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Lafitte Fernández.

Lafitte Fernández

Biografía
Periodista.
Lafitte Fernández

Magistrados, les dijeron la verdad

La mejor lección que ustedes, magistrados, tienen del caso Enrique Rais y Luis Martínez es que les enseña cómo les compran la gente.

Tiene razón el Fiscal General, Douglas Meléndez: en el Poder Judicial hay “clicas”. Antes lo sospechaba. Ahora estoy convencido.

Llegué a creerlo cuando leí las escuchas telefónicas realizadas a jueces y abogados en medio del caso que involucra a Enrique Rais y a Luis Martínez.

Da pena leer aquello: un juez alerta a un abogado corruptor y le dice que en otro juzgado hay “sopes” (zopilotes), o personas que podían entorpecer lo que estaban construyendo a base de saliva y dinero.

Con el mayor descaro del mundo, hasta se habla entre jueces y abogados de las conquistas materiales logradas por otros servidores judiciales sobornados. ¡Da pena ajena aquello!

Que una secretaria compró un Ford Scort, o que otro juez adquirió un carro del año con un soborno que le dieron. Ese es el lenguaje de los modernos clanes judiciales. En otro caso un juez sobornado está celoso que otro de su mismo rango compita con él. El abogado sobornador lo tranquiliza y le dice: “No se preocupe, lo tengo en otra cosa” (es decir, también lo tenía comprado).

Si yo fuese magistrado de la Corte Suprema de Justicia habría pedido, a voz en cuello, que investiguen a la cadena de jueces que, simplemente, se dedican a vender justicia.

Pediría a la propia Fiscalía General de la República que intervenga cada uno de los teléfonos de los jueces y otros servidores y los de un puñado de abogados corruptores que todos saben quiénes son.

Alguien tiene que entender en este planeta que una parte de la justicia en El Salvador se ha transformado en una subasta abierta. El camino de la justicia está sembrado de baches y dificultades morales desde hace rato.

Aunque tengo que reconocer que hay jueces y abogados honrados, estudiosos, dignos de este país, hay otros que tienen la justicia en chancletas. Todos saben quiénes son.

La mayoría de veces esos malos jueces usan la independencia y autonomía judicial para escudar resoluciones vergonzosas, estériles, desnutridas de buen derecho y rodeadas de inductores, cómplices, encubridores y prevaricadores.

No sé porqué no se quiere admitir: hay servidores judiciales que están llevando al Poder Judicial a una verdadera involución democrática. Lo escribo con el ánimo sereno pero me asombra que nadie asome la nariz y reconozca que el Poder Judicial necesita una cirugía mayor.

Ante la denuncia de la existencia de “clicas”, no me gusta el silencio de los principales jerarcas del Poder Judicial. El silencio significa más de la misma historia. Tal vez existe gente que dice “déjenlos que griten y ya se van a olvidar de eso”. Esa postura vuelve a las principales autoridades cómplices de lo que sucede. Cuando existe verdadera hostilidad a un mal judicial, el silencio es más grave que la ausencia de condena o corrección.

Yo he sufrido en carne propia sanciones compradas con muchos billetes. Lo experimenté aquí. Me aplicaron el manual en una sede judicial y sentí que querían envilecerme de por vida.

Todo lo que pasó se lo conté a amigos que son magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Gente buena, lista, inteligente, honrada que saben de la negra espesura de barbaridades que ocurren en el país.

Pero, aún antes de que yo les narrara lo que me sucedió, ellos me decían que depurar el Poder Judicial es casi imposible porque los jueces más oscuros, los que tienen en su despacho una verdadera galería de atrocidades y ventas de resoluciones, tienen padrinos que los han vuelto de mármol.

Es decir, que la clica que denunció el Fiscal General es real y completa: hay miembros arriba, hay miembros en todas partes. Digámoslo como es: la venta es tal que se ha vuelto organización criminal. Para qué ponerles otro adjetivo. Muchos son los que andan el escote más bajo de lo normal para que les compren sus resoluciones.

Callar todo eso, magistrados, es un error. Ustedes están rodeados de expedientes que prueban lo deshonrados que son algunos jueces. No los archiven. No los protejan.

La mejor lección que ustedes, magistrados, tienen del caso Enrique Rais y Luis Martínez es que les enseña cómo les compran la gente. Desde un juez hasta un infeliz psicólogo que hace dictámenes alterados a cinco mil dólares el par.

Pocas veces he visto en mi vida un caso más emblemático sobre cómo se compran jueces, peritos, agentes fiscales como si estuvieran en cadena de supermercado. Que yo recuerde, nunca había observado un caso que comience con el Fiscal General y termine con un dictamen falso que muestra que mi cabeza está alterada a punto de dibujar árboles, casas y de hacer borrones con un lápiz.

Callarse magistrados es lo más inapropiado en este momento en el que les dicen que hasta “clicas” tienen adentro. ¡Qué pena! Pero les dijeron la verdad y nadie que se quiera puede trabajar en un lugar donde la justicia empieza con la voluntad de las “clicas”.

No escribo esto como reacción porque la jueza que, en principio, juzgó a Rais, Martínez y compañía decidió soltarlos. No es ese el problema. Juzgar no es linchar ni imponer mi criterio. La jueza cumplió con lo más importante: procesarlos penalmente en un caso que apenas comienza.

Eso sí: yo no habría soltado a esos reos. Si fueron capaces de comprar la justicia en su momento, ahora que son ellos los acusados les costaría más repetir esa conducta entre rejas. Mi criterio es simplista. Pero no significa que la jueza no tenga otras razones válidas para soltarlos.

El problema, entonces, no es el terremoto que causó la jueza. El verdadero lío es que, señores magistrados, el fiscal general les ha dicho que ahí adentro, donde ustedes trabajan, hay “clicas”. Esta vez no se pueden quedar callados. No les dijeron cualquier cosa ni les enviaron rosas en verano.

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