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Voces

¿Dónde estoy? | DESDE LA REDACCIóN
Lafitte Fernández.
Biografía
Periodista.
Lafitte Fernández

Kant le habría llamado a eso “artes infernales”

Saber que a El Salvador lo castigaron por conocer algo que se tenía en secreto, me sonó como si hubiese estallado una candela de dinamita en mis oídos.

Desafortunada, antihistórica, injusta, ruin y hasta antidemocrática, me parece la decisión de algunos países, incluido Estados Unidos, de castigar a El Salvador porque el Fiscal General no pudo impedir que le hurtaran una copia de un reporte que acabó con la honra pública de Francisco Flores.

Confieso que el anuncio de ese castigo me produjo un enorme cortocircuito: se sanciona una democracia porque en su interior trascendió un secreto que, a juicio de los mejores, jamás debió ser secreto.

Confieso que eso me resulta indecente y representa un pésimo mensaje en una democracia. Hasta lesiona la dignidad de una democracia que tiene todo el derecho de conocer sus verdades más trascendentes.

Ese castigo es uno de los asuntos más insólitos y antidemocráticos que he conocido en mi vida.

La pena, comunicado por la embajadora de los Estados Unidos, Carmen Aponte, es  particular: a las autoridades salvadoreñas no le volverán a enviar información financiera sobre posible lavadores de dinero o sobre dudosas operaciones bancarias.

Tampoco recibiremos informes de aquellos personajes aficionados a las triquiñuelas con el dinero fácil.

De esa manera, Estados Unidos notifica a los piratas y delincuentes financieros internacionales, y salvadoreños, que aquí no llegarán más informaciones sobre sus operaciones financieras sospechosas.

Honestamente, ya este asunto de los  Reportes de Operaciones Sospechosas (ROS), me parece cínico y hasta irresponsable. Es repugnante e inútil.

Los Estados Unidos le notifican a los piratas y delincuentes financieros internacionales, y salvadoreños, que aquí no habrá más informaciones sobre sus operaciones financieras. Se le certifica a los delincuentes que en El Salvador no llegarán informes sobre ellos.

Las voces oficiales les dan un extraño pasaporte para operar baja su entera libertad y sin que sus actuaciones trasciendan. Así interpreto este anuncio.

Pero, lo más insólito es que castiguen a un país porque en su interior trascendió un documento con el que una democracia conoció una verdad que impactó y hasta trascendió su historia.

Una verdad no es más el ejercicio de una libertad: el derecho humano a estar informados.

En toda democracia, el hombre no sólo debe sentirse libre. Al ciudadano no debe, ni puede, negársele una libertad reconocida por todos.

Pero más importante aún es que en esa democracia todos tengan acceso a la verdad como una prolongación del ejercicio de libertades públicas. Democracia es también verdad.

Tal vez por eso es que Maquiavelo escribió, hace cientos de años, que cuando está en juego la salud de la Patria, no debe existir ninguna consideración sobre lo justo o injusto, no se debe ser compasivo ni cruel. Es la verdad la que debe prevalecer.

¿Alguien tiene alguna duda que el Reporte de Operación Sospechosa que pregonó una conducta de Francisco Flores ponía en juego la salud moral de la Patria?

Por eso es que me extraña que un país, como los Estados Unidos, donde se sabe más de la CIA que de su propia realidad, y no se discute el valor de los secretos en una democracia, abandere el anuncio oficial de uno de los castigos más descarados que se puedan conocer.

Kant, ese enorme filósofo alemán, nos habría dicho que en el tema de los dineros de Taiwán, hay interesados en  que prevalezcan los secretos y las artes infernales. No la verdad.

Pésima señal

Cuando en las democracias nacientes, como la salvadoreña, se reciben malas señales, muchos papeles acaban confundiéndose.

Lo peor sucede cuando quienes están llamados a robustecer y eliminar los secretos de una democracia, se quedan callados ante semejante barbaridad de privilegiar los secretos.

A propósito dejé pasar los días para escribir esta columna. Es evidente que el periodismo se calló frente a ese tema. Otros no tienen interés de discernir lo que sucedió. Hay quienes no terminan de entender que el castigo y las posturas en este tema sólo tienen una interpretación: privilegiaron los secretos en una democracia donde sólo deben protegerse aquellos silencios que proteja la Constitución. Y esos secretos son pocos y deben encontrarse con el mejor escalpelo de la sabiduría.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), no se sabe si respira en este tema.

En fin, es muy probable que en esta pelea quedemos solos, un par de locos. Pero, a los verdaderos demócratas lo que  más debe importarle es resaltar que en la democracia los secretos son la excepción. No la regla.

Y en el tema de los dineros de Taiwán no encuentro ni un pelo para que alguien pueda alegar  que el ROS jamás debió dejar de ser un secreto.

La verdad es que en este tema del ROS hasta el cinismo adquiere propiedades que debemos rechazar con encono.

¿Alguien podría explicarme por qué mantenerse como secreto un ROS que llegó al país, por primera vez, hace varios años y nadie, absolutamente nadie, hizo nada para investigar su contenido y denuncia?

Es un descaro decir, entonces, que el documento debió mantenerse en secreto cuando existen evidencias de que antes de septiembre del 2013 se planteó la misma denuncia sobre los dineros de Taiwán. Nadie movió un dedo para hurgar un milímetro de lo que había sucedido con ese dinero. Entonces, ¿qué es lo que se predica ahora?, ¿alguien puede explicármelo?

Pero, más importante que debatir la vieja historia del documento, es examinar el hecho de que es la segunda o tercera vez que llega el ROS a la Fiscalía General de la República.

Ese reporte llegó el 23 de septiembre del 2013 a la Fiscalía General de la República, a propósito de otra investigación que se realizaba en ese momento. Pasó un mes. Pasaron dos meses. Pasaron tres meses y nadie, ningún funcionario de la Fiscalía General, le pidió información a los fiscales costarricenses (donde se originaron los primeros movimientos del dinero) sobre los traslados  en las cuentas bancarias de ese país.

¿Por qué pasó tanto tiempo y nadie movió un dedo para investigar el tema de Francisco Flores?

Es fácil responderse esa pregunta. Estoy convencido que nadie hubiese investigado a Flores si el documento no lo revela el ex gobernante Mauricio Funes. La mejor prueba de eso es que, por años, se conoció esa información sobre dineros de Taiwán y nadie investigó nada sobre ese tema.

Tal vez en algún momento trascienda la información que manejan los ex miembros de la comisión que se formó en la Fiscalía para investigar el caso CEL ENEL. Quizá se sepa, de una vez por todas, cuál habría sido el destino del ROS si no hubiese trascendido su contenido. Porque la verdad es que, desde la llegada de ese documento y denuncia ante la Fiscalía, no se levantó ni una sola pesquisa.

Fueron las “artes infernales”, como las llamaba Kant, las que habían decidido el destino del secreto que defiende la embajadora de los Estados Unidos.

Creo que a la embajada de los Estados Unidos no le han contado toda la verdad sobre el documento elaborado por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. O no quiere saberla.

Yo habría apreciado que la embajadora Aponte criticara el uso inadecuado de documentos del Departamento del Tesoro pero que, al mismo tiempo, reconociera la importancia de conocer un secreto para robustecer la salud moral de un país. Pero no fue así.

Tampoco se ha sido congruente en este tema. No podemos olvidar que Guatemala también le encontró una fuerte suma de dinero de Taiwán a su expresidente Alfonso Portillo.

El dinero venía de la misma mata. Siguió la misma ruta de bancos. Los guatemaltecos estimaron que, como esos recursos, también pasaron  por un banco de Estados Unidos (el mismo del dinero salvadoreño), Portillo debía ser juzgado allá.

Entonces, al exgobernante guatemalteco lo montaron en un avión y lo colocaron en una prisión estadounidense. Allá cantó sin guitarra. Dijo que el dinero que recibió (en la misma época de la llegada del dinero de Taiwán) significó un soborno. Apenas confesó eso lo condenaron y el asunto se acabó. La verdad se colocó en un espejo.

Lastimosamente aquí la posición de los Estados Unidos ante el tema de los dineros de Taiwán es muy diferente: desde que trascendió la verdad sobre la existencia del documento del Departamento del Tesoro, lo único que hemos escuchado  son advertencias sobre el inadecuado uso de su contenido.

Tiempo después, se anunció, oficialmente, el castigo hacia la democracia salvadoreña por el hecho de que un documento que nunca fue investigado trascendiera como una nueva verdad. !Que diferencia de trato en ese asunto! !Que enorme paradoja en ese asunto de Taiwán!

En la garganta me queda un sinsabor: el poderoso cala, pero no permite que se le cale. Hay que ver todo sin ser visto. Esto lo escribió Norberto Bobbio a propósito de los secretos del poder.

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