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Pandillero salvadoreño se convierte en informante del FBI

El pandillero emigró a Estados Unidos a la edad de 10 años y se convirtió en pandillero. Tras abandonar la pandilla, ahora es pastor evangélico.

Redacción
Foto de referencia. Foto D1, archivo.
Foto de referencia. Foto D1, archivo.

Jorge Pineda es un pandillero de la Mara Salvatrucha (MS) que actualmente vive bajo el nombre de otra persona por temor a ser asesinado por su misma pandilla. Pineda sabe que la traición se paga con muerte. Y no es para menos, el pandillero se convirtió en informante del FBI, según investigación de Univision.

Pineda asegura que hace una década se cansó de “cuetear” (disparar a sus enemigos) y decidió convertirse en informante del FBI. El pandillero es el primero que se infiltra en las filas de la MS para colaborar con la ley.

El pandillero asegura que vive en la costa este de Estados Unidos y no permite que lo visite ni su familia, por temor a ser asesinado.

Pineda goza de las medidas de seguridad de testigos protegidos de los US Marshals, el cual borra el rastro de quienes cooperan para enjuiciar a narcotraficantes, criminales y pandilleros de alto calibre, detalla Univision.

El informante asegura que desde hace cuatro años dejó de colaborar para el FBI, pero siempre toma las medidas de precaución.

Pineda ahora es un pastor cristiano y habla con los jóvenes para advertirles que no terminen en el mundo de las pandillas como él. Agrega que cuando colaboró con el FBI ayudó a resolver varios crímenes o evitar asesinatos.

“Antes de salirme de la Mara yo le ayudé mucho al gobierno de Estados Unidos para que supieran cosas que desconocían”, relata el pandillero.

Inicios y fin en la MS

Según Pineda, a la edad de 10 años le tocó emigrar de El Salvador a Los Ángeles. Llegó a la casa de una tía que vivía en una zona territorio de la clica Leeward, en manos de la Mara. Era 1985 y la banda recién había surgido sin encender las alarmas de la policía. Todavía no agregaba a sus siglas el número 13, que la conecta con la pandilla carcelaria Mafia Mexicana o La Eme.

“Nunca fue mi intención entrar a una pandilla”, dice ‘El Dopey’, quien relata que su ingreso a la Mara se debió a una pelea con su tía: tenía 11 años, estaba enfadado y fuera de casa. “Me metí al barrio y me gustó. Me brincaron a golpes. Te contaban 13 segundos y tú te tenías que defender. Me agarraron entre cuatro. Lo que hice fue agarrar a uno y comencé a pegarle”, cuenta.

En aquella época, otros pandilleros despectivamente le decían ‘indios’ a los migrantes centroamericanos que no hablaban inglés. Ya había unos 500 mareros en alrededor de ocho clicas en Hollywood, el sur de Los Ángeles y el Valle de San Fernando. Pero aún estaban lejos de ser la organización criminal actual con miles de miembros en EE.UU, Latinoamérica y Europa.

‘El Dopey’ recuerda que a finales de la década de 1990 se enfrentó por primera vez a la justicia por colaborar con una banda que se dedicaba a robar joyería. Estando preso se le acercó un agente del FBI y le dio su tarjeta. “Me dijo: ‘Si alguna vez te interesa trabajar con nosotros, llámame’”.

Unos meses después atacó a un pandillero rival y lo sentenciaron a más de cinco años de cárcel. “Estábamos en Los Globos Nightclub en Sunset y vi a un ‘dieciocho’. Cuando salimos lo apuñalé varias veces. Andaba bien loco (drogado)”, confiesa a Univision.

Esa condena se cumplió en una prisión del condado de Los Ángeles. En un principio actuó como enlace de la MS-13 en aquella cárcel. Todo iba bien hasta que otro jefe de la banda ordenó que lo mataran. “(Un pandillero preso) se dejó venir conmigo, me quería agarrar el cuello. Cuando veo que viene solo me le agacho y me pica la espalda”.

Este incidente, que ocurrió el 30 de septiembre de 2003, significó una ruptura entre Pineda y la MS-13, aunque sabía que su salida de la pandilla no sería sencilla. Ya desde 2001 había aceptado el ofrecimiento del FBI y desde la cárcel comenzó a grabar más de 600 llamadas con varios mareros en distintas ciudades.

“El Dopey” dice que por su colaboración el FBI le pagaba el alquiler y otros gastos personales, además de que le ofrecieron ser parte del programa de testigos protegidos. Así aceptó borrar su identidad y mudarse lejos de Los Ángeles para comenzar una nueva vida. Señala que de 2004 a 2014 estuvo bajo un cerco de vigilancia de los US Marshals, pero esa dependencia federal no lo puede confirmar.

El pandillero salvadoreño asegura que predica en una iglesia cristina sin esconder su pasado en la MS-13. “Ahora yo le sirvo a Dios, hago muchas cosas. Te puedo decir que en un fin de semana hay más de 2,000 personas en lo que yo hago”.

De dormir con una pistola en el pecho cuando estaba en la MS-13, él asegura que ahora pasa sus noches tranquilo. “El señor me sanó, me salvó. Soy feliz. Ahora puedo educar a mis hijos, les enseño un solo Dios y una sola esposa. A su padre no lo miran con una cerveza, lo miran hincado orándole a Dios”, dijo a Univision.

 

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