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El deseo del Hermano Toby se cumplió en su funeral  

El Hermano Toby tenía un deseo: que su funeral fuera una fiesta de testimonios y agradecimientos. La noche del miércoles el templo donde predicó durante muchos años se inundó de feligreses y su deseo se cumplió.

Francisco Gölcher
Foto: Francisco Gölcher
Foto: Francisco Gölcher

María Góchez estaba pasando consulta en el Hospital de Diagnóstico cuando se enteró que el Hermano Toby había fallecido minutos antes en el mismo centro de salud. La tristeza la embargó lentamente a pesar de no pertenecer al Tabernáculo Bíblico Bautista “Amigos de Israel”. Minutos después se puso de acuerdo con su hermana para asistir al funeral que se realizaría en el templo donde Toby predicaba todos los domingos.

María dice que nada pasa por casualidad. Piensa que al sucederle eso, ella tenía que ir a despedirse de él porque lo consideraba una persona especial, pues gracias a él se hizo evangélica.

La primera vez que escuchó al hermano Toby fue en el 2004, cuando vino al país de visita (en ese entonces vivía en el extranjero). Cierto día encendió la radio y puso atención al sermón del pastor. Luego lo vio predicar en la televisión y sintió curiosidad de saber más sobre él. Entonces decidió visitar la iglesia ubicada en la Colonia Escalón.

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El féretro con el cuerpo de Toby entró a la iglesia pasadas las seis de la tarde. María Góchez aún no llegaba. El congestionamiento vial no le permitió llegar a tiempo.

El tráfico estaba peor de lo normal. En el redondel de las Fuentes Beethoven se detuvo por completo durante casi 10 minutos.

Las ventas de discos y películas piratas, juguetes, suéteres y otros artículos llenaron el exterior de la iglesia.

Las pupuserías y negocios cercanos que ofrecen carne asada, pollo frito, palomitas de maíz y pan dulce aprovecharon el velorio del Hermano Toby para incrementar sus ganancias.

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Tres policías designados en el puesto de la Colonia Escalón salieron de una venta de jugos ubicada enfrente de una de las entradas principales de la iglesia. “Son aproximadamente 15 agentes designados para cuidar la iglesia y calles aledañas”, dijo uno de ellos mientras cruzaba la calle.

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María llegó a las siete de la noche y se sentó en las últimas sillas de la parte baja de la iglesia. A su lado estaba su hermana. Tenía los ojos rojos. Había derramado lágrimas al ver llorar a su madre tras la muerte de Edgar López Bertrand, verdadero nombre del Hermano Toby.

Pasadas las siete de la noche, Toby Jr., el hijo menor del pastor fallecido, subió a la tarima para dar un discurso.  Xiomara, una joven de 22 años, con cabello rubio, derramó unas lágrimas.  Dijo sentir dolor por la pérdida del hombre que un día oró por su hija.

Desde que era niña asiste a ese templo. Por ello recuerda muchas predicaciones de Toby.

El sermón termina 20 minutos después y algunas personas comienzan a retirarse. El templo se queda con asientos solos durante algunos minutos. Luego otras personas entran a ocuparlos.

Gente del Puerto de Libertad, de Zacatecoluca, Sonsonate y de municipios del sur y norte de San Salvador arriban al templo entre las ocho y nueve de la noche. Muchos deben ir a trabajar mañana, pero eso no les importa.

Pasadas las nueve de la noche, de Cojutepeque ha llegado Antonio Escobar, quien trabaja como mesero en un reconocido restaurante de un hotel capitalino.

Escobar es miembro de la filial de Cojutepeque, pero tomando ventaja que trabaja en San Salvador armó el viaje con su familia para ir al velorio. Sus dos hijos lo acompañan y entran al templo para ser acomodados en una de las sillas que quedan solas.

No a todos los menores de edad se les es permitido entrar. Los  menores de 14 años de edad se quedan en la “escuela bíblica”, que es el espacio físico que el Taber designa para los infantes.

Niños cantando y riendo se escuchan a un costado de la iglesia donde está la “escuela bíblica”. Una muchacha y servidora de ahí explica que están preparados para atender a los más pequeños de la iglesia, que han recibido lineamientos de mantenerlos despiertos con dinámicas, juegos y cantos.

Los que ya pasan de los 15 años ingresan al templo. Uno de ellos es Balmore, que desde Santo Tomás vino a San Salvador. No conocía la iglesia que tiene capacidad para 7 mil personas, por eso está sorprendido porque pensó que era más pequeña. Una cruz luminosa de la parte sur le impresiona. Dice que parece ser de un anuncio publicitario.

Balmore dice que ha ido a iglesia porque no quería estar en su casa, además que también quería visitar por primera vez el lugar donde su novia se congrega. Asegura que no sabe mucho de Toby, no obstante, si lo reconoce como el “mero mero” del Taber.

Está ahí porque quiere ver a su novia cuando esta deje de servir en el acomodamiento de la iglesia, ya que no la mira muy seguido, pues ella vive en la Colonia Monserrat en la propia capital salvadoreña.

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Dentro de la iglesia, personalidades importantes dan el pésame a la familia doliente. Políticos, empresarios y pastores de otras denominaciones abrazan a la viuda y a la hija mayor del pastor.

Son las 10.30 de la noche y María Góchez tiene que irse, mañana es un día muy ocupado para ella. Considera que ya cumplió con su parte de ir a despedirse.

Los taxistas se aglutinan en una de las esquinas del Taber. El tráfico se ha descongestionado un poco. Las canciones y sermones no paran y las personas continúan llegando por centenares. “Toby murió y armó un fiestón”, dice un taxista mientras sube a un cliente que acaba de salir del funeral.

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