Fotoarte D1. Manuel Jacinto.

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El 23 de julio de 2014, la Policía capturó al exalcalde de San Luis la Herradura, Milton Galileo González, acusado de planear el secuestro de Rodríguez con varios agentes policiales.

La primera hipótesis fue que el exalcalde había ordenado la privación de libertad del empresario porque este le había robado varios kilos de droga. Pero, las autoridades también dijeron que el secuestro se debía porque Rodríguez sabía dónde estaban enterrados otros narcobarriles que tendrían unos $15.4 millones.

El exalcalde aseguró, el día de su captura,  que todo se trataba de “persecución política” por ser uno de los candidatos más fuertes en ese municipio. En los años ochenta, el exalcalde fue militar. Estuvo destacado en el Batallón Bracamontes donde tuvo el rango de subteniente.

En el año 2000 se lanzó como candidato por el Partido de Conciliación Nacional (PCN) para la alcaldía de San Luis La Herradura. Ganó las elecciones y se mantuvo durante 12 años administrando ese municipio. En el 2012 perdió la elección y fue contratado por la fracción legislativa del PCN como asesor.

Tres meses antes, la Policía había capturado al subinspector José concepción Marín Lozano, y a los agentes Juan Carlos Anaya López y William Alberto Alfaro. Pero la investigación del secuestro nació con vicios. Hubo acusaciones que la Fiscalía General de la República (FGR) no pudo sostener en el juicio.

***

El empresario y su empleado fueron trasladados hacia una bodega. Les amarraron los ojos con bolsas plásticas. Uno de los secuestradores realizó una llamada en alta voz: “Jefe, no quiere decir dónde estaba la  mercadería (droga o dinero)”, le dijo. La otra persona le contestó que insistiera y que si no decía nada que lo matara.

En horas de la tarde del siguiente día, aprovechando el descuido de los secuestradores, el empresario y su empleado intentaron huir. Corrieron entre los matorrales. Pero el empresario no pudo avanzar debido a su condición física (era robusto y tenía lesionada una rodilla). Solo el empleado logró escapar y fue auxiliado por residentes de la zona. Ellos lo llevaron hasta el puesto policial de San Rafael Obrajuelo para que pusiera una denuncia.

Al empresario lo movieron a otra casa. Ahí permaneció durante tres días. El tres de enero, los secuestradores volvieron a llegar a la casa de cautiverio. Le insistieron para que dijera en dónde estaba la droga o el dinero.

Rodríguez confesó que ya la había vendido y que el dinero lo tenía un familiar. Le dio un número telefónico para que se comunicara con él. Lo llevaron de nuevo a la finca y lo siguieron coaccionando. La víctima murió de un infarto. Los secuestradores le quietaron la ropa y los zapatos y los quemaron. Le colocaron una pita en el cuello y lo arrastraron hasta un hoyo. Ahí lo enterraron.

Todo este relato consta en el documento de la investigación fiscal.

En enero del año pasado, el Juzgado Especializado de Sentencia “A” liberó al exalcalde González. Meses después fueron absueltos los agentes. Los abogados de estos comprobaron que no habían participado en el secuestro. El autor principal del plagio, según determinó el juez, fue el testigo criteriado que la Fiscalía utilizó para acusar a las demás personas. Por eso, tras emitir su fallo, el juzgador ordenó su captura. Ahora es uno de los acusados. El principal acusado.

LEA PRIMERA ENTREGA: El último secreto de los otros narcobarriles

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