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Rafael Lara-Martínez

Biografía
Rafael Lara-Martínez Tecnológico de Nuevo México rafael.laramartinez@nmt.edu / https://nmt.academia.edu/RafaelLara Desde Comala siempre…
Rafael Lara-Martínez

El olvido en que nos tiene

En breve, concluyo, sólo una continua caravana de ex-clusiones hace posible el ex-sito de la memoria histórica.

…el olvido en que nos tiene…  JR

La respuesta a la violencia oficial contra una mujer ha sido predecible: el silencio.  Pocas aves trinan el augurio.  Tal vez coplas solitarias.  Ronco, sin alas de esperanza, el canto justifica el arresto de otras mujeres que sufren la violencia masculina.  Transcribo los ecos que me llegan de la vivencia en Cuzcatlán a su defunción en Aztlán.  El cuarteto de los puntos cardinales.

En primer lugar, las instancias gubernamentales aplican las leyes de manera estricta.  La autoridad rara vez se equivoca, ya que se rige por el derecho democrático.  Por ello, en unión de los opuestos, la justicia recicla la disparidad de género, asegurando su parcialidad.  Si una mujer acusa a un hombre de acoso sexual, puede exigírsele una reparación financiera.  Pero si la mujer sufre violaciones repetidas y el encarcelamiento injusto, no hay una enmienda oficial.  Mientras la justicia es injusta, la sinrazón es ecuánime.  Luminoso y masculino, el primer contrasentido declara la necesidad de silenciar el acierto femenino, al afirmar su primacía.

En segundo lugar, ninguna institución cuenta con el presupuesto —con la suposición lógica ni las finanzas— para retribuir la injusticia estatal que debe ignorarse.  Un plantel estatal honorable —el poder judicial— oculta su deuda con la educación quebrantada por violaciones viriles y acusaciones falsas.  La retribución mínima consistiría en el pago de estudios por un número de años igual al de la prisión injusta.  Si esta falta legal incita las migraciones actuales, queda abierta a la discusión.

En tercer lugar, me dicen las buenas lenguas, hay una diferencia tajante entre “ellas” y “nosotras”, esto es, entre quienes sufren la injuria y quienes desde el estado de derecho “luchamos” por un mundo mejor.  El poder político engendra espejismos de la verdad.  Se trata de la ilusión perenne de encontrar un asidero utópico para la crisis política del desierto social.

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En El Salvador, no hay nada nuevo bajo el sol.  Sea 1882 (Extinción de Ejidos ≠ F. Gavidia-R. Darío), 1932 (Matanza ≠ Política de la cultura (Biblioteca Nacional) y Torneos universitarios en la Universidad Nacional), 1969 (Guerra ≠ Actividad literaria), 1975 (parricidio (RD) y lengüicidio en silencio), etc., hasta 2019, persiste una división esquizofrénica.  Casi nunca existe una correspondencia entre los hechos históricos y el silencio po-Ético que los encubre.  Como el día y la noche, para un mismo año, la actualidad celebra lo literario, mientras condena la política.

No extraña que textos como —“[de no] asaltar brutalmente [a la mujer] era un afeminado”— los acalle la nueva historia oficial.  De revelarlos, denunciarían la larga dimensión de la violencia contra la mujer.  Por último, yo no tengo derecho de hablar pues vivo fuera del país.  Vegeto en Comala, en el lugar de los Muertos donde se sepulta la experiencia centroamericana.  Entre nopales espinosos y agrestes.  Por tanto, desconozco cómo trabajan las instancias que imparten la (in)justicia e implementan la verdadera política de la cultura.

La política de la cultura siempre ha sido liberadora, desde 1932, como lo declara la afro-descendiente Gnarda.  En réplica del silencio literario de 1882.  Sin censura de prensa, ese mismo de 1932, ella declara su ciudadanía salvadoreña pese al abandono vigente que desea confiscarle “la honra”.  Su existencia la refrendan María Gertrudis y Rosa María, líderes indígenas desconocidas.  Según decreto político e histórico, la mujer violada y agredida suscribe el lugar de la ficción.  Por ese doble estigma —étnico y femenino— la triple existencia pertenece al olvido.  Incluso la desdeña la memoria de las gestas revolucionarias.  La Fulja, María Asunción, la pobre Quina… (véase: “Balsamera bajo la guerra fría”, UDB, 2005)

En la Universidad Nacional (“Torneos Universitarios”, 1932), su entrega corporal desinteresada concluye en “la liberación [espiritual] de sí mismo”, esto es, en la de su amante, según la clásica unión de los contrarios: cuerpo-alma, negro-blanco, mujer-hombre, negativo-positivo, bondad-maldad, noche-día, muerte-vida, inferior-superior, etc.  Por la ley de conjunción salvadoreña de los opuestos complementarios, no existe la condena de un hecho histórico sin la celebración de su co-hecho poético.

En breve, concluyo, sólo una continua caravana de ex-clusiones hace posible el ex-sito de la memoria histórica.  Hay que expulsar la diferencia, juzgada de inepta para la economía e identidad nacional.  Sin mutilaciones corporales —poblaciones a la deriva— no hay progreso.  Desde la antigüedad, los muñones rotos predican que la siembra la inicia el desgrane.  Provenimos del estallido del morro, de la mazorca reseca sin semillas dispersas que la adornen.  Como nuestra Madre, Coyolxuauhqui, navegamos despedazados por el Mundo.

En mi neta ignorancia, sin poder oficial, permaneceré en el ex-silio siempre.  Tullido de nacimiento al centro, jamás olvidaré “gritar” entre las “rosas muertas” que atavían “mi tumba”.  Como lo anticipa Juan Rulfo, desde mediados del siglo XX, sólo un viaje al socavón de Comala(pa) permite rescatar las voces de esas ánimas en pena, a la espera de quien las rubrique en escritura.  En texto o en textil, en danza de historiantes…

https://www.youtube.com/watch?v=21TfnF4m7os&list=RD21TfnF4m7os&index=1 / https://www.youtube.com/watch?v=RS_yyRk_dj8

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