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Tacuscalco, el sitio arqueológico con tres mil años de historia

Los límites culturales de la zona arqueológica no fueron respetados por la empresa Fénix, que sin permisos inició la construcción de una residencial a orillas del desvío que de Sonsonate conduce a Acajutla,

Redacción
Foto ministerio de Cultura
Foto ministerio de Cultura

“Tacuscalco significa el lugar de los dardos, el lugar de la casa de armas o arsenal, el nombre viene de la palabra náhuat tacoch-cal-co,  que  significa  flecha-casa- lugar”, dijo el director de Arqueología, Hugo Díaz, en la ponencia “Tacuscalco, en defensa de 3000 años de historia”, la cual impartió  en el Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán.

El arqueólogo aseguró que en las investigaciones realizadas en Tacuscalco —donde hay unas cuarenta estructuras, entre estas, montículos de más de cinco metros— se ha encontrado cerámica de mil años a. C. y que el lugar ha estado habitado sin interrupciones desde el periodo Colonial hasta la fecha.

“Tenemos excavaciones que se hicieron en 2007, de parte del maestro José Heriberto Erquicia, donde salieron algunos contextos funerarios al igual que plataformas similares a las que aparecieron en un sector del centro ceremonial en el 2017 y que creemos son del periodo Posclásico (900-1524 d. C.)”, agregó Díaz.

El sitio es de gran importancia histórica para nuestro país. Su existencia quedó registrada en las cartas de relación de Pedro de Alvarado a Hernán Cortés: “Aquí [Acaxual] en este reencuentro me hirieron muchos Españoles, y á mí con ellos, que me dieron un flechazo que me pasaron la pierna, y entró la flecha por la silla, de la cual herida quedo lisiado, que me quedó la una pierna más corta que la otra bien cuatro de dedos; y en este pueblo me fue forzado estar cinco días por curarnos, y al cabo de ellos me partí para otro pueblo, llamado Tacuzcalco”.

“Es interesante cómo presenta Alvarado a Tacuscalco, porque dice que localiza un gran ejército que lo espanta y que están sumamente armados y que los ejércitos no se enfrentan porque es una zona pantanosa; él (Alvarado) probablemente se sube a una de las estructuras del sitio para observar la batalla porque todavía está herido”, narró Díaz.

Para el periodo de la Colonia (1524–1821 d. C.) Tacuscalco formó parte de la Alcaldía Mayor de Sonsonate, la cual fue una de las más importantes áreas de producción de cacao, “en especial, la región conocida como los Izalcos, cuyo núcleo principal estaba constituido por los siguientes pueblos de indios: Izalco (Tecpan Izalco), Caluco (Caluco Izalco) Naholingo y Tacuscalco, tal como afirma el oidor Diego García de Palacio en su carta de relación del 8 de marzo de 1576, al describir la provincia de los Izalcos”, dijo el arqueólogo.

Aunque los vestigios prehispánicos del sitio están plenamente identificados, los límites culturales de la zona arqueológica no fueron respetados por la empresa Fénix, que sin permisos inició la construcción de una residencial a orillas del desvío que de Sonsonate conduce a Acajutla, en las cercanías de la terminal de buses de la ciudad.

“Desde la primera inspección técnica que se hace –el primero de septiembre del año pasado- tras la denuncia de la comunidad indígena de Izalco de la posible destrucción del sitio, se localiza abundante material cerámico y una línea de piedras que ahora ya no existe, porque fue destruida por la maquinaria de la empresa”, dijo Díaz.

En el lugar se hizo un estudio técnico a cargo de dos consultores independientes. Se excavaron 120 pozos dentro del terreno de la urbanización y se estableció que el pozo 50 era uno de los parámetros que indicaban la actividad prehispánica en la zona, y es a partir de este punto que se delimitó el área de influencia, en la que no se podía seguir construyendo, algo que la constructora no acató.

“Otros rasgos arqueológicos descubiertos dentro de la zona fue una estructura de once metros de largo muy cercana al centro monumental del sitio y también la del pozo 96, que aunque estaba deteriorada nos pudo dar información del patrón de asentamiento y de algunas ofrendas alrededor de ella. Lastimosamente, esta estructura como la del pozo 50 ya no existe porque la empresa, de forma premeditada, pasó el tractor para borrar cualquier evidencia prehispánica”, añadió el director de Arqueología.

Díaz concluyó que: “Los límites culturales de los sitios arqueológicos jamás van a coincidir con los límites de la propiedad privada ni con los linderos catastrales modernos”, por lo que las empresas deben acatar la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural y su Reglamento, para evitar daños al patrimonio cultural arqueológico de nuestro país.

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