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¿Dónde estoy? | ENTREVISTAS

“Tenemos una juventud que mata y muere por frustración”

"Lo que pasa es que aquí todavía estamos bajo el pensamiento de 'usted es malo porque usted tiene la culpa'", dice el psicólogo forense Néstor Recinos.

Bryan Avelar
Néstor Recinos, coordinador del departamento de Psicología Forense de Medicina Legal. Foto D1: Bryan Avelar.
Néstor Recinos, coordinador del departamento de Psicología Forense de Medicina Legal. Foto D1: Bryan Avelar.

¿Dónde está la raíz de una sociedad violenta? ¿Qué es lo que lleva a un niño de 12 o a un joven de 18 años a matar? ¿Por qué son cada vez más los jóvenes que matan o mueren en El Salvador? El coordinador del Departamento de Psicología Forense del Instituto de Medicina Legal (IML), Néstor Recinos, explica que uno de los principales factores que desencadenan un comportamiento violento es la frustración.

Sin embargo, el psicólogo asegura que la violencia es un problema multicausal y que uno de los errores que se ha cometido en los últimos años es buscarle una solución unilateral al problema.

El Salvador ha sido catalogado en los últimos meses como uno de los países más violentos del mundo y, de acuerdo con Recinos, el miedo se ha convertido en un factor elemental en la vida del salvadoreño, al punto de asegurar que “está más enfermo el que anda tranquilo que el que no”.

¿Puede una persona “tranquila” adoptar un comportamiento violento con solo vivir en una sociedad como la salvadoreña?

No es que la violencia brote del individuo. El individuo no puede vivir sin el medio social y no puede haber medio social sin el individuo. Generalmente nuestra cultura no es violenta, sino que subyacente a ella hay una subcultura de violencia donde esta se legitima y es válido utilizarla tanto por los cuerpos de seguridad como por la sociedad común, una cultura donde es lícito utilizar la violencia.

Este comportamiento violento o la violencia misma es producto de una construcción social. Es necesario saber y entender que hay sociedades donde no es normal este tipo de comportamiento.

¿Es decir que en una sociedad como la de El Salvador todos somos violentos de alguna manera?

Pues, si no somos violentos, hemos aprendido a adaptarnos a un medio social inadaptado que es violento. No podemos decir que todos estamos en el mismo huacal, porque existen diferentes mecanismos de control social o de protección de la violencia, como por ejemplo tener una religión, un trabajo, pertenecer a un club. Habrá algunos grupos sociales que tienen esos factores, pero no la gran mayoría.

Lo que podemos ver es una gran intolerancia que conlleva muchas veces a la violencia. Por ejemplo, las luchas campales con los vecinos, peleando porque uno le echó la basura al otro, o por cosas insignificantes como que uno puso música que no le gusta al otro. Entonces las diferentes manifestaciones de la violencia están en lo cotidiano, en la transgresión de la normativa jurídica, y en la transgresión de los derechos del otro.

Pero no toda la gente expuesta a la violencia adopta una conducta agresiva…

Hay que ser claros en que no somos todos los salvadoreños los que adoptamos un comportamiento violento. Hay grupos que tienen instituciones o grupos de protección, como ya habíamos dicho, la familia, la iglesia, etcétera. Pero el trabajador común, del campo, cuando sale a trabajar lleva su machete por si le sale alguien, anda preparado.

Hay quienes tienen miedo de caminar por las calles…

Es que todos los salvadoreños vivimos adaptados a una situación de violencia, y por ello tenemos elevados niveles de suspicacia, lo cual no necesariamente consiste en un cuadro de paranoia, pero a diario, cuando vamos en el bus y percibimos algunas señales en el ambiente, ¡pum! nos tiramos del bus porque ya sabemos lo que sigue.

A mí ya me ha tocado que ando con tenis y ropa floja y la gente se me queda viendo y se aflige, y aquí ya es normal ese tipo de conducta. Quien no lo haga, quien no entre en un estado de hipervigilancia en una sociedad como la nuestra será quien está realmente más enfermo que el que sí lo hace.

¿Enfermo?

Si lo vemos desde el punto de vista de la salud mental, somos una sociedad enferma. No es normal que 667 familias tengan duelo en un país mensualmente. Eso tiene un impacto en la salud mental de la población, especialmente en 667 familias que viven un duelo y el sentimiento de impunidad que se da. Eso nos lleva a que seamos una sociedad violenta, enferma, que reproduce la violencia.

¿Cuándo la violencia se convierte en una enfermedad?

Hay muchos médicos teóricos que dicen que la violencia es un problema de salud pública y que se constituye en enfermedad. Lo cierto es que la violencia no es una enfermedad, la violencia genera una serie de enfermedades mentales en la población: Sentimientos de inseguridad, miedo, pánico, ansiedad, depresión, trastornos de personalidad, comportamiento antisocial, psicopatía, esquizofrenia… todos estos son consecuencias, por eso somos una sociedad enferma.

Pero la violencia podemos verla Incluso en la arquitectura, en la mayoría de casas vemos solo alambre electrificado y muros. Eso es lo normal. Sin embargo si no lo hacemos así no estamos seguros, si no vemos que hay protección de dos o tres vigilantes que cuidan una venta de cervezas ya no estamos seguros, sentimos miedo.

¿Qué determina que un individuo, a partir de la exposición a un ambiente violento, se convierta en un agresor o en un “miedoso”, por así decirlo?

La frustración. Si nos vamos a la teoría de Dollar y Miller, una de las causas de la conducta violenta de las personas es que por un lado está el sujeto, en medio una barrera, y al otro lado su objetivo. Al no poder pasar la barrera se crea un sentimiento de frustración que desencadena una conducta de violencia que puede ir dirigida hacia dos direcciones: hacia su propia persona o hacia la barrera.

En el primer caso, la violencia se llama intra-punitiva, y es cuando la persona se agrede a sí misma; y en el segundo caso se llama extra-punitiva. Esto es lo que pasa con muchos jóvenes que quieren estudiar y se dan cuenta de que no hay pisto ni institución educativa, entonces, tienen dos opciones: me ataco llamándome incapaz, inútil, etcétera, o ataco a las instituciones.

Entonces lo que tenemos es una sociedad frustrada que no ha podido lograr sus aspiraciones. Una juventud que se está matando y está muriendo por frustración.

Pero hay casos de jóvenes que no tienen necesidad, al menos económica, porque tienen familia en Estados Unidos que le mandan ropa, dinero, zapatos… y se terminan convirtiendo en pandilleros.

Es que el problema no es el dinero, sino las instituciones que permiten o protegen de la violencia, y en este caso, si no está la principal institución, que es la familia, evidentemente, el niño de 12 años que quedó bajo los cuidados de la abuela de 80 buscará pertenecer a un grupo que alivie esas necesidades.

¿Pero por qué no hay familia? Porque se fueron para Estados Unidos ¿y por qué se fueron para Estados Unidos? Porque se frustraron, porque no encontraron un trabajo o proyecto que le hiciera quedarse aquí, y volvemos a lo mismo.

¿Cómo la violencia se multiplica o se “contagia”?

Para empezar, la persona violenta no es consciente de que lo es. Hay una exposición permanente a través de los medios de comunicación social que están proyectando toda una realidad a través de mensajes. Hay un emisor, un receptor y un mensaje. El receptor recibe, consciente o inconscientemente, mensajes subliminales, ya sea por películas, noticias, novelas… Eso queda de forma latente en la conciencia de las personas y en un momento determinado se encuentra en una situación similar a la que se observa, tiende a reflejarla, a repetirla. Esa es una reproducción psicológica de la violencia. Y esto puede suceder no solo para reproducir, sino también para naturalizar o normalizar la violencia a través de los sentidos.

¿Se le está dando el tratamiento adecuado a la violencia en El Salvador?

Aquí el problema, así como vamos, si no hay una inversión en el capital humano e inversión social humana, realmente el pronóstico es desfavorable. Así como esto ha sido una construcción social, igualmente debe comenzarse a destruir, así, con años.

Eso necesita mucha intervención psicológica, no policial, para poder intervenir en grandes grupos humanos e ir viendo las cosas de diferentes formas.

Crear una nueva visión institucional en el país es importante. Todos los programas que se han desarrollado en el país en los últimos años han querido ver simplemente el aspecto presupuestario con una visión única del problema.

¿Dónde están las raíces de la violencia en El Salvador?

Esto tiene raíces amargas en una guerra fuerte, llamada de “baja intensidad”. Esta fue una guerra que dejó problemas que nunca fueron tratados. A nadie le ha importado la salud mental, a nadie le ha importado si es una sociedad enferma o no enferma. Lo cierto es que ni endureciendo las leyes ni aumentando el número de policías es como esto se va a resolver, porque las raíces son mucho más profundas.

Por ejemplo. Si a alguien le matan a un familiar y sabe que quien lo mató anda libre sin que nadie lo investigue ¿qué crees que va a hacer? Reproducir la violencia.

Igual sucede cuando no tengo trabajo, tengo un bajo nivel educativo, ninguna experiencia laboral ¿qué voy a hacer? Vender droga. Lo que pasa es que aquí todavía estamos bajo el pensamiento de “usted es malo porque usted tiene la culpa”.

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