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¿Dónde estoy? | ENTREVISTAS

¿Por qué la élite de Honduras negocia con los criminales?

Steven Dudley
Jaime-Rosenthal

Debido al escándalo generado en Honduras con el involucramiento de la familia Rosenthal en lavado de dinero proveniente del narcotráfico y las repercusiones que este caso podría tener en Centroamérica, Diario1.com reproduce a continuación una entrevista que InSight Crime realizó a Jaime Rosenthal.

A principios de junio de este año, cuatro meses antes de que Estados Unidos emitiera una acusación contra Jaime Rosenthal y otras tres personas, InSight Crime tuvo una conversación con Jaime y su hija para discutir por qué una de las familias más ricas y con más conexiones políticas en Honduras sostuvo abundantes negocios con Los Cachiros, que fue uno de los clanes de narcotráfico más poderosos de la región. La respuesta resulta ser bastante simple: porque era un buen negocio.

La oficina de Jaime Rosenthal no es lo que uno se imagina cuando piensa en una de los más poderosos miembros de la élite económica y política de Honduras, que vive en uno de los lugares más peligrosos del planeta.

La oficina se encuentra en el segundo piso de un sencillo edificio de concreto junto a un envejecido centro comercial en San Pedro Sula, la capital industrial del país, conocida más por su violencia que por sus empresarios. Rosenthal no tiene guardaespaldas ni vehículos blindados parqueados al frente, y la oficina no tiene seguridad especial ni detectores de metales.

Los investigadores de InSight Crime se encontraron con un Rosenthal sentado tras un viejo escritorio de madera, sepultado por un mar de fotos familiares y todo tipo de parafernalia que da cuenta de su larga vida como empresario y político. Rosenthal fue vicepresidente del país, y tanto él como su hijo Yani siguen teniendo poder en el Partido Liberal, aunque la acusación emitida por Estados Unidos en su contra el pasado 7 de octubre podría cambiar esta situación.

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Este artículo hace parte de un proyecto de InSight Crime sobre élites y crimen organizado en Centroamérica y Colombia. Los informes finales de este proyecto se publicarán en las próximas semanas.

El octogenario hombre de anteojos parecía más cómodo respondiendo las preguntas difíciles que su hija, Patricia, administradora del Banco Continental, uno de los varios negocios de Rosenthal, que este 7 de octubre fueron incluidos por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos en su lista de Narcotraficantes Especialmente Designados (SDNT por sus iniciales en inglés), que prohíbe hacer negocios con estas empresas so pena de enfrentar sanciones.

El Grupo Continental, como se conoce el conglomerado económico de Rosenthal, también tiene intereses en sectores como cemento, bienes raíces, artículos de cuero, seguros, ganadería, proyectos agroindustriales, pieles de cocodrilo, turismo, televisión por cable y medios de comunicación, entre otros, y es considerado uno de los principales grupos empresariales del país.

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Patricia Rosenthal tenía razón en estar preocupada: el tema eran los negocios del Grupo Continental con la familia Rivera Maradiaga. Más conocida como Los Cachiros, la familia Rivera Maradiaga se había convertido en uno de los mayores clanes de transporte de drogas en Centroamérica antes de que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos los considerara, en septiembre de 2013, como objetivo de interés especial.

Los Cachiros se dieron a la fuga, y muchos de sus activos, algunos de los cuales coinciden con los intereses del Grupo Continental, fueron incautados por el gobierno de Honduras. En enero de 2015, los principales miembros de Los Cachiros se entregaron a las autoridades estadounidenses.

Durante muchos años ha habido rumores sobre la relación de los Rosenthal con la familia Rivera Maradiaga, pero nunca se ha escrito nada, hasta ahora. Y no había cargos formales contra la familia hasta que se emitió la acusación de Estados Unidos el pasado 7 de octubre.

Según cuentan los Rosenthal, Santos Rivera Maradiaga, el patriarca familiar, y su hijo, Javier, comenzaron vendiendo ganado a la planta empacadora de carne de los Rosenthal en San Pedro Sula en los años setenta y principios de los ochenta. Javier llegaba en un camión que le permitía transportar unas doce reses. Después de descargarlas, dormía dentro de su carro en la calle, recuerda Jaime Rosenthal.

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“Y él se fue haciendo grande con el tiempo. Uno ve a una persona que ha empezado así y va después con su camioncito, y después con otro, y otro…”, explicó. “Estaba haciendo bien sus negocios; fue creciendo”.

La familia Rivera Maradiaga abrió cuentas en el banco, pero los Rosenthal insistieron en que esas cuentas estaban en consonancia con sus ganancias de esa época.

“Las cuentas que ellos pudieron manejar eran razonables con el negocio que tenían”, dijo Patricia Rosenthal, quien aparece como vicepresidenta del Banco Continental.

Los grandes negocios entre los Rosenthal y Los Cachiros comenzaron en 2006, cuando el banco les prestó dinero para sus negocios de ganadería y leche.

“Ahí fue cuando empezamos a tener relaciones con ellos, de préstamos, ahí fue cuando la relación comenzó con el banco”, explicó Patricia Rosenthal. “Ya el empacador lo conocía, traían más vaquitas y todo y nos dijimos ‘miren, podría ser un buen cliente’, y les prestamos para ganadería y lechería. Los productos lácteos se los vendían en [La] Ceiba a una hacienda bien grande, y la ganadería de carne a nosotros y a otras empacadoras. Para el banco no era nada mal negocio, pues tenía buenas [reses], nos podían pagar directamente los compradores, que eran grandes todos”.

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Los Rosenthal dijeron que la familia Rivera Maradiaga cumplió con los procesos establecidos por el banco y que pagaron sus préstamos con cheques, no con dinero en efectivo.

Hubo otros préstamos, incluyendo uno para las grandes explotaciones de palma africana de Los Cachiros. Los Rosenthal dicen que aquella relación tenía sentido porque su fortaleza son los proyectos de agricultura. Nos contaron que Continental tiene tres sedes en Tocoa, el epicentro de operaciones de Los Cachiros durante su apogeo.

“Eran buenos clientes para nosotros”, dijo Patricia Rosenthal. “Otra cosa es que la fuerza del banco es la zona norte, que incluye toda la zona del litoral norte, y somos el banco más fuerte en agricultura y en vivienda social. [Eso es así] porque la junta directiva que preside el banco siempre ha creído que es nuestro deber hacer un aporte en esas dos áreas de Honduras”.

Otro préstamo estuvo dirigido a ayudar a construir el zoológico y ecoparque Joya Grande. Los Rosenthal dicen que el préstamo para Joya Grande fue rentable y legítimo en todos los sentidos, pero que también fue el que más afectó su imagen, dado que Leonel Rivera Maradiaga, hermano menor de Javier y quien fue el que recibió el préstamo, puso una placa en la entrada del zoológico como agradecimiento al apoyo del Banco Continental.

“Cuando nosotros hicimos el análisis de ese préstamo nos dimos cuenta de que era un préstamo muy bueno, no solo para ellos sino para el país. El préstamo se pagaba solo y promovía una zona del país para el turismo donde normalmente no llegaba gente. Ellos hicieron un gran trabajo porque empezaron a traer gente de toda Centroamérica”, dijo Jaime Rosenthal. “No es un proyecto que iban a pagar con droga, es un proyecto que se pagaba solito”.

Muchos de estos préstamos del Banco Continental para Los Cachiros fueron subvencionados por el gobierno, señalaron los Rosenthal. Dicen que en otros casos el banco era simplemente un intermediario para los contratos entre las empresas de los Maradiaga Rivera y los financiadores, entre los que se encontraban contratos del gobierno—aunque no se limitaba a éstos—.

La historia de los Rosenthal se enreda un poco cuando uno empieza a indagar acerca de si la familia sabía, en efecto, que Los Cachiros eran Los Cachiros. A pesar de llevar años haciendo negocios juntos, los Rosenthal afirman que no sabían que la familia Rivera Maradiaga estaba involucrada en el tráfico de drogas y en otras actividades criminales hasta que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos los declaró como objetivos en septiembre de 2013.

“Nosotros no teníamos motivos para creer que ellos eran tan pícaros como resultaron ser”, afirmó Jaime Rosenthal.

El anuncio de la administración de Barack Obama en septiembre de 2013 levantó alarmas en las decisiones comerciales de la familia Rosenthal, dijeron.

“Ahí nos dimos cuenta, cuando Obama lo dijo”, comentó Patricia Rosenthal. “Porque no había ningún documento ni nada que dijera que ellos estuvieran involucrados en el narcotráfico”.

Los Rosenthal dijeron que cuando realizaron las debidas diligencias no apareció nada que sugiriera actividades de narcotráfico, y agregaron que les mostraron todos sus registros a las autoridades y les pidieron que revisaran estos procesos. (Los Rosenthal además le dieron a InSight Crime una copia del más reciente informe anual del Grupo Continental).

“Si usted ve nuestros expedientes son así de grandes, de las fincas muy lindas y bien manejadas con todo armado. O sea, la gente iba y revisaba y todo bien”, dijo Patricia Rosenthal.

“A nosotros nunca nos han hecho ninguna tapada, o sea, las cosas que ellos [el gobierno] hicieron de malo con la delincuencia no fue contra nosotros”, añadió Jaime Rosenthal.

Sin embargo, los Rosenthal admiten que habían escuchado rumores sobre Los Cachiros mucho antes de la decisión del Departamento del Tesoro. Y a principios de 2012, los Rosenthal ya estaban visiblemente preocupados: en marzo de ese año, 18 meses antes de que los funcionarios del Departamento del Tesoro se refirieran con nombre propio a Los Cachiros, Jaime Rosenthal envió una carta a la embajadora estadounidense Lisa Kubiske.

“En el Banco Continental, S.A. somos y queremos ser muy cuidadosos con nuestro negocio y nuestros clientes”, así comienza la carta que los Rosenthal le enseñaron a InSight Crime. “Dado que el Grupo Continental participa en muchas compañías, incluyendo agroindustrias, debemos ser especialmente cuidadosos con quienes hacemos negocios”.

La carta no menciona a la familia Rivera Maradiaga con nombre propio, pero sí le pide ayuda a Estados Unidos que adelante las debidas diligencias.

“Para nosotros un nombre limpio es muy importante”, reza la carta. “Y dado que la DEA [Agencia Antidrogas de Estados Unidos] y la Embajada de Estados Unidos son los mejores informados en Honduras, le agradeceríamos mucho que pudiéramos confirmar con la DEA algunos de los nombres de nuestros clientes para asegurarnos de no involucrarnos en negocios que puedan dañar el nombre de nuestra familia”.

Los Rosenthal se defendieron de la misma manera durante su entrevista con InSight Crime. En pocas palabras, dijeron que no es posible revisar los expedientes de todos sus clientes.

“La lección grande es que nosotros necesitamos que Estados Unidos nos ayude”, dijo Jaime Rosenthal. “No tenemos la capacidad, o sea, nosotros hacemos lo posible pero no podemos tener un cuerpo de investigación para ver si un cliente está metido en eso [en actividades criminales]”.

“Ningún banquero del mundo la tiene, por eso usted ve a todos los bancos siendo multados”, agregó Patricia Rosenthal. “Lo que hacen los banqueros es determinar si un cliente les puede pagar”.

¿Cuándo debe ser responsabilidad del banco?

“La obligación de nosotros debiera ser si hubiera una gente responsable de que cualquier información que caiga en manos de nosotros se lo pudiéramos dar, y ellos la pudieran ir a revisar, que tuvieran la capacidad para irla a revisar, y digan ‘no es cierto, es un chisme callejero’ o ‘es cierto, no hagan negocios con ellos’”, respondió Jaime Rosenthal. “Pero lo que está ahorita es que ellos están esperando a que nosotros decidamos quién es o no es un criminal. Para eso está el Estado, para eso está el gobierno, eso no es función de los bancos ni de las personas. Para eso se creó el Estado”.

Los Rosenthal dicen que el Grupo Continental todavía está conectado financieramente a Los Cachiros porque las incautaciones del gobierno han vinculado sus préstamos a un largo proceso legal.

“No hemos hecho nada ilegal”, insistió Jaime Rosenthal.

* La investigación presentada en este artículo es, en parte, el resultado de un proyecto financiado por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC por sus iniciales en inglés), de Canadá. Su contenido no necesariamente refleja las posiciones de la IDRC. Las ideas y opiniones contenidas en este documento son responsabilidad exclusiva de sus autores.

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