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Bessy Rios

Bessy Rios

Biografía
Hija, hermana, madre, esposa. Asesora jurídica, activista pro derechos humanos y LGBTI. Opinóloga.
Bessy Rios

Ciudad mujer, ¡Para siempre!

Está acreditado por todo consultor nacional e internacional que en la medida que las mujeres logran independencia económica y continúan sus estudios, se vuelven emprendedoras y dan trabajo en sus comunidades

Hace unas semanas publiqué en redes sociales la historia de una madre, quien después de recibir una capacitación impartida en la sede Colón (La Libertad) de Ciudad Mujer, había logrado poner un pequeño taller de costura y sastrería. Como muchas mujeres ella es muy responsable, talentosa, y esmerada; y como muchas mujeres, sólo necesita oportunidades.

A los pocos días después de aquella publicación, mis hijos tenían que regresar a clases, y como siempre, los pantalones que apenas dejaron de usar hace mes y medio, ya les quedan cortos –cómo crecen los niños de rápido–. En esa búsqueda de nuevos pantalones, la persona que colabora en casa me contó que tenía una vecina sastre que hacía pantalones. No lo puedo negar, me sorprendí, ya que por regla general los sastres son los hombres y las mujeres las costureras –punto que me ofende como feminista–. Entonces y decidí probar sus servicios: Solicité que hiciera un par de pantalones, y quedaron excelentes, no sólo tallan bien, sino que el consumo de tela disminuyó frente a lo que me habían pedido unos días antes en otra sastrería.

Quedé sorprendida satisfecha, interesada y decidí conocerla: Se llama Abigail, ella me contó que conoció el programa de Ciudad Mujer por una promotora que había llegado a la iglesia donde ella se congrega, y pues la expectativa de un curso gratis le fue atractiva de inmediato, pero había una dificultad: Para beneficiarse, tenía que viajar a diario diariamente los casi 45 kilómetros que hay desde su vivienda en San Antonio del Monte en Sonsonate, hasta la sede Colón de Ciudad Mujer. Ya esa distancia es una barrera para cualquiera.

Pero está claro en buscar un cambio en la vida y con ello la perseverancia y la decisión de aprender, sin importar lo que eso implique … tiene recompensa: Abigaíl abrió no sólo una sastrería, también abrió una oportunidad. Me compartió que a pesar que estar casada, su esposo no es exigente con la comida porque “a ella no se le da la cocinada” y por esa compresión está agradecida con él y prefería las labores agrícolas antes de las domésticas, porque sentía que recibía mejor remuneración.

Logró pasar de cortar con tijera el “maicillo cuarenteño” –es el que se da a los 40 días después de sembrado–-, y que crece hasta el tamaño de un niño de 6 años, a cortar la tela y coser para hacerle los excelentes pantalones a mis hijos. Sin duda hay un gran “valor agregado”, hay un cambio en su proyecto de su vida, y quien le ha dado ese “plus” tiene nombre y apellido: Ciudad Mujer.

Poco a poco se ha hecho de clientes. Antes alquilaba una máquina, pero no sin esfuerzos, hoy logró con esfuerzos sacar una máquina nueva a plazos –y sólo le faltan dos cuotas– y dice que ha tomado la decisión de sacar una máquina rana, porque ahora ya la necesita. Quedé sumamente impresionada de su entereza y de cómo le había cambiado la vida: de labores agrícolas a tener un negocito responsable de una auténtica empresa –todo país necesita de la labor agrícola también–, de haber apostado a desarrollar su familia a través de la agricultura, hoy hace hasta vestidos de novia, lo cual demuestra todo su crecimiento.

Ese día en el que platicábamos, le dije que había proyectos para construir y poner en funcionamiento nuevas sedes de Ciudad Mujer, una de ellas en Sonsonate. Su rostro no dejó de demostrar felicidad, aunque estaba muy contenta, pero también le hice ver que esto dependía de unos préstamos y de la voluntad de las Diputadas y de los Diputados… y su semblante cambió, para preguntarme de inmediato que parecía que no se lograrían los votos, inmediatamente me dijo “¿Qué puedo hacer? Yo quisiera que más mujeres tuvieran tengan acceso a este programa, y a las oportunidades que yo he tenido”.

La verdad es que Abigail no debe hacer nada, ya lo hizo –para bien de su familia–- y no lo sabe; es de esas mujeres que han sido beneficiadas y están saliendo adelante; es una emprendedora y una luchadora; no es una estadística… ¡es una mujer!, es una historia, es una vida, es una familia, es un sostén económico para su hijo, es, como dijo el trovador, “una desconocida gigante” en caso su esposo pierda su trabajo. Como bien se sabe, y los organismos internacionales lo tienen confirmado desde hace décadas, por cada dólar que gana una mujer, hay una inversión plena para el hogar, diferente a lo que sucede en general con los hombres que tienen “otros gastos”… las mujeres ya sabemos de esas excusas.

Uno de los programas sociales que más ha impactado positivamente en la sociedad salvadoreña es Ciudad Mujer, y la incansable y loable labor de su promotora lo han convertido en un proyecto con profunda visión social y encaminado a cambiar la realidad de la mujeres salvadoreñas, y las de otras latitudes en América Latina.

Este programa ha conseguido que miles de mujeres puedan cambiar su realidad –como lo he constatado en Abigail-, adquiriendo conocimientos técnicos con la diversidad de cursos que ahí se imparten, permitiendo que la autonomía económica de las mujeres se vuelva una realidad, y que con ello comprenda una pizca de lo que es empoderarse de su futuro y el de sus hijos.

La oferta de Ciudad Mujer no se agota con la autonomía económica; se ofrecen servicios de salud sexual y reproductiva especialmente dirigidos para la prevención y detección temprana y oportuna del cáncer de mamas y del cáncer cérvico-uterino, para la atención de los embarazos de alto riesgo, y se complementa con un modelo de atención integral para las mujeres que enfrentan cualquier tipo de violencia basada en género. Aunque los múltiples programas de capacitación no son los únicos que se pueden encontrar en Ciudad Mujer, también hay servicios de salud, acceso a créditos para emprendedoras y otros.

La primera vez que oí la expresión “Ciudad Mujer” no estaba muy segura de sus alcances, pero ahora entiendo mucho mejor su significado; es un espacio donde la mujer es auténtica ciudadana, es decir, donde se reconocen sus derechos y encuentra en el Estado un respetuoso garante de los mismos, un modelo que el resto de las autoridades públicas y entidades estatales deberían intentar seguir. El sueño de crear una zona segura donde las mujeres puedan recibir servicios especializados y acceder a oportunidades para logren cambiar su realidad, ha dado frutos y ha sido exitoso. Y como nadie es profeta en tierra propia, el mérito de Ciudad Mujer ha sido reconocido globalmente, muestra de ello son las innumerables visitas que han efectuado grandes personalidades internacionales, en especial mujeres que ejercen poder político, para conocer este proyecto con la expectativa de replicarlo. ¡Qué bien por las mujeres del mundo! Con ellas, las mujeres salvadoreñas, que compartimos los mismos desafíos sin importar las fronteras y las culturas. Por ello, mis respetos a la persona que tuvo la visión y al gobierno anterior que apostó por un proyecto de nación. ¡Así lo considero!

Lamentablemente Ciudad Mujer corre el peligro de no poder ampliarse al resto de departamentos; dicho sea de paso, no son aquellos departamentos que muestran altos índices de desarrollo social, sino aquellos en los que el Estado tiene las más grandes deudas sociales; y tal peligro se debe a que en la Asamblea Legislativa, la correlación política no le favorece a la actual administración.

No tengo duda sobre la importancia de controlar la utilización de los fondos públicos; no me caben dudas, tampoco, sobre la austeridad y la grave situación fiscal que vive El Salvador, no me cabe duda que debemos tener una control de la utilización de fondos, que es importante reducir los gastos, pero ¡Ciudad Mujer no es un gasto, es una inversión! Pensemos bien ¿es más barato asumir como sociedad y como Estado la ruptura de la familia por razón de la migración ante la falta de oportunidades, el embarazo en las adolescentes por la falta de un claro programa de educación integral en la sexualidad, una todavía elevada tasa de natalidad, el tratamiento para el cáncer de mamas y para el cáncer cérvico-uterino, la pérdida de oportunidad en el producto interno bruto que significa la violencia contra la mujer; o es más barato empoderar a las mujeres salvadoreñas para que ejerzan sus derechos y tengan las herramientas y habilidades para acceder y aprovechar oportunidades, trazar un proyecto propio de vida, y vivir libres de violencia?

Usted que me lee seguramente ya tiene una respuesta. Haga una pausa y pregúntese ¿qué gana entonces el principal partido de oposición al negar sus votos por la continuidad del programa Ciudad Mujer? Yo tampoco logro entenderlo. Es más caro para este país tener mujeres que prefieren emigrar a Estados Unidos, que se embaracen siendo niñas, que sean dependientes de los programas sociales, que por su condición de pobreza abarroten el sistema nacional de salud con enfermedades prevenibles –y que en sus etapas tempranas pueden ser diagnosticadas en Ciudad Mujer- y no digamos de las enfermedades terminales.

Aquel que considere que capacitar mujeres es un gasto, y que es “invertir en saco roto” tiene todas las comodidades que espero sean porque fueron acumuladas por generaciones de su familia, y adquiridas conforme a las leyes; pero precisamente, el ideario de una democracia pasa por reducir las desigualdades sociales y que el Estado invierta en reducir las brechas de la pobreza, y a estas alturas no deben caber dudas que está acreditado por cualquier organismo internacional y debo decir por nuestra experiencia que invertir en las mujeres es invertir para reducir la pobreza y los índices de desigualdad, esos mismos que actualmente nuestra sociedad refuerza … al excluirlas del desarrollo.

Por supuesto que faltan otros apoyos a Ciudad Mujer. Pregunto a las autoridades del Ministerio de Economía, que hablan que nuestro país está integrado “verticalmente” para favorecer a la industria textil de nuestro país, cuántos recursos políticos y financieros destinan para que mujeres como Abigaíl accedan a herramientas financieras que las desarrollen, las inserten en cadenas productivas, aumenten su producción y su productividad, generen más empleo y contribuyan aún más al crecimiento nacional., y que por esa “ventaja competitiva” somos un país que en esa industria tenemos exportaciones crecientes, pero deben reconocer que la fuerza laboral que sostiene esa industria tiene rostro de mujer. Aprovecho que las vice ministras de Economía son mujeres.

Está acreditado por todo consultor nacional e internacional que en la medida que las mujeres logran independencia económica y continúan sus estudios, se vuelven emprendedoras y dan trabajo en sus comunidades, reactivan el tejido económico local –tan necesario para erradicar el control territorial de las maras-, sus familias logran mejorar el ingreso, lo cual permite que los niños y niñas permanezcan en las escuelas y no tenga la necesidad de abandonar los estudios e integrarse a los grupos disfuncionales sociales.

Hay muchas historias detrás del programa Ciudad Mujer, pero aún podría haber más. Usted, que me lee, mande un correo electrónico a los Diputados y a las Diputadas de su elección, mándeles una carta, pídales una reunión ya sea en San Salvador o en las sedes departamentales de la Asamblea Legislativa… o visite las sedes de los partidos políticos de su preferencia, pero requiérales que demuestren su compromiso para que las mujeres de El Salvador puedan tener un futuro diferente. Es importante que tomemos conciencia, escribamos a nuestros Diputados y Diputadas. Del partido de nuestra preferencia –eso es lo de menos-; unámonos a la campaña para solicitar sus votos, para que más mujeres cambien su realidad. Hacer un correo electrónico no quita el tiempo, firmar la lista de apoyo tampoco convierte a nadie en un agente pro-gobierno.

Como sucede a lo largo de la vida, debemos aprender a madurar, y reconocer cuando un proyecto es bueno y funciona, apoyarlo y pedir que sea apoyado, no hace otra cosa que fortalecernos y generarnos la sensación de hacer lo correcto, una sensación tan fresca y agradable como la menta de un buen aliento.

Nadie está llamado a simpatizar con la Dra. Pignato, quien ha impulsado este proyecto y transformado la vida de muchas mujeres salvadoreñas, sin haber nacido en el pulgarcito de América, pero que ha sido consecuente con nuestra sociedad desde que aceptó el pedido del Presidente de continuar construyendo el sueño de materializar este programa a más y más mujeres a lo largo de todo este el país.-

¿Qué futuro tenemos como país si las mujeres salvadoreñas, las más pobres especialmente, lejos de encontrar oportunidades, encuentran que la Asamblea Legislativa se las cierra de un portazo? Si usted es un Diputado o una Diputada de oposición, le felicito, sea implacable con la corrupción, exija la austeridad en el sector público, sea la peor pesadilla del gobierno… Pero ante todo sea responsable con el destino del país, genere oportunidades para el desarrollo de las mujeres, y ofrezca sus votos para ratificar el préstamo de Ciudad Mujer. Permítale a miles de mujeres más poder tener la superación y el cambio positivo en su vida que Abigaíl y muchas otras como ella ya han podido experimentar.

¡Comencemos a enrumbar nuestro país para andar por la senda de la de superación del subdesarrollo. ¡¡Ciudad Mujer, para siempre!!

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